Claro mensaje de los cubanos al mundo, sobre todo EE UU

58° ANIVERSARIO DE REVOLUCION CUBANA, PRIMERO SIN FIDEL

El Desfile Militar y la Marcha del Pueblo Combatiente, que ayer se hizo en la capital cubana, fue todo un mensaje para propios y extraños. El país no va a mudar de sistema político-social. La persistencia en el modelo socialista fue reafirmada como tributo a Fidel.
EMILIO MARÍN
Desde el 25 de noviembre pasado, cuando Fidel Castro dejó el mundo de los vivos, Cuba vive momentos excepcionales. Por ejemplo, debió festejar sin él el aniversario 58 de la revolución. Y lo hizo con un Desfile Militar y Marcha del Pueblo Combatiente, con distintos sectores civiles comprometidos con la revolución, desde los niños Pioneros, el grupo cultural La Colmenita y estudiantes de la Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona, hasta grupos internacionalistas que ayudaron en 50 países.
Que la conmemoración incluyera el 60° aniversario del desembarco del Granma con sus 82 expedicionarios venidos desde México como núcleo guerrillero, no debe haber sido casual. Ese 2 de diciembre es el día de las actuales Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y su aniversario se cumplió hace un mes. ¿Qué puede haber movido al gobierno cubano a festejarlo el 2 de enero? A modo de conjetura, honrar a Fidel y mostrar el potencial militar de quienes están en condiciones de resistir cualquier eventual agresión.
Pasa que no sólo se murió físicamente Fidel, sino que ese mismo mes fue electo presidente Donald Trump. Y éste, además de ofender gravemente la memoria del fallecido, puso en duda la continuación de los acuerdos que venía firmando Barack Obama con Raúl Castro.
Eso quizás explique que del desfile de la Plaza de la Revolución participaron el Ejército Juvenil del Trabajo (EJT), que perteneciendo a las FAR toma trabajo productivo para las necesidades del pueblo cubano; el bloque de infantería Oriental, que está cara a cara con los ocupantes norteamericanos de la Base Naval en Guantánamo; los tanquistas que en Playa Girón repelieron la invasión de 1961; los bloques de infantería de cada uno de los ejércitos (Oriental, Central y Occidental); el bloque de la Academia Naval Granma; Tropas de las FAR y el Ministerio del Interior y hasta una muestra de la caballería mambisa que es símbolo de la lucha por la independencia comenzada en 1868.
Además, como para reforzar el mensaje de este componente militar y que llegara más alto y claro a los oídos del mundo, la oradora del acto, Jennifer Bello Martínez, recordó que “como parte de la preparación del país para la defensa desarrollamos el Ejercicio Estratégico Bastión 2016, con el objetivo de actualizar y ejercitar en la conducción de las acciones previstas en los planes defensivos y en el enfrentamiento de las diferentes acciones del enemigo. El Bastión como elemento esencial en la materialización de la doctrina de la Guerra de Todo el Pueblo, demostró una vez más la voluntad inquebrantable de los cubanos de defender nuestra soberanía y preservar la obra de la Revolución”.

Muchos jóvenes
Esa oradora central del Desfile Militar y la Marcha del Pueblo Combatiente es muy joven. Y además de ser presidenta de la Federación de Estudiantes Universitarios es miembro del Consejo de Estado. Cediéndole la palabra en semejante acto histórico es posible que Raúl Castro, de 86 años, haya querido remarcar su plan sistemático de promover gente joven a responsabilidades políticas. Y no es que lo haga ahora, apurado por la muerte de su hermano y su aproximación a su propio retiro, que sería en 2018, al cabo de dos mandatos presidenciales, sino que lo viene practicando hace tiempo. Para poner una fecha, desde el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, en 2011, aunque también desde antes. No siempre los jóvenes promovidos resultaron buenos cuadros, como se vio en los casos de Carlos Aldana, Felipe Pérez Roque, Carlos Laje y otros.
Que desfilaran esos miles de niños Pioneros alrededor de la réplica del Granma, los alumnos de la Universidad de Ciencias Pedagógicas, los jóvenes del Ejército del Trabajo, los estudiantes de escuelas de las distintas armas de las FAR, etc., también fue un mensaje a la región y el mundo.
Ese rasgo se advirtió especialmente en que -si bien Raúl Castro presidía el desfile- la única oradora fue la joven del Consejo de Estado y la FEU. El trasvasamiento generacional está en marcha en la isla. Dentro del tremendo dolor por la pérdida de la principal figura de esa revolución, la conducción actual puede estar activando más el proceso de recambio.
Si el anquilosamiento suele ser un fenómeno negativo que lleva a crisis a los procesos revolucionarios, no menos negativo son los recambios apresurados, sobre todo los que además de mudar dirigentes cambian las ideas directrices de esos procesos históricos. Lo ocurrido con la “perestroika” y “glasnot”, que llevaron a la ruina y la implosión al proceso soviético, es muy tenido en cuenta en la Mayor de las Antillas desde que Mijail Gorbachov las puso en práctica.
Cuba no siguió por esa huella. Su comandante en jefe estaba en guardia contra ese cambio de rumbo que enfilaba hacia la restauración del capitalismo vencido en 1917.
Fidel Castro se mantenía en su tozuda idea y práctica de construir un socialismo de peculiaridades martianas y caribeñas, aun cuando tuviera a 90 millas al mal vecino y superpotencia mundial, que lo bloqueaba y quitaba parte de su territorio, Guantánamo. Y que concibió 638 planes para asesinarlo.
Esa persistencia en la opción por el socialismo tuvo ayer otra demostración en la capital cubana, con semejante movilización política, social, cultural y militar. La joven oradora dijo dónde se para la juventud cubana: “muestra de ello, ha sido la movilización y enérgica participación de los estudiantes y toda la sociedad, que como un avispero, proclamamos ante el mundo defender cada conquista. La vanguardia seguirá siendo vanguardia, siempre patriotas y antiimperialistas”.

“Todos somos Fidel”
Desde que murió el líder histórico y durante los nueve días de duelo, florecieron miles y miles de carteles diciendo “yo soy Fidel”. Al cronista, que festejó esa forma Fuenteovejuna de hacerse cargo de la pérdida, le gustó más el “Todos somos Fidel”. Entre otras cosas porque una persona en primera persona del singular quedaba muy en evidencia que no era como el fallecido; en cambio, los 11 millones de cubanos diciendo somos Fidel, en plural, sonaba más convincente.
El 27 de diciembre pasado, al cerrar la VIII Asamblea Nacional del Poder Popular, Raúl Castro ratificó la ley que acaba de votar ese parlamento, para no poner el nombre de Fidel a calles, plazas, dependencias, instituciones, etc., ni erigirle monumentos.
Fue por pedido especial del mismo líder histórico, seguramente preocupado para que no se creara en la isla un culto a la personalidad. Esa modestia habla muy bien de Fidel, pero el cronista tiene una diferencia, respetuosa, con la ley aprobada. Cree que no sería un culto a la personalidad que la plaza de la Revolución habanera llevara el nombre conjunto de Martí-Fidel, o que la Universidad de La Habana, donde él se recibió de abogado, fuera rebautizada en su honor, o que la Ciudad Escolar 26 de Julio, ex Cuartel Moncada que él quiso tomar en 1953, fuera renombrada.
Una cosa es aburrir y renombrar centenares de lugares con su nombre, y otra cosa prohibir que en cuatro o cinco puntos importantes que hacen a su gran historia se condense el recuerdo de su grato nombre.
Por supuesto que el mejor homenaje no son los monumentos sino, como muy bien dijo su hermano: “el mejor monumento a sus ideales y obra es hacer realidad cada día los postulados contenidos en su brillante definición del concepto de Revolución”.
De todos modos, en un alto en medio de esa larga lucha, que seguirá siendo áspera y desigual contra el imperialismo y sus socios regionales, no vendría mal a muchos cubanos y latinoamericanos poder ir a uno de esos cuatro o cinco lugares de homenaje a Fidel y tomar aire e inspiración.
Lo van a necesitar porque del discurso de Raúl Castro ante la Asamblea Nacional surge que el panorama económico, agravado por un bloqueo estadounidense que sigue impertérrito hoy y quizás se agudice con Trump, obligará a nuevos sacrificios y ahorros. El presidente recordó: “en diciembre de 2015 advertí que el desempeño de nuestra economía en 2016 enfrentaría limitaciones financieras a causa de la caída en los ingresos de las exportaciones por la disminución de los precios de los principales rubros, así como afectaciones en las relaciones de cooperación con otros países. Ya en julio del presente año los hechos confirmaron esas proyecciones, sobre lo cual informé a nuestro pueblo desde este Parlamento. Las limitaciones en los suministros de combustibles y las tensiones financieras se agravaron en el segundo semestre, conduciendo al decrecimiento del Producto Interno Bruto en un 0,9%”.
Las “afectaciones en las relaciones de cooperación” pueden ser leídas como referencia a un recorte de la ayuda venezolana en combustibles, sin nombrar al país bolivariano.
Para 2017 se prevé un aumento del PBI del 2 por ciento, modesto. Lo dicho, la marcha de ayer en Cuba fue para juntar fuerzas y acometer grandes y difíciles tareas, ahora sin su conductor victorioso de los últimos 58 años. Disimular su pérdida y entre todos ocupar un poco el lugar que Fidel dejó vacío es el gran desafío para viejos y jóvenes de Cuba.