Cuando lo importante también es lo urgente

En política se suele hablar de lo “urgente” y lo “importante” a la hora de establecer las prioridades que debe atender el Estado. En general se apela a estas dos definiciones como si se trataran de términos excluyentes y con frecuencia se dice que los casos urgentes suelen desplazar de la agenda a los importantes. Sin embargo existen situaciones en que ambos términos no admiten tal separación pues lo urgente y lo importante coinciden en un mismo caso.
En los últimos días se conocieron a través de este diario los casos de tres jóvenes madres que se encuentran en una situación de extremo desamparo. Toda ellas único sostén de sus hijos, abandonadas por sus parejas y sin siquiera contención familiar. Se trata de cuadros de gran complejidad cuya atención por parte del Estado es, a la vez, urgente e importante.
Un sinnúmero de factores confluyeron para generar estas situaciones aunque cada una de ellas tenga sus rasgos particulares. Falta de empleo, dificultad para el acceso a la vivienda, falta de contención en los vínculos familiares… Nada que no sea conocido por los organismos del Estado que deben lidiar con estos difíciles problemas sociales.
Pero cuando una mujer, sola y desamparada, debe ocupar clandestinamente una vivienda vacía para proteger a su prole ya no queda espacio para los discursos y son los hechos los que deben mandar. Si, encima, el primer emisario del Estado que llega para verificar una de estas situaciones es la policía, hay que decir que las cosas no se están haciendo bien pues no se trata de casos policiales, sino sociales. Son otros los organismos estatales que deben moverse inmediatamente para atender estos cuadros de extrema vulnerabilidad. Después se podrá discutir la política de entrega de viviendas que realiza el Estado, las situaciones irregulares por la no ocupación de las unidades, la especulación con ellas, el no pago de las cuotas, etc.
Tampoco son tantos los casos -hay que decirlo- como para desbordar la capacidad del Estado ante este tipo de urgencias importantes. La Pampa es una provincia que, por su baja densidad demográfica, puede afrontar en mejores condiciones los períodos de crisis originados por las recurrentes políticas neoliberales. El Estado provincial y el municipal tienen aquí una tarea ineludible frente a la situación extrema que padecen tres ciudadanas con hijos pequeños. Ni siquiera vale como excusa el hecho -indudable- de que estos cuadros sociales tan extremos están originados, en primera instancia, por las políticas económicas que despliega el Estado nacional. Después habrá tiempo para ese debate político.
Una de las jóvenes se quejó por las promesas de ayuda olvidadas y por la desidia de asistentes sociales que no cumplen con su tarea. Otra refirió su situación de despedida de una empresa del Parque Industrial. La tercera sí tendría a su favor un trámite iniciado por uno de los organismos del gobierno provincial.
Son, los tres casos, víctimas de una crisis que pagan mucho más caro los sectores más desprotegidos, los que están en la base de la pirámide social. Lo más indignante es que los causantes de esta iniquidad pertenecen a la elite que está en el otro extremo.