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Cuando el río suena…

La reciente pueblada que realizaran los mendocinos en defensa del agua que provee sustento fundamental a su economía no solamente tuvo una enorme repercusión sino que, a poco de ser analizada objetivamente, desprende una serie de factores que incluso tienen relación con nuestra provincia.
Esos factores son complementarios a una inquietud latente en Mendoza ante la evidente escasez de los recursos hídricos en los últimos años, en una provincia donde son fundamentales a la economía y forman parte de una fuerte tradición. Ante un problema que exige tanto cuidado aparece la sospechosa aprobación de la ley que permite la minería contaminante votada por todos los partidos políticos.
Frente a la inmediata reacción popular también es llamativa la actitud del gobernador, negándose primero al veto de la ley y cediendo luego ante la magnitud de las marchas y asambleas populares. Agréguese la adhesión de la Iglesia a los reclamos y la decisión autoritaria del gobernador de ordenar la represión policial.
También es digno de mencionar la actitud de las nuevas generaciones, que en su lucha establecieron un firme límite a las intenciones de la clase política apelando a medidas inesperadas y efectivas como la amenaza de suspender la tradicional Fiesta de la Vendimia, un acontecimiento anual de gran relieve para la provincia.
Todos estos acontecimientos, por cierto que insólitos en la historia mendocina, epilogaron en el retiro de la ley por parte del gobierno, en un claro retroceso de su obstinada actitud inicial, enfrentada a una mayoría de productores y obreros que tomaron rápida conciencia del peligro que representan las mineras sin control alguno, con claros antecedentes al respecto.
¿Qué lectura puede hacerse en nuestra provincia frente a tales acontecimientos? En principio la comprensión de que el pueblo mendocino se paró de frente a poderes política y económicamente muy poderosos, que en función de sus intereses no vacilan en ignorar los daños que pueden causar en otras áreas; algo así como sufrir en carne propia mirándose en el espejo del conflicto del Atuel donde el insólito pero bienvenido pedido de apoyo de los productores, con el explícito reconocimiento a nuestra provincia sobre los derechos que tiene sobre el río. Semejantes manifestaciones sugieren la existencia de dos facciones con relación al problema: la de una elite política irreductible, inmune a las abrumadoras pruebas presentadas por La Pampa, y la de una comunidad de regantes y de organizaciones ambientalistas que empiezan a considerar la justicia de los reclamos de nuestra provincia. Los productores se dirigieron a los pampeanos pidiendo que «hagan lo posible para ayudarnos (…) porque el río es de La Pampa y de los mendocinos».
Ambas posturas parecen evidenciar que hay dos niveles de opinión sobre el conflicto del Atuel: gobernantes intransigentes y algunas organizaciones que empiezan a apreciar la gravedad y proyección del problema, incluido el cambio en sus posiciones que están teniendo las provincias integrantes del Coirco que, no olvidemos, tiene una estrecha relación con el Atuel. En cualquier caso la frase es definitiva.
Finalmente la movilización mendocina también demuestra que, a veces, los caminos efectivos de los reclamos justos no necesariamente van estrictamente por dentro de los denominados «carriles institucionales». Cuando el río suena…