viernes, 18 septiembre 2020
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Cómo operan los medios «nacionales»

Por estos días los pampeanos tuvimos la ocasión de comprobar, de primera mano, cómo suele operar la prensa porteña, mal llamada «prensa nacional». TN, el canal de noticias del Grupo Clarín, informó la semana pasada que el ministro de Salud de nuestra provincia había sido «desplazado» por violar la cuarentena en una reunión junto a «dos jueces y un fiscal». El error, pese a ser tan notable e involucrar a un alto funcionario de un gobierno provincial, nunca fue aclarado. No asombra demasiado pues esa suele ser la forma de proceder de los medios que integran el mayor grupo comunicacional de la Argentina.
El mismo día, este diario publicaba un extenso reportaje a una pampeana radicada en Jujuy quien trazó un cuadro desolador de lo que se está viviendo en esa provincia del noroeste argentino. Por cierto que ningún gobierno está libre de críticas y el propio juego de la democracia permite que a través de los medios de comunicación se divulguen las diversas opiniones sobre el desempeño de quienes tienen la responsabilidad de conducir el Estado. Pero lo que permitió conocer la entrevista a la castense que vive en Jujuy junto a su familia es mucho más que eso, pues las gravísimas irregularidades denunciadas no son difundidas por los medios mal llamados «nacionales» que presumen de cubrir la información que se genera en todo el país.
De Jujuy se conocen ciertos temas que no hablan bien de su calidad institucional como, por ejemplo, la persecución política y judicial contra Milagro Sala o la cooptación del Poder Judicial por parte del gobernador Gerardo Morales. Pero de las horribles condiciones de su población ante la pandemia de coronavirus y la notoria ausencia del Estado a la hora de contener a los afectados es muy poco lo que ha trascendido en la prensa «nacional».
La lista de calamidades que relató la pampeana ante el periodista de este diario asombra por su gravedad y porque denuncia una indolencia supina en los responsables del gobierno. Su propio vía crucis a partir del contagio de su marido es un compendio de falencias difíciles de empardar. Luego de contraída la enfermedad, el hombre no tuvo respuestas del sistema de salud pública jujeño y hasta debió costearse el test en un laboratorio privado para confirmar el diagnóstico. El alto costo de esa práctica lo torna inalcanzable para la mayoría de la población de una provincia que no se destaca por sus altos niveles de ingresos y calidad de vida.
Algunos hechos horrorosos que suceden en otros países de Sudamérica se repiten en Jujuy sin que tengan la misma trascendencia en las pantallas televisivas de nuestro país. El ejemplo que brindó la pampeana no deja lugar a dudas: el cadáver de una mujer que falleció por Covid-19 permaneció dos días en su casa ante la reticencia de la casa funeraria por retirarla; para peor le enviaron una bolsa de plástico a la familia para que la coloquen adentro y así evitar el contagio de quienes debían buscarla.
Otros tramos de la entrevista son igualmente escalofriantes al mostrar una provincia que, bajo un gobierno de extrema insensibilidad, se aproxima a los tres mil infectados de Covid-19. Pero el blindaje mediático lo oculta.