Como la Ley Mucci
La Cámara de Diputados le dio ayer media sanción al proyecto de ley de Servicios Audiovisuales que permitirá en La Pampa a las cooperativas su incursión en la televisión por cable que la vieja ley de la dictadura modificada por el menemismo le vetaba. El proyecto, debatido durante meses en audiencias públicas, se ha dicho, es una vieja deuda de la democracia y contó con una amplia mayoría de 147 votos que incluyó, además de los votos del partido del gobierno, los del socialismo y de diputados de centroizquierda. El socialismo, en un principio crítico de la ley, la acompañó finalmente luego que el gobierno bajara el polémico artículo que permitía a las telefónicas ingresar al negocio de la TV cable. Esta modificación permitió comprobar además la autonomía del gobierno en relación a los poderosos intereses que se mueven detrás de las telefónicas.
Pero no sólo ese punto fue modificado. Hubo más de un centenar y medio de modificaciones que incluyeron las opiniones de todos aquéllos sectores interesados en el tema.
No obstante la importancia de la ley y los años que lleva la democracia debatiéndola, ayer, un sector de la oposición liderado por la derecha macrista aliada a los monopolios concentradores de medios, abandonó el recinto antes de la votación en una actitud claramente destinada a buscar un titular en los medios en pié de guerra y sólo explicable en la complicidad que esos sectores políticos retrógrados han trenzado con los poderosos intereses que han convertido a los medios en un ariete para presionar al gobierno en sus negocios.
Pero si la derecha ha sido siempre en la Argentina una aliada de los sectores más conservadores, concentrados, oligárquicos y antipopulares -y, por su historia era posible prever que está más de acuerdo con la ley de la dictadura que con la de la democracia-, no se corresponde con su historia el seguidismo que el radicalismo hizo de esa posición contraria a la ley.
Los radicales menos comprometidos con los dueños de los medios reconocen por lo bajo que esta ley le quitará a la democracia una espada de Damocles que pendía de ella desde el momento en que la diversidad de medios en la Argentina dio lugar durante el menemato a una cerrada concentración. Estos radicales saben que la caída de los gobiernos de Alfonsín y De la Rúa, tuvieron en los medios de comunicación concentrados un instrumento de los sectores golpistas que fogoneaban el clima destituyente.
Los gobierno que le sucedieron a uno y otro pagaron ese apoyo: modificando el articulo 45 de la ley que permitió la acumulación de licencias y empresas en los '90, y licuándoles la deuda millonaria en dólares luego de la crisis del 2001.
Estos radicales admiten además que la ley será para el gobierno un punto de inflexión como lo fue la frustrada ley Mucci para Alfonsín. Aquélla ley intentó democratizar los gremios para que fueran instrumentos de fortalecimiento de la democracia y no, como eran, un factor de desestabilización. De la misma forma, esta ley que intenta democratizar los medios para que sean, como son, instrumentos de la democracia, marcará a fuego el futuro de la democracia argentina.
El radicalismo, que siempre le reprochó a peronismo su ceguera de entonces actúa hoy con la misma miope actitud de hacer prevalecer sus mezquinos intereses electorales por sobre los intereses de la democracia.
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