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Clases: desempató el avance del virus

Lo que no se había logrado en una mesa, lo terminó forzando el avance de la pandemia. Finalmente se cortó la presencialidad en las escuelas pampeanas en un día en que los contagios se dispararon hasta rozar los 600 casos. Esa inapelable realidad terminó de convencer, primero al plenario provincial de la Utelpa, y horas más tarde al propio gobierno provincial, de interrumpir por dos semanas las clases en las aulas. También el gremio de la salud había advertido sobre la difícil situación que se vive en los centros asistenciales. Para el Sitrasap, los equipos sanitarios están sometidos a «estrés extremo» y están con su «rendimiento psicofísico al límite». La creciente ocupación de camas en terapia intensiva no es gratuita.
Esta mirada convergente terminó de definir el tenor de las decisiones que comunicó ayer la cúpula del gobierno provincial y que abarca, desde luego, otras medidas: se amplía la restricción de circulación en la vía pública desde las nueve de la noche hasta las siete de la mañana, se cierran varias actividades comerciales y se acotan otras, se suspenden las reuniones sociales en viviendas particulares, los deportes en espacios cerrados y los de contacto al aire libre entre otras resoluciones. En simultáneo, tuvo lugar el anuncio de medidas de ayuda económica para los sectores afectados por el nuevo esquema epidemiológico.
La evolución de los acontecimientos permite preguntarnos si no estaba nuestra provincia bajo una suerte de «síndrome de la CABA», con un gobierno remiso hasta último momento a endurecer los controles. El temor a una reacción de los sectores fanatizados, minoritarios pero ruidosos, con alta repercusión en los grandes medios porteños -que se ensañan especialmente contra gobiernos peronistas- es muy probable que haya operado como un factor de presión para el Ejecutivo pampeano. El tema no ha estado ausente en declaraciones del gobernador y sus ministros.
Pero lo cierto es que el número de contagios informado el lunes estremece pues es muy superior a los registros anteriores; poco menos que los duplica. De ahí que todos arribaron a la misma conclusión: el horno no está para bollos y la presencialidad en las escuelas no podía continuar. Se puede coincidir en que los edificios escolares no son foco de contagio significativo, pero es innegable que las clases promueven una gran circulación social (a pesar de la obcecada negación del gobierno porteño y los medios de la derecha a reconocer este factor crucial). Además en esta provincia, y en todo el país, los docentes no trabajan en un único establecimiento como en Finlandia.
Estamos bajo un estado de excepción. Nunca la sociedad humana padeció una pandemia de estas características desde la «gripe española» hace más de un siglo. Semejante escenario demanda medidas también excepcionales. En todo el mundo los gobiernos apelan a restricciones que incluyen la suspensión temporaria de las clases presenciales. Pero entre nosotros la prédica insidiosa y el uso electoral que la derecha política y mediática está haciendo de esta tragedia oscurecen el debate y nubla la mente de un sector minoritario aunque estridente de la población.