Conviene de tanto en tanto agitar mentes

SEÑOR DIRECTOR:
Desde que se manifestó el conflicto por las retenciones móviles para productos del campo, pudo uno embarcarse con alguna de las partes o, si no se sintió comprometido o carecía de suficiente información, pudo colocarse en el papel del analista o del observador.
Es cierto que cuando un conflicto se desata y toma calor en su desarrollo, se hace difícil distinguir las voces, porque se asiste a una esgrima verbal en la que todo termina siendo admisible y, en primer lugar, la voluntad de vencer o de imponer razones o intereses. Sin embargo, en el curso de este problema ha sido posible leer y escuchar algunos aportes diferentes. En una nota anterior mencioné que por primera vez en mucho tiempo se ha podido leer en medios de prensa a personas que han dedicado su vida al estudio de determinados problemas y a las que, además, se dedican a la enseñanza en los centros de estudios superiores. Esto ha seguido sucediendo, aunque no en todos los medios, y así los que han puesto interés por saber han podido tener una visión más actualizada del trabajo rural, del comercio a que da lugar y, en particular, sobre el papel real de cada uno. Asimismo, se ha podido ver que algunos protagonistas (protagonistas estrella según la apreciación de expertos) se han mantenido apartados o en las sombras, como si el debate y la puja de intereses fueran astros ajenos a su propio universo. Leo, por ejemplo, que nadie ha podido escuchar siquiera un susurro, en el tema de la cadena de comercialización y de exportación, de las empresas llamadas Bunge, Dreyfus, Cargill. Molinos y Monsanto, por citar a las más conocidas.
Entre los efectos interesantes y que pueden ser positivos se ha mencionado la participación del ex ministro de Economía, R. Lavagna, de quien se sabe que está y no está con el actual gobierno nacional (ha ratificado su pertenencia al justicialismo, aunque finalmente no alcanzó un lugar de importancia en el nuevo esquema de conducción). En primer lugar, no discute las retenciones, en lo que viene a coincidir con el gobierno y, según las encuestas, con una franca mayoría de expertos y de la opinión general. Propone considerar una alternativa: fijar un tope de retención del 50 por ciento; diferenciar de manera efectiva a los pequeños y medios productores, y hacer un compromiso tal que si la soja supera los 600 dólares, gobierno, productores y “grandes provincias” harán un reparto equitativo entre los tres, con el compromiso de las provincias de destinar esos fondos al sector agropecuario de menor tamaño y a la infraestructura ligada al campo. También propone revisar recientes medidas de gobierno que favorecen a unos pocos exportadores y elaborar, en cien días, un programa de mediano y largo plazo. Estima que si se logra un acuerdo podrán el gobierno y los sectores de actividad volver su atención a otras cuestiones urgentes: precios internos, combustibles, acuerdo sobre autopartes con Brasil y transporte. Pone en claro la importancia de la soja, que, para muchos analistas es el caracú del problema. Asimismo contribuye a que el tema se instale en un proceso razonable puesto que propone salir del enredo actual con voluntad de crear mejores condiciones para el futuro. Otro aporte, que comparte con analistas respetados, es que no excluye a ninguna de las partes ni se suma a la tendencia de otros sectores políticos de respaldar el exceso en que caen quienes creen que su opinión no admite réplica ni debate.
Ligado al tema y a la remoción de cosas e ideas a que ha dado lugar el conflicto, personalmente he apreciado la entrada en escena de algunos estudiosos de la comunicación. Algunos análisis de los mensajes que emiten los medios masivos (televisión, diarios, radios…) son ilustrativos de desviaciones, intencionadas o resultantes de un estado de cosas. Lo que se hace visible es que el mensaje no es indiferente sino protagonista.
Atentamente:
JOTAVE