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Cincuenta años de Internet

I. El mundo recordó a comienzos de esta semana el medio siglo de vida y vigencia de Internet, la red mundial de comunicaciones que en los últimos lustros reconfiguró los vínculos entre los seres humanos. A pesar de la trascendencia del aniversario y de la propia «red de redes» la efeméride pasó, inexplicablemente, poco menos que inadvertida.
Se ha llegado a postular que, junto con la imprenta, Internet constituye uno de los dos grandes hallazgos de la humanidad en su constante afán de autointerpretarse e intercambiar información. Por supuesto que hubo otros medios de similares intenciones y características pero ninguno alcanzó hasta ahora la utilidad y masificación de «La Red», como se ha dado en llamarla, resaltando su significación en la cultura global. Surgida, como tantos otros hallazgos, de una investigación en los años de la Guerra Fría tardó muy poco en convertirse en una poderosa herramienta política, tanto en lo que concierne a la comunicación como a la propaganda.

II. El avance de Internet se vio facilitado por el extraordinario progreso de la industria electrónica y por un capitalismo inteligente que colocó en el mercado computadoras eficientes y baratas al alcance de las mayorías. Con la irrupción de los teléfonos celulares inteligentes (smartphones) la masificación de Internet llegó a su cenit. Unicamente las sociedades paupérrimas no tienen acceso a la red, y no del todo.
Pero Internet no carece de zonas oscuras aunque sus grandes operadores intenten disimularlo. Su condición de herramienta apta para el espionaje y la manipulación social a gran escala ha hecho de ella, también, una suerte de «Gran Hermano» controlador, como había profetizado el famoso libro de George Orwell «1984» que narraba las vicisitudes de un mundo alienado y totalitario durante el año que daba título a la obra. La idea surgió como fantasía -por cierto que temida- allá por la década del cincuenta del siglo pasado, aunque mirándola con suspicacia puede decirse que tardó apenas veinte años más en aproximarse a su concreción universal.

III. Es que más allá de su condición de «supercarretera de la información» Internet ya ha demostrado su peligrosidad al ser manejada por poderosísimos intereses políticos, económicos y militares. En tal escenario la «asociación que postulaba a más infraestructura, más conexiones, más comunicación, más libertad, más crecimiento económico» se derrumbó como un castillo de naipes en varias ocasiones. En una de ellas tocándonos de muy cerca a los argentinos: tras la elección presidencial de 2015 una investigación periodística reveló que Facebook -la red social más usada del planeta- posibilitó que una compañía consultora inglesa accediera a los datos personales de millones de usuarios de su plataforma para hacerles llegar publicidad política disfrazada de noticias (en realidad fake-news, es decir noticias falsas), estrategia que resultó muy efectiva para afectar la imagen del gobierno kirchnerista y promover el «cambio» por el macrismo. El caso, que se repitió en otros países -entre ellos Estados Unidos y Gran Bretaña- creó alarma en instancias políticas como la Unión Europea y derivó en la adopción de medidas legales y técnicas para proteger a los ciudadanos del uso abusivo de sus datos personales.

IV. Entre tantas otras consecuencias que aportó Internet está la fantástica expansión del idioma inglés, herramienta obligada para el manejo de los sistemas informáticos, y la multiplicación de las ondas electromagnéticas que nos atraviesan, un fenómeno que preocupa a sanitaristas y ecologistas aunque ya dan por perdida sus batallas.
En síntesis: la sociedad global se encuentra ante una nueva y formidable paradoja, acaso la más decisiva de las que ha tenido que afrontar a lo largo de su historia: el uso masivo de una herramienta que permite multiplicar las posibilidades de la cultura y el conocimiento pero que, a la vez, está a disposición de las ambiciones de dominio político y económico que siempre han tentado a la criatura humana.