Corriente que altera la paz de un océano

Señor Director:
Una noticia de mediados del presente mes requirió atención en el ámbito internacional.
Me refiero a la que dio cuenta del resultado de la elección municipal realizada en la ciudad de Nueva York, una urbe gigantesca de unos 9 millones de habitantes. Sólo México tiene más habitantes en el continente.
Lo que destacaron los principales medios fue que los demócratas han recuperado la intendencia municipal, luego de casi veinte años de dominio por los republicanos. El ganador se llama Bill de Blasio y, como suele decirse, “robó” en su disputa con el republicano Joe Lohta. Sucederá al millonario republicano Michael Bloomberg. De Blasio, acusado de “socialista” por sus rivales, es hombre de modestos recursos. Se casó con una afroamericana, Chirlane, y tienen dos hijos Chiara y Dante. El viaje de bodas lo hicieron a Cuba, burlando la prohibición del bloqueo. De Blasio también estuvo en Centroamérica, donde apoyó al sandinismo. Sus hijos han ido a la escuela pública. Para apreciaciones periodísticas, es lo más parecido a un izquierdista que pueda hallarse en Estados Unidos. Esto hace referencia a lo predominante en los partidos con posibilidades electorales.
La elección implica algo más que el retorno de los demócratas a un gobierno que les ha “pertenecido” de manera muy marcada. No menos del 60 por ciento de los neoyorquinos se identifica como demócrata. Debe tenerse en cuenta que Nueva York es por sí misma un universo, donde todos los rasgos humanos tienen su expresión. Hay allí la mayor población israelí, excluido Israel, y la mayor población de puertorriqueños excluido Puerto Rico. De la inmensa minoría latinoamericana, predominan los mexicanos, pero abundan los de América Central y los ecuatorianos. Toda América latina está fuertemente representada. El 60 por ciento de los vecinos de la ciudad ha nacido en el extranjero. Abundan chinos (amarillos) y jamaiquinos (negros, al igual que los haitianos). Son cuantiosos los colombianos, indos y rusos. En esa inmensa ciudad está la sede de las Naciones Unidas, cosa que influye para acentuar sus rasgos cosmopolitas. La proporción de afroamericanos es notable: la mayor que se da en una ciudad de Estados Unidos.
De Blasio ha remarcado que Nueva York cuenta 400 mil millonarios, dato que contrastó con un 21 por ciento de la población por debajo de la línea de pobreza. El intendente es llamado alcalde y éste gobierna con un concejo. Últimamente la ciudad ha recuperado el control de la educación pública, línea que acentuará De Blasio, lo mismo que la sanidad.
Esta suma de referencias, que dista de agotar los datos acerca de esta urbe formidable, es lo que autoriza una lectura del triunfo demócrata en el sentido de que en el corazón de ese inmenso país se manifiesta y prospera el mismo conflicto que se ha hecho notorio en los países en desarrollo del continente y del mundo: la desigualdad y la toma de conciencia de lo que representa. Sin embargo, en más de un sentido Nueva York no expresa a la totalidad del país. Allá prosperan con distinto grado de fortaleza tendencias ideológicas y políticas contrapuestas. Con todo, es significativo el triunfo electoral de alguien que tiene algunos rasgos del perfil original de Obama. La peripecia de este presidente ayuda a tomar en cuenta la diversidad real de tan formidable nación. El conflicto, que puede ser simplificado como la batalla final entre el Estado (político) y el mercado por el dominio del poder efectivo en una dimensión planetaria, tiene allá un escenario muy expresivo. Ni Obama ni De Blasio proponen una revolución, pero revelan que el conflicto tiene expresión significativa en la nación imperial.
El interés con que todo el mundo presta atención al acontecer de Estados Unidos tiene más de una causa. Toda nación imperial de la historia atrajo las miradas hacia ella. Las miradas admirativas y las miradas críticas.
Atentamente:
JOTAVE