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Crisis, desempleo y división gremial

El descalabro económico en que se encuentra sumido el país está teniendo en La Pampa un fuerte impacto a partir, entre otras razones, del freno a la obra pública a causa de la suspensión de partidas presupuestarias por parte de Nación. Tanto desde la Uocra como de la Cámara de Empresas Constructoras de La Pampa brindaron cifras estremecedoras con relación al mal momento que está atravesando el sector. Dos mil trabajadores despedidos es un número desmesurado para una provincia como la nuestra, al igual que, a nivel nacional, las 243 empresas constructoras que tuvieron que cerrar sus puertas el año pasado. Las perspectivas para el año en curso no son mejores y desde la cámara se habla de que habrá cierres a nivel provincial por falta de obra pública y privada y la decisión del gobierno nacional de interrumpir los pagos.
Un informe difundido en los últimos días por el Centro de Economía Política de la Argentina (CEPA) permitió saber que en el primer trimestre de 2019 se registraron 19.882 despidos de trabajadores en todo el país, un crecimiento del 41 por ciento con respecto al año pasado cuando perdieron su empleo 14.068 personas.
Estas estadísticas revelan que la destrucción masiva de fuentes de trabajo no para de aumentar aunque no tenga tanta difusión en los medios de comunicación porteños, mucho más atentos a las variables de la macroeconomía. El dólar, la tasa de interés, el riesgo país hoy ocupan los espacios centrales de la prensa argentina e incluso de la extranjera. No es cuestionable pues muestran el caótico estado a que ha llevado el país la administración del macrismo. Sin embargo esos mismos medios no prestan la misma atención a las consecuencias socioeconómicas de la crisis que golpea con fuerza especialmente en el interior argentino.
Hasta en una provincia de baja densidad demográfica como La Pampa, en donde el Estado mantiene sus cuentas ordenadas como lo reconocen incluso en las hostiles reparticiones nacionales, está pegando muy fuerte el terremoto económico. El cierre de comercios y los despidos recrudecen y obligan a disponer de partidas presupuestarias adicionales para atender la creciente demanda social.
En este traumático escenario llama la atención que, ante la convocatoria a un paro nacional el 30 de abril para protestar contra las fuertes agresiones del macrismo hacia el mundo del trabajo, una parte sustancial de los sindicatos enrolados en la CGT prefiera mantenerse al margen. Entre esos gremios que retacean su adhesión a la huelga se encuentra, sorprendentemente, la propia Uocra que acaba de denunciar semejante cantidad de despidos en nuestra provincia. No es el único, ya que otros importantes sindicatos nacionales han optado por no sumarse a aquella convocatoria.
Este quiebre en la unidad del universo gremial debilita el reclamo en momentos en que se descarga sobre los trabajadores todo el peso de las políticas neoliberales del gobierno nacional. Hoy es más evidente que nunca que los dirigentes que así proceden anteponen sus negocios personales y empresariales -básicamente el manejo de las obras sociales, oxigenadas por oportunos giros de recursos desde el gobierno- al interés del conjunto de los asalariados.