Cierra el año con malas señales para migrantes

Señor Director:
La imposibilidad de dar un panorama del año que concluye en política internacional, he elegido la referencia a los migrantes porque han sido el problema de mayor continuidad y resonancia.
Lo que se observa es que la población mundial mayoritariamente se divide entre los que se interesan por el tema cuando ven la foto de un niño cuyo cadáver llega hasta una costa y fuerza la atención de un sistema informativo que privilegia otros temas, tanto que permite sospechar que el que fuera llamado cuarto poder (la prensa), si bien conserva su fuerza ahora es parte de un poder oculto pero eficiente que acrecienta la concentración de la riqueza y provee espectáculos para entretener y distraer.
El drama de los migrantes no se agota en la frecuencia de los naufragios, sino ante la evidencia de que la llegada a una costa no supone arribar a alguna forma de tierra prometida sino al comienzo de un nuevo calvario. Los italianos han podido decir en estos días que la relación corrupta de los municipios y las empresas de recepción y tratamiento de los migrantes está dando mayores ganancias que el comercio de la droga. Las chances de encontrar una nueva residencia se reducen día a día porque los hechos terroristas de los que trataban de escapar se repiten en Europa y ahora los pocos gobiernos dispuestos a admitir migrantes están acosados por una oposición social que se rehúsa a aceptarlos, conducta que tiene el antecedente ancestral de la xenofobia pero también la circunstancia de que Europa no ha podido superar la situación que se hizo transparente con la crisis económica de 2008. Fuera de Europa, las naciones subdesarrolladas o en vías de desarrollo no suspiran por recibir más habitantes.
Los gobiernos que hicieron una mayor apertura, entre ellos Alemania, Francia e Italia, se ven necesitados de frenar esta política porque la alternativa para 2017 es perder el gobierno y dar lugar a fuerzas de extrema derecha con rasgos que repiten los no tan distantes del fascismo. En cuanto a los Estados Unidos, que multiplicó su población con la apertura de sus fronteras para la inmigración, el inminente nuevo gobierno de Donald Trump tiene como bandera más notoria la expulsión de dos millones de mexicanos y centroamericanos sin papeles en orden.
Una señal de no fácil interpretación se produjo precisamente en territorio norteamericano, no con referencia a migrantes sino con respecto a la situación de medio oriente. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, con el voto de catorce de sus quince miembros, y la abstención de Estados Unidos, dio un pronunciamiento categórico contra el Estado de Israel en cuanto a su política de carcomer paulatinamente el espacio de los palestinos. Siempre hubo una mayoría del Consejo en contra de esta política de Tel Aviv, pero siempre Estados Unidos se opuso y anuló todo efecto positivo a esta decisión porque es una de las cinco naciones que tienen poder de veto. Luego de esta severa derrota, el gobierno de Israel se ha mostrado muy severo con el presidente Obama y ha anunciado que revisará su relación con las Naciones Unidas y que probablemente dejará de aportar recursos para los cinco programas especiales que tiene la ONU para avanzar hacia un mundo menos excluyente. Debe tenerse en cuenta que Israel no está para nada conforme con el cambio que se está produciendo en la guerra siria, donde el gobierno, apoyado por Rusia y por Irán, avanza hacia una decisión final favorable. Irán es para Israel el peor de sus enemigos en la región. Ahora hay que esperar que asuma el nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien también amaga con cambiar la relación con las Naciones Unidas.
Es como si la situación en los dos aspectos considerados en esta nota tendiese a aumentar la tirantez y los riesgos de una conflagración mundial en gran escala. Y en este sentido, la política de Trump puede ser definitoria.
Atentamente:
Jotavé