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Con el boleto picado

LA SEMANA PAMPEANA

I – Mientras el país sigue con atención al candidato a presidente que obtuvo más votos en las Paso, no pierde pisada de las jugadas del presidente que, algo repuesto del golpe electoral que lo dejó grogui, sigue lanzando puñetazos al aire como un boxeador fuera de combate. Una semana larga después de que la expresión democrática de las urnas le propinara un baño de realidad sigue echándole la culpa a la sociedad argentina de las vicisitudes económicas que él mismo causó con su errada política. Acostumbrado a leer «el diario de Irigoyen» cada mañana, hecho a su medida en la mayoría de la prensa escrita, oral, televisiva y digital, el resultado contundente de la expresión popular que le bajó de un sogazo sus delirantes aspiraciones reeleccionistas, lo devolvió a la realidad sin escalas. El porrazo que se pegó contra la pared popular no le permitió reaccionar a tiempo y dejó para la historia su patético berrinche del lunes post-urnazo.

II – Luego, coucheado por su equipo de asesores, pidió disculpas y sacó al ministro de Economía que le puso el Fondo Monetario Internacional para reemplazarlo por el de la provincia de Buenos Aires. La lógica para subir y bajar hombres no se entiende pues, en orden al castigo electoral, fue peor el que recibió la gobernadora y el gabinete del que ahora reemplaza al ministro del FMI. Tampoco se entiende por qué lo sacó al que tenía cuando repitió que no cambiaría su política económica. Pero la cambió pues congeló las naftas, le sacó el IVA a los alimentos, subió el mínimo no imponible del impuesto a las Ganancias, congeló las cuotas de los planes de ahorro y subsidiará a los créditos UVA. Lo que no hizo fue tomar ninguna medida que incentive la producción y el empleo, las dos únicas herramientas con las que cualquier país que se precie de tal apostaría para salir de una crisis como la que atraviesa la Argentina.

III – Al contrario, su plan para paliar la devaluación y la fuga de capitales castigó a las provincias a quienes afecta en sus recursos coparticipables la reducción del IVA, de Ganancias y reducirá sus ingresos por regalías petroleras el congelamiento del precio de los combustibles. Fue, como dijo irónicamente un allegando a un mandatario, un «ajuste federal», de un gobierno que se había comportado como un perfecto unitario centralista al privilegiar en el reparto de fondos a la Ciudad de Buenos Aires y a la provincia homónima, que gobierna la coalición gobernante. Los gobernadores no tardaron en responder a ese ataque a sus finanzas amenazando con una presentación judicial. Pero ese camino no será eficiente para morigerar la dureza con que el ajuste macrista post-PASO golpeará las cuentas provinciales. La justicia no fallará con la rapidez que urge a los gobernadores.

IV – La solución es, a todas luces, política pero el gobierno no parece querer entender razones de esa índole. Tan alienados han quedado luego de la debacle electoral, que, en vez de gobernar la crisis y tratar de llegar lo más enteros posibles al 10 de diciembre, siguen de campaña. El mariscal de la derrota, el rasputinesco jefe de gabinete, fue confirmado en su lugar y, fiel a su estilo autista, en vez de tender puentes hacia los gobernadores para salvar la paz social amenazada por la debacle económica, su acto más trascendente fue un audio de wasap dirigido a sus raleadas y desmoralizadas tropas de militantes rentados a quienes intentó engañar mintiéndoles con falso optimismo que la diferencia que tienen que remontar en octubre es la misma que remontó Macri en 2015. Luego enviaron a la folletinesca Elisa Carrió a recorrer el espinel de programas amigos donde, en vez de enfrentarla a la sarta de mentiras, falsas acusaciones, pronósticos fallidos y disparates varios que ha dicho últimamente y debiera responder por ellos, la dejan hablar ya no se sabe si para conservar los votos de los más cruzados de sus votantes, o para hacer a través de ella una catársis más digna de un sillón de sicoanalista que de programas políticos.

V – El resultado es que cada día que pasa más se afianza la figura de Alberto Fernández como la de un dirigente a la altura del grave momento que atraviesa el país y más se «delarruiza» Macri que pide patéticamente y casi a los gritos que «hable Cristina» mientras confunde el día de la semana en que vive o considera que las nueve de la mañana es una hora «muy temprana» para hacer un acto de asunción de su nuevo ministro. Inexorables, las encuestas, de las pocas consultoras que aproximaron un resultado al que se dio el domingo de las PASO, están marcando un crecimiento más allá del 50% de Fernández y un estancamiento del voto al gobierno en el «tercio irreductible» o menos. Algo de eso reflejó el auditorio «amigo» de Clarin que, colmado para escuchar a Aberto Fernández, se raleó más de la mitad cuando le tocó el turno a Macri. El diario omitió ese significativo dato de la realidad que mostró claramente cómo hasta esa parte de la sociedad ya le «picó el boleto». (LVS)