Inicio Opinion Con licencia para extorsionar

Con licencia para extorsionar

El olor nauseabundo que emerge de los tribunales federales porteños no es solo por el derrame de líquidos cloacales sino por la podredumbre que muestra un aparato judicial cada vez más corrompido. La cadena de complicidades es muy larga y hoy ha quedado aún más expuesta por el silencio cómplice de los principales medios de comunicación del país con relación al escándalo que estalló en los últimos días al revelarse la extorsión a que fue sometido un empresario bonaerense por parte de un abogado que operó en nombre del fiscal Carlos Stornelli y se autotitula miembro de agencias norteamericanas de inteligencia.
Algunos periodistas estrella de los grupos mediáticos más poderosos se embarcaron en la ardua tarea de «demostrar» que esta acusación es otra de las demoníacas manipulaciones kirchneristas tramadas, esta vez, desde… la cárcel. Si no fuera tan grave provocaría risa ver cómo semejantes esfuerzos argumentativos tienen un sostén tan endeble. Pero no es nueva esta estrategia de combinar falacia y omertá (el código de silencio siciliano) para encubrir operaciones que el aparato judicial lleva a cabo con instrumentos más propios de la inquisición que del estado de derecho.
En cambio la acusación que embarra al abogado y al fiscal, lejos de la especulación bizantina, cuenta con el respaldo de horas de conversaciones grabadas, videos y capturas de pantalla de chats de WhatsApp que permiten reconstruir una maniobra extorsiva a todas luces ilegal. En su periplo por los medios amigos con periodistas que no molestan con preguntas fastidiosas, abogado y fiscal se contradijeron (ver otro artículo en esta misma página) y, además, ninguno de los dos ni siquiera mencionó la posibilidad de querellar al acusador.
Las grabaciones que hicieron trascender los pocos medios que informaron exhaustivamente sobre el tema son reveladoras. Ahora están en manos del juez federal de Dolores quien, como no pertenece a la corporación de magistrados alineados con el gobierno ni se muestra dócil con el poder mediático, ya fue generosamente descalificado por «kirchnerista», «camporista» y «amigo de Gils Carbó».
Este gravísimo episodio revela otro costado oscuro de la llamada causa de los cuadernos, al mencionar el abogado que su tío, y escribano general de la Nación designado por el actual Presidente, también tuvo intervención en ella antes de caer sin sorteo en el juzgado de Claudio Bonadío que sigue de caza buscando «arrepentidos» a quienes no se les graba sus declaraciones en cintas de audio o video tal como lo exige la ley.
Un veterano periodista de investigación no dudó en señalar que esta historia nos sumerge en el «submundo mafioso» en donde juegan «operadores judiciales y periodísticos, agentes de inteligencia y funcionarios del gobierno bajo la mirada atenta de la Embajada de Estados Unidos y de sus órganos de seguridad».
No se recuerda un gobierno electo bajo el cual la Justicia haya caído tan hondo en prácticas extorsivas ni el poder político se haya entrometido tan alevosamente en su funcionamiento. Esta denuncia tiene la virtud de aportar nuevas revelaciones sobre este proceso de degradación.