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Crónica de la desaparición de un varón trans

LOS DIAS SIN TEHUEL

La historia de Tehuel es la de un chico trans del conurbano bonaerense con la promesa laboral que se sabe tan complicada por su identidad de género.
VICTORIA SANTESTEBAN*
Hace 47 días de aquel 11 de marzo en que Tehuel de la Torre (22) salió de casa con la promesa de un trabajo. Fue a una entrevista laboral, y las horas que pasaban sin señales de su existencia hicieron que su pareja efectuara la denuncia. Luis Alberto Ramos está detenido por ser el principal sospechoso: fue quien convocó a Tehuel para esa supuesta entrevista y Oscar Alfredo Montes se encuentra preso por encubrimiento. Hoy la provincia de Buenos Aires ofrece una recompensa de entre 1,5 y 2 millones de pesos para quien aporte información sobre el paradero de Tehuel.

Mundo Patriarcal.
La desaparición de Tehuel confirma el mundo al margen de nuestra legislación en derechos humanos. Confirma que la protección y el ejercicio del derecho a una vida que promete nuestra Constitución es pura cháchara para lxs siempre excluídxs, marginadxs, esxs a lxs que se quiere tirar del mapa y de hecho se lxs tira, sin demasiadas explicaciones. A pesar de nuestras leyes, de avanzada en lo que hace al reconocimiento de identidades de género, lo cierto es que las personas trans y travestis continúan al margen de un mundo diseñado por y para los detentadores de poder, para aquellos que sí tienen el privilegio de vivir vidas libres, sin la amenaza constante, sin la extrema fragilidad de la existencia, sin el peligro inminente de, de un día para el otro, dejar de existir. La desaparición de Tehuel corrobora la realidad que duele: el mundo continúa patriarcal a pesar de los intentos legislativos por deconstruirlo. La historia de Tehuel es la de un chico trans del conurbano con la promesa laboral que se sabe tan complicada por su identidad de género. El aprovechamiento de esa vulnerabilidad de quienes no quieren ver que les otres acceden a los mismos derechos, y que pueden ser felices, libres y valientes por mostrarle al mundo quienes son y quienes quieren ser es la que arremete contra los cuerpos de trans y travestis. No se debería hablar de valentía por salir a la calle, pero para la realidad de mujeres, trans y travestis, cierto es que la existencia es más efímera, más amenazada ante los peligros de las calles -y de los hogares- donde todavía el patriarcado reina.

Identidad trans/travesti.
La realidad trans/travesti del conurbano tira por la borda cualquier atisbo de avance hacia un mundo igualitario y justo, con cada muerte, con cada desaparición y marginación de personas trans y travestis. La realidad del conurbano bonaerense es esa que invisibiliza, que excluye, que empuja del mapa hasta arrojarlo a total marginalidad a la persona que se sale del binarismo hetenormativo. La realidad trans y travesti ahí donde con más crudeza se excluye y se violenta, evidencia la estigmatización, el odio y la resistencia empedernida a que el mundo continúe siendo para unos pocos. La exclusión de personas trans y travestis opera en todos sus ámbitos de desarrollo, porque son expulsados de sus familias, de la escuela, de hospitales, del mercado laboral, y arrojados a la más extrema vulnerabilidad, en la que esa humanidad que tiene la valentía de autopercibirse corre riesgo de muerte a cada instante. El cupo laboral trans en varias entidades públicas da cuenta de la necesidad de crear oportunidades, de espacios que incluyan a esa ciudadanía siempre descartada, y descartable. Así Tehuel, salió en busca de inclusión, de ejercer todo eso que nuestras leyes pregonan y que a tantos molesta. Y en su búsqueda por un lugar es que desaparece, y hoy es a Tehuel a quien se busca.

Identidad de género.
Cabe recordar que la ley de identidad de género de 2012 rechaza la noción histórica y binaria de pretendida correspondencia inmutable entre genitalidad y género, para reconocer la existencia de otros tipos de femineidades y masculinidades merecedoras de protección legal. La norma fue la primera en el mundo que despatologizó y brindó reconocimiento legal y protección a la autopercepción del género, pero del dicho al hecho queda aún un camino largo por recorrer. Porque la desaparición de Tehuel, los transfemicidios y travesticidios, la falta de educación y salud para personas trans y travestis, su expectativa de vida de 40 años, la prostitución de sus cuerpos como única salida laboral posible continúan siendo una constante. Es que los avances legislativos requieren de una realidad que se corresponda con eso que aparece en los papeles que se promulgan con bombos y platillos. Sin una ciudadanía que acompañe ni un Poder Judicial a la altura en el juzgamiento y la investigación de cada crimen que tenga por víctima a una persona trans/travesti, entonces esa correspondencia exigida entre el mundo legal del «deber ser» y el mundo real del «ser» continúa utópica.

Buscar.
A Tehuel se lo sigue buscando. A diferencia de otros chicos trans, él tiene el acompañamiento y amor de una familia que pide por su aparición. Los movimientos de lucha trans y travesti reclaman también por la vida de otra persona más a la que se la traga la tierra sin que a nadie parezca importarle demasiado. La búsqueda tiene el dolor pesado de la incertidumbre, de vivir con la esperanza de las buenas noticias, de soñar con ver llegar a quien no está, y abrazarlo otra vez. La búsqueda por Tehuel, por quien buscaba ejercer todos y cada uno de los derechos que le corresponden, es un llamado a toda la ciudadanía, a buscarlo, a dejar de permanecer en la comodidad de los privilegios, a dejar el miedo a involucrarse. Buscar para mantener la vida y para hacer saber a quienes quieren el mundo para ellos solos, que ya no hay una sociedad cómplice de su odio. A las desapariciones, a la impunidad y el olvido, Argentina va aprendiendo a decir nunca más.

*Abogada, magíster en Derechos Humanos y Libertades Civiles.