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Cortina de humo

Expertos en operaciones distractivas mediante la manipulación a gran escala de la información que circula en la sociedad, los asesores del macrismo acaban de brindarnos otro ejemplo digno de estudio. Ahora utilizaron a la ministra de Seguridad para lanzar lo que también podría considerarse una provocación: una suerte de retorno de la «colimba» aderezada con los condimentos propios de la ideología cambiemita.
Todo vale para no hablar de la economía y sus desastrosas consecuencias en la mayoría de los argentinos. Esa es la principal consigna que sigue al pie de la letra el oficialismo en esta campaña electoral. El apoyo de los grandes medios es funcional a esta estrategia que busca, tal como lo reconoció el consultor estrella Jaime Durán Barba, esconder los problemas reales.
Al justificar su «proyecto» Patricia Bullrich llegó al extremo de decir que la Gendarmería Nacional está más valorada por la sociedad argentina que la escuela pública. Semejante expresión solo puede nacer de boca de quien, por pertenencia de clase social, prefiere denigrar uno de los mayores logros colectivos del país, reconocido en el mundo entero, con tal de arrimar agua para su molino político. ¿Hace falta recordar que Gendarmería fue responsable de la muerte de Santiago Maldonado o de un peritaje trucho al cuerpo de Alberto Nisman para convalidar sin pruebas sólidas la hipótesis del asesinato tal como lo sostiene el gobierno nacional?
Lo único positivo de esta nueva artimaña fue el unánime rechazo que cosechó por parte de innumerables instituciones y personalidades. Un clamor unánime se levantó en defensa de la educación pública y le recordó a la ministra que el lugar más adecuado para contener y capacitar a los jóvenes no es el cuartel militar sino la escuela o la universidad. La misma escuela y universidad que vienen siendo agredidas con brutales recortes presupuestarios bajo este gobierno neoliberal cuyos máximos referentes fueron educados en las más caras y elitistas casas de estudio privadas.
Habrá que prepararse para seguir soportando, en estos meses de campaña electoral, otras cortinas de humo que buscarán tapar los problemas -graves y reales- que sufren los argentinos producto de las políticas de tierra arrasada del macrismo.

Fábrica de pobres
Pocas cosas como la pobreza para desnudar el discurso falaz del macrismo. De aquella grandilocuente promesa electoral de «pobreza cero» a esta realidad ominosa de nuestros días, los argentinos fueron testigos -y víctimas- de la prodigiosa capacidad de generar grandes expectativas como de destruirlas sin contemplaciones por parte de una fuerza política que hizo del marketing su razón de ser.
A menos de un año de haber asumido como jefe de gobierno, en septiembre de 2016, Mauricio Macri redobló la apuesta y dijo: «quiero y acepto que me juzguen» en función de la evolución de la pobreza. Por suerte para el presidente, el destinatario de ese mensaje -la sociedad argentina- no se lo tomó al pie de la letra.
Lo cierto es que hoy el nivel de la pobreza no para de crecer según datos de la nada opositora Universidad Católica Argentina. Solo en el último año aumentó del 27,3 al 35 por ciento lo que significa que tres millones de personas cayeron sin red a la categoría de pobres.
Y lo peor de todo es que, con la receta neoliberal del macrismo -ahora monitoreada de cerca por el FMI- no existe esperanza de revertir esta tendencia que manifiesta una velocidad nunca vista. La destrucción masiva de fuentes de empleo y la brutal caída del poder adquisitivo de salarios y jubilaciones se han convertido en una fábrica de pobres. En verdad, lo único que crece hoy en la economía argentina son las ganancias astronómicas de las grandes corporaciones empresariales y, en el otro extremo de la pirámide social, el número de desocupados, pobres e indigentes.
Un buen ejercicio político: volver a ver aquellos videos de la campaña electoral de 2015.