Crecen protestas gremiales, de cara a la marcha del 21F

DIVISIONES Y REAGRUPAMIENTOS EN EL MUNDO SINDICAL

El gobierno cree haberse anotado un poroto porque logró con presiones y zanahorias que algunos caciques gremiales se bajen del 21F. Puede resultarle al revés: que esas ausencias fortalezcan un polo sindical más combativo contra el ajuste.
EMILIO MARIN
El fortalecimiento de quienes vienen resistiendo el ajuste del gobierno de Mauricio Macri estaba fuera de discusión. Esas protestas arrancan en Salta y Jujuy, con sus ingenios cerrando y/o despidiendo personal, y llegan al sur patagónico con el acampe y marchas de los mineros de Río Turbio, ante casi 500 despidos. En los otros puntos cardinales también menudearon esas huelgas, por sectores tan diferentes como los bancarios de buenos sueldos, el Ballet Nacional de buen baile, y los desocupados de la CTEP de buenos guisos en tantos reclamos por la emergencia alimentaria. Esto sin olvidar a los bien calificados del INTI, los del hospital Posadas y los jubilados que fueron otra vez objeto del robo del siglo.
Eso le movía el piso al Macri, al punto que su imagen positiva había caído 13 puntos entre noviembre y enero pasado, según Synopsis.
Un afluente secundario de esa protesta son los dirigentes sindicales, que tras dormir una larga siesta bien santiagueña habían empezado a desperezarse. No todos. Una parte del Triunvirato de la CGT, Camioneros y otros gremios de Azopardo, los bancarios de la Corriente Federal Las dos CTA (De los Trabajadores de Hugo Yasky y la Autónoma de Pablo Micheli) nunca se durmieron pero arrastraron sus problemas políticos y de inserción entre los asalariados industriales, limitados básicamente a empleados estatales (docentes en un caso y estatales en el otro). La tercera versión que disputa la sigla CTAA, la de Jorge Godoy, de ATE nacional, también tuvo un rol activo en los reclamos, por los ceses de contratos (léase despidos) despachados por Andrés Ibarra, el ministro de Modernización (sic).
Ese panorama de protestas en auge provocó novedades. El 18 de enero en el hotel de Gastronómicos en Mar del Plata, Luis Barrionuevo (alias “tenemos que dejar de robar dos años”), Hugo Moyano, los triunviros Omar Acuña y Juan Carlos Schmid, y otros sindicalistas emitieron un documento crítico hacia el ajuste.
A la luz de lo que ocurrió más tarde, cuando algunos participantes dieron pasos prácticos hacia una protesta y otros se fueron bajando, se puede colegir que los motivos de la concurrencia a la cita gastronómica eran muy variados y contrapuestos.

Para adelante.
El documento de Mar del Plata era correcto en diagnóstico, al cuestionar la recesión, la apertura de las importaciones, la caída del consumo interno, la pérdida de poder adquisitivo de salario, los topes que el oficialismo quiere imponer a las paritarias, las cesantías y suspensiones de trabajadores públicos y privados, el aumento de la inflación que había terminado 2017 superando el 25 por ciento, etc.
El gobierno nacional quiso apagar el incendio arrojando nafta, un caro combustible que en lo que va de 2018 ha aumentado un 15 por ciento sus precios, y solamente un poco de agua, denunciando corrupción.
Tiró nafta al anunciar un tope a las paritarias y aumentos salariales del 15 por ciento para el año, sin cláusula gatillo si la inflación supera esa marca, como ocurrirá este año por tercera vez consecutiva.
Para algunos gremios, la provocación fue peor. Caso de los bancarios, cuya “oferta” del sector patronal (en acuerdo con el Ejecutivo) fue del 9 por ciento. O peor aún, a los docentes que cobran un básico de 10.000 pesos o menos según las provincias, cuando la canasta básica de pobreza está en 16.700 pesos, que vieron eliminada de hecho la paritaria nacional y no fueron citados a una negociación con los gobernadores hasta hoy. Eugenia Vidal les hará un mísero ofrecimiento del 15 por ciento, sin “cláusula gatillo” y a lo sumo con alguna cifra según presentismo.
Por eso los dirigentes gremiales honestos, como Sergio Palazzo y Roberto Baradel, aceleraron la resistencia. El bancario con un paro la semana pasada y dos en la que transcurre; y Roby con la advertencia que pedirán el 20, con cláusula y sin presentismo en el encuentro de hoy con la ex Hada Buena, que de buena no tiene nada.
Ese par de sindicalistas, más un espectro mayor y con la evidente influencia del camionero Moyano, convocaron a una marcha y acto el 21 de febrero con palco en la avenida 9 de julio, mirando hacia el sur.
Ese contingente quiere ir a más en la oposición al ajuste, incluso algunos como Hugo Yasky no quieren limitarse a pelear en lo reivindicativo-gremial sino también en lo político-institucional. Ellos dieron pasos adelante. Schmid y Acuña presidieron el 31 de enero una reunión del Consejo Directivo de la CGT que convocó a la movilización para el 22 de febrero (adelantada luego un día por pedido de los familiares de los 52 muertos en la Tragedia de Once).

Para atrás.
Ya ese 31 hubo varias ausencias de la más rancia burocracia sindical, como Héctor Daer, el restante triunviro, que reapareció organizando una reunión en su sindicato ATSA con el espectro de “Gordos” e “Independientes” opuestos por el vértice macrista a la convocatoria. Entre ellos estaban Armando Cavalieri (Comercio), José Luis Lingeri (Obras Sanitarias), Andrés Rodríguez (UPCN), Gerardo Martínez (Uocra) y algunos que en los últimos años de kirchnerismo la iban de oficialistas, como Antonio Calo (UOM) y Sergio Sasia (Unión Ferroviaria).
Este segmento, lo más podrido del sindicalismo, expresó su total oposición a la marcha del 21, adoptando el discurso gubernamental de que era una movida exclusiva de un gremio, Camioneros, un capricho de la familia Moyano.
Por separado, y siguiendo órdenes de Barrionuevo, su alfil Acuña (Estaciones de Servicio) hizo saber que no iría el 21. Acuña anda a nafta y a gasoil al mismo tiempo, porque estuvo en la CGT convocando y luego desconvocando…
Su patrón, gastronómico, dio carácter oficial a la deserción en un reportaje al diario “La Nación”, que no representa a los laburantes sino a propietarios agropecuarios y sojeros personificados en el bonista Luis M. Etchevehere, ex Sociedad Rural y actual ministro de Agroindustria.
Barrionuevo dijo que lo del 21 era una pelea entre Moyano y Macri y que él no entraba en ese juego. Así compró el discurso macrista, según el cual aquella movilización sería una jugada del camionero para zafar de los apremios judiciales que la AFIP y la Unidad de Información Financiera le están causando con denuncias sobre su manejo en el Club Independiente, el sindicato y obra social.

Verdad menos que a medias.
El 7 de febrero, cuando Daer reunía a aliados para decir No a la movilización, en simultáneo los camioneros juntaban a los sindicalistas dispuestos a ratificarla, precisando que sería el miércoles 21. Este espectro era variado, porque además de los dueños de casa y gremios de la CGT estaban las dos CTA y comisiones internas y delegados, muchos de los cuales vienen sosteniendo aquellos conflictos tan demonizados y reprimidos por el gobierno. La última gran represión se vivió el viernes de la semana pasada en Salta, contra los trabajadores del ingenio San Martín del Tabacal, de la norteamericana Seabord corp que despidió a 170 empleados. Al cortar la ruta 50 como forma de protesta ellos fueron reprimidos por la policía del gobernador Juan M. Urtubey, gran amigo del presidente.
El cronista vuelve al principio: la protesta social tiene como motor la necesidad de frenar la mano inhumana del ajuste. Secundariamente hay que ver quiénes convocan y quiénes dejan de convocar.
La estrategia macrista desmerece la protesta tirando carpetazos sobre sindicalistas que por su desprestigio y latrocinios no fueron parte del 21F. Pata Medina, Marcelo Balmacedo y los de la Uocra de Bahía Blanca, están presos y nunca tuvieron nada que ver con la movilización. Y si de estilos de vida enriquecidos se trata, Daer, Cavalieri, Barrionuevo, Martínez y otros burócratas están al tope de ese ranking, claro que varios escalones por debajo de Macri y sus ministros-gerentes de multinacionales.
¿Llama la atención que Moyano impulse la movilización? Sí, porque en los últimos años fue un convocante de 5 paros contra el gobierno de CFK y luego de votar a Macri mantuvo con éste una cordial relación. Ahora algo se rompió entre ellos. La Justicia dirá si el camionero es trigo limpio. El cronista no pone las manos al fuego por él y le enrostra la conducta opositora entre 2011 y 2015 que facilitó la victoria macrista. Moyano no tiene nada que ver con un dirigente leal a su clase como Agustín Tosco. Ni diez actos como el del 21 lo acercarán a la altura del lucifuercista.
Lo importante es que esa protesta puntual puede potenciar los reclamos de la Federación Azucarera Regional que hoy hace un paro y marcha 300 kilómetros el próximo 19 de Jujuy a Salta. Fortalece el paro de ATE y su marcha a Plaza de Mayo. Otro tanto con el encuentro del Hospital Posadas y las demandas de la CTEP, que dirán presente hoy y el 21.
La tracción viene de las bases sindicales, de los de abajo. Los conductores, sean camioneros o de otras profesiones, enriquecidos, son una anécdota en esta historia. No son confiables. A veces se llevan todo por delante con su camión y otras veces están en la banquina, haciendo dedo o llamando al auxilio porque se quedaron sin nafta.