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Cruzar los dedos

El avance de las obras de una gran planta fabril en el Parque Industrial mantiene en vilo a los santarroseños. Todos se preguntan si esta vez, sí, se hará realidad el deseo general y tendremos funcionando una nueva fábrica de las grandes, adentro de la estructura metálica que se está levantando. Como tantas experiencias anteriores no fueron muy positivas que digamos, da la sensación de que nadie quiere entusiasmarse prematuramente ni hacerse demasiadas ilusiones mientras la fábrica está en los aprontes con vistas a su funcionamiento. Como dice la sentencia china: «quien no tiene expectativas, no será defraudado».
Hay otro dato que añade perplejidad: en tiempos extremadamente difíciles para la actividad industrial, con cierre de plantas en todo el país a causa de las políticas devastadoras del macrismo, aquí en esta capital provincial avanza la construcción de una gran fábrica como cumpliendo el deseo de los muchos pampeanos que defienden la idea de que una sociedad sin industria está condenada al subdesarrollo.
Los mejores augurios están en boca de todos aunque se digan en voz baja y cruzando los dedos, como para aventar la mala racha. El triste recuerdo de Alpargatas todavía está fresco en la memoria de los santarroseños. También el de la frustración de Montenegro o, aún más atrás en el tiempo, el de Consomé.
Las dimensiones de la planta son elocuentes: tres manzanas; el tamaño de los «fierros» también; por no hablar de la esperanza de los que ya se imaginan vestidos con un overol y un casco en la cabeza. Se habla de medio centenar de operarios que fabricarán varillas, cuplas y otros implementos de acero para la actividad petrolera.
La diversificación es el mejor camino para alcanzar el desarrollo armónico de la economía. La presencia de la mole metálica que se está levantando en el sur de la ciudad transmite optimismo en medio de tanta malaria industrial. Ojalá sea el preanuncio de un nuevo tiempo en el cual las fábricas vuelvan a sacar humo por sus chimeneas y tantos trabajadores hoy desempleados vuelvan a darle vida a las instalaciones silenciosas.

Política y negocios
Dos resonantes causas judiciales que involucran al Presidente y otros altos funcionarios del gabinete nacional tuvieron novedades por estas horas. En una de ellas la jueza Marta Cirulli resolvió intervenir el Correo –la empresa del Grupo Macri investigada por un intento de licuar la enorme deuda que tiene con el Estado– por ocultamiento de información ante reiterados pedidos del juzgado. En este expediente la fiscal viene denunciando desde hace mucho tiempo maniobras de desvío de fondos e intento de vaciamiento.
En la otra causa el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, y el extitular de Vialidad Nacional, Javier Iguacel, fueron imputados por la prórroga ilegal de contratos de concesión en rutas nacionales sin proceso licitatorio en una investigación abierta por denuncia del Sindicato de Trabajadores Viales. En este caso también están involucradas como beneficiarias de las maniobras irregulares cometidas por funcionarios públicos empresas que pertenecen a la familia presidencial.
Ambas investigaciones, con sus particularidades, revelan lo que ha sido una constante bajo el actual gobierno nacional: el desdibujamiento de la línea que debe separar los intereses públicos de los privados. Formado casi íntegramente por hombres de negocios, este gobierno es un ejemplo sin precedentes de lo que en la jerga política se denomina “las puertas giratorias”, mecanismo caracterizado por un continuo tránsito de la función privada a la pública, y viceversa, de personas que se alternan en uno y otro lado del mostrador. De ahí que la prensa oficialista haya acuñado la elegante expresión “conflicto de intereses” para designar lo mismo que bajo un gobierno de otro signo hubiera llamado, lisa y llanamente, corrupción.