Crisis económica y fracaso de la “meritocracia”

PUNTO DE VISTA

POR MIGUEL TANOS *
Todo gobierno tiene un modelo de sociedad que quiere instalar. Cambiemos desde el principio de su gestión enunció el suyo. Postuló como gran paradigma de éxito personal la “meritocracia”, basado en el mérito. Esto es: las posiciones jerarquizadas son conquistadas con base al merecimiento.
El término meritocracia es de origen latín, viene de meritum, que significa “debida recompensa”. El término apareció por primer vez en el libro “El auge de la meritocracia”, del sociólogo Michael Young.
Sandra Ziegler, investigadora del área de Educación de FLACSO, dice que “la idea de merecer se vincula con distintos sentidos comunes. Los sectores medios que impugnan a los sectores bajos tienen una idea del mérito más tradicional, como si todos estuvieran en el mismo punto de partida. No es así. Y quienes critican la meritocracia por ‘neoliberal’ se basan en algo que la sociología ha enseñado: en condiciones de desigualdad de base, por más que se abran oportunidades, los resultados son diferentes y pueden terminar incrementando la desigualdad”.
La meritocracia aparece como una suerte de nueva doctrina a desarrollar desde el poder político. Si ese discurso enraíza en el gran empresariado, encuentra un interlocutor privilegiado en las clases medias. Allí cuaja fuertemente la idea de que el individuo, en base a sus méritos, puede consagrarse.
El gobierno de Macri no solo se quedó en la exposición del ideal de sociedad que espera, sino que puso como ejemplo a seguir a sus propios funcionarios. Destacados meritócratas que han alcanzado el éxito a partir de “su talento y esfuerzo”, y que ahora iban desplegar todo su “know how” (cómo hacer) en la administración del país. Imposible fallar. Estábamos “condenados al éxito”, como diría el expresidente Eduardo Duhalde.
Pero, ¿qué pasó?
Los grandes Ceos (directores ejecutivos de empresas), más su coaching (entrenamiento) y expertos en comunicación, fallaron. Como diría Diego, “se les escapó la tortuga”. Fueron artífices por acción, omisión o falta de previsión de la más grave crisis de los últimos tiempos. Frente a la desolación del fracaso, plantean una solución mágica: recurrir al inefable FMI, tomar más crédito con más ajuste. La pregunta que decanta es: ¿cuál es el talento que han tenido para gobernar el mejor equipo de los cincuenta años?
Dos años y medio donde han cercenado derechos y agravado las dificultades a un punto que están hipotecando por décadas el futuro de nuestro país. El mito del esfuerzo individual se desvanece. El paradigma social y los modelos que lo exponen caen en un absoluto colapso.
Entonces, la meritocracia es solo una manera de justificar o la necesidad de vender a la sociedad una ilusión. O en todo caso como, dice Alejandro Dolina, “la meritocracia es una fábula fomentada por el capitalismo y el neoliberalismo e implica la sospecha de que los pobres no hicieron lo suficiente para estar mejor”.
Para aclarar la perspectiva sobre este análisis, recurrimos a la sabiduría del general Perón: “nadie se realiza en una comunidad que no se realiza”. No hay destino individual si no hay un proyecto colectivo.
La realidad nos demuestra que los genios de las finanzas y la economía surgidos de la escuela meritocrática son un engaño. El único “mérito” del gobierno nacional ha sido lograr un plan de negocios para ellos mismos y sus socios. Pero como modelo de sociedad y gestión ha sido un absoluto fracaso que impacta en la vida cotidiana de todos los argentinos.

* Ex ministro de Educación de La Pampa.