Corea del Sur, ex tigre asiático y actual gatito con escudo de EE.UU.

DEJARON CESANTE A LA PRESIDENTA POR CARGOS DE CORRUPCION

La presidenta de Corea del Sur fue destituida por el Tribunal Constitucional. Era hija de un ex dictador. Los cargos fueron por corrupción, una mancha que se extiende por el mundo capitalista. El ex “tigre asiático” es un débil gato, lo protege la fuerza militar de EE.UU.
EMILIO MARIN
El 19 de diciembre de 2012 fue memorable para Park Geun Hye. Con el 51,6 por ciento de los votos fue la ganadora de las elecciones frente a un liberal de centro izquierda, Moon Jae In. Así se convirtió en la primera presidenta mujer, todo un acontecimiento para Corea del Sur.
El 10 de marzo de 2017 fue tristísimo para Park, porque los ocho miembros del Tribunal Constitucional la condenaron en forma unánime por los cargos de corrupción que venían analizando desde diciembre anterior, cuando el Parlamento votó su impeachment. Dos días más tarde, una Park ya ex presidenta y avejentada más de lo que marca el almanaque para sus 66 años, abandonaba la Casa Azul rumbo a su domicilio particular.
Ahora sólo tendrá como derechos el sistema de custodia; tendrá que atenerse a las demandas judiciales casi como si fuera una coreana más. Casi. Los meandros del poder tienen a veces más gambeta que Lionel Messi…
En Seúl los manifestantes festejaban la destitución, en forma más masiva que las demostraciones de quienes defendían a la destituida del partido Saenuri. Estos últimos eran menos (ya se sabe que la derrota es huérfana) y más agresivos. Chocaron varias veces con la policía y tuvieron tres muertos.
La acusación contra la mujer fue que junto a su estrecha colaboradora, Choi Soon-il, cobraban coimas a empresas coreanas bajo la pantalla de dos fundaciones. Cualquier parecido con el escándalo borbónico y el instituto Noós no es pura coincidencia.
A la amiga presidencial la apodaron Rasputina. Tenía una fortísima influencia en Park, heredada de la que poseía su padre Choi Tae-min, de la secta “Iglesia de la vida eterna”. Según las malas lenguas, este señor había logrado restablecer “las comunicaciones” de la presidenta con su madre muerta en 1974.
Su padre Park Chung Hee dio un golpe de Estado y gobernó como dictador entre 1961 y 1979. Su esposa fue asesinada en 1974, según la propaganda anticomunista, por un elemento mandado por Corea del Norte. La hija, entonces de 22 años, asumió el rol de “Primera Dama” de esa dictadura. En 1979 su padre fue asesinado por Kim Jae-gyu, un general director de la central de inteligencia (KCIA) y otros altos jefes militares, quienes lo mataron en una cena en el palacio, junto a varios colaboradores y guardias. Los criminales fueron tiempo después a la horca, toda una postal de que Corea del Sur no es el paraíso que pinta la propaganda propia, estadounidense y japonesa. La falacia es que todas las barbaridades son de la República Democrática Popular de Corea (RDPC), o sea del Norte.

No pudo disfrutarlo.
Atormentada por esos crímenes que la dejaron sin madre ni padre, la mujer se retiró de la política por diez años. Después volvió con cinco elecciones como diputada a la Asamblea Nacional y alcaldesa. Así fue en 2012 candidata del Gran Partido Nacional, de derecha, rebautizado Saenuri, para aspirar a la presidencia. Para una buena parte del electorado, su apellido le daba una cierta carta de triunfo, porque como Park padre Corea del Sur tuvo un despegue económico-comercial. Se convirtió en uno de los “tigres asiáticos” junto con Hong Kong, Singapur y Taiwán, con mano de obra barata y exportaciones de productos industriales también competitivos, entre 1960 y 1990.
Ese electorado creía que, con la hija, esa economía volvería a crecer a ese nivel, después de tantas crisis propias y a nivel internacional. Ella prometió en la campaña, de cara a un padrón de 40 millones de electores, que cumpliría con el impulso de la economía, el fortalecimiento de la política social, la creación de empleo, la reducción del costo de la educación y reforzar los derechos de la mujer. Obvio, no dijo que cobraría coimas a empresas surcoreanas, incluso a Samsung. Entre “Rasputina” y Park habrían sumado 70 millones de dólares mal habidos.
Esa clase de gobiernos, a despecho de las crisis económicas y comerciales, tiene una suerte de reaseguro: el riesgo que dicen tener al norte del paralelo 38, la vecina RDPC de Kim Jon-un. Como este último de cuando en cuando prueba algunos misiles y su presidente hace declaraciones altisonantes, entonces los del Sur creen tener asegurado el porvenir agitando ese “cuco”.
Las sucesivas administraciones norteamericanas, desde que finalizó la guerra en la península en 1953 (sin un tratado de paz), están en Corea del Sur, con bases militares, marines y ejercicios militares, además de su presencia política y económica. Alguien daba de comer en esos años a esos “tigres asiáticos” y alguien sostiene ahora a este triste gato: Washington. Y lo hace con un criterio de aliado similar al que tiene con Israel. Quizás más, porque Corea del Sur no sólo es vecino de la RDPC sino sobre todo punta de lanza contra China y Rusia. Lo que está en juego es tanto o más importante que la región petrolera cerca a Tel Aviv.
A principios de marzo se recalentaron los conflictos entre Seúl y Pyongyang. Como la mesa de la pelea estaba servida, la presidente Park alentaba una ilusión de mantenerse en el cargo y hacer la de todos los años: gruñir contra Kim Jon-un y el comunismo, sus misiles y programa nuclear, y gozar el apoyo norteamericano. No pudo ser. Ella se fue en un auto negro de la Casa Azul. Donald Trump tendrá que buscarse otros socios menores al sur del paralelo 38.

¿Tiros o diplomacia?
El presidente en funciones es Hwang Kyo-ahn y los seguirá siendo hasta las elecciones en 60 días, en la primera quincena de mayo. ¿Qué pasará en la península con las partes enfrentadas?
Es difícil saberlo y dependerá de quién gane esas presidenciales. Si venciera el derrotado en 2012, Moon Jae In, de centroizquierda, se podría abrir un diálogo de las dos Coreas, algo que auspicia China, con acuerdos como los que hubo con Madeleine Albright y Bill Clinton. El Norte no sólo dialogaba con Seúl y establecían zonas comerciales en común, dentro de la frontera socialista, sino también con Washington, según los cuales la RDPC suspendía su programa atómico a cambio de suministros varios de EE.UU.
Después todo eso se acabó y en 2010 los peores pronósticos de comienzo de la III Guerra Mundial creían que sería en la península. Al año siguiente se incendió Siria con la intervención terrorista foránea y las apuestas se emparejaron.
En este momento los nubarrones del conflicto dominan la escena, pero no conviene olvidarse de aquella otra posibilidad pacífica, con menores chances.
En cuanto a los riesgos de guerra, el cronista cree que la mayor de las responsabilidades recae en el imperio norteamericano y sus corruptos socios menores de Seúl.
¿Con qué autoridad pueden acusar al régimen norcoreano quienes blanquearon sus planes de cometer asesinato contra el presidente Kim? No lo dijo agencia estatal de noticias norcoreana KCNA sino El País de Madrid (24/9/2016), citando al ministro de Defensa, Han Min koo. Ante la pregunta de un diputado del partido oficialista Saenuri, la respuesta del ministro fue: “Corea del Sur considera activar una unidad de fuerzas especiales para que asesinen al líder norcoreano”. Tal idea está incluida en el proyecto “Castigo y Respuesta Masiva Surcoreana”, ante supuestos planes agresivos del Norte, y es parte de un plan más general, que contaba en 2016 con escudo antimisiles y un programa de ataques preventivos del Mando Conjunto EE.UU.-Corea del Sur, llamado Kill Chain (Cadena para Matar).
Si además se consideran los ejercicios militares surcoreanos y estadounidenses, como los que están desarrollándose actualmente, eso también sirve para saber quién es el agresor. Desde el 1 de marzo y hasta finales de abril se está haciendo el ejercicio naval conjunto “Foal Eagle” para el cual arribó al puerto de Busan el súper portaaviones nuclear USS Carl Vinson, con una flota de destructores y 6.500 hombres. Además las fuerzas conjuntas comenzaron el 13 de marzo sus ejercicios de combate simulado “Key Resolve”, hasta el próximo 24 de marzo.
Entonces, ¿quién amenaza a quién? Es verdad que Pyongyang hizo en los últimos años cinco pruebas nucleares, buscando quizás fabricar un arma atómica con fines defensivos. Eso le valió hace un año una sanción del Consejo de Seguridad de la ONU, por primera vez con el voto concurrente de Beijing. Pero sus alegaciones de que lo hace porque está en riesgo su seguridad nacional y la vida de sus autoridades, tienen asidero.
Lo suyo ha sido siempre a posterioridad de las acciones del otro bando. El 1 de marzo iniciaron los dos ejercicios del enemigo y el 6 Kim Jon-un dio orden de experimentar con cuatro proyectiles caídos en aguas de Japón, hacia bases de EE.UU. allí.
La otra parte subió la apuesta. El 7 de marzo comenzó el despliegue del Sistema de Defensa Terminal de Area a Gran Altitud (THAAD, siglas en inglés), que estará listo a fines de año en la ciudad de Seongju. La excusa son las supuestas amenazas de Corea del Norte, pero apunta contra China y Rusia, cuyas seguridades serán afectadas.
La movida del THAAD puede ayudar a que Corea del Norte tenga más colaboración de Xi Jinping y Vladimir Putin, con lo que Trump puede haber metido la pata otra vez.