Cuba reforma en forma democrática su Constitución

DESAIRANDO A TRUMP Y LA MAFIA CUBANO-AMERICANA DE MIAMI

La Asamblea Nacional Popular de Cuba aprobó el proyecto de reforma de la Constitución. Ahora baja en consulta al pueblo y volverá al recinto. Lección de democracia popular.
EMILIO MARÍN
Para las costumbres argentinas es muy extraño que el Parlamento trabaje un domingo. El domingo 22 de julio los 605 miembros de la Asamblea Nacional del Poder Popular culminaron una semana de trabajo y votaron la reforma constitucional. Habían tenido tres días para el estudio de los textos, analizados en diez comisiones permanentes del máximo órgano de poder. Luego escucharon el cierre del presidente Miguel Díaz Canel, quien dio el marco político e histórico al asunto: mejorar la economía, alentados por un pequeño aumento del Producto Bruto del primer semestre (1,1 por ciento), conscientes que hay que mejorar mucho.
En la región latinoamericana se discute el significado político de esa reforma. El cronista tiene posición favorable tomada, pero quiere detenerse en el método democrático de los cubanos, tan criticados por el imperio y la derecha mundial (incluidas las corrientes trotskistas) por retacear supuestamente la democracia política.
Los estudios datan de mayo de 2013. La Constitución isleña es de 1976 y había realidades que merecían ser incorporadas. En particular en el área económico-social se venía operando con el mismo modelo socialista, pero con nuevas políticas y orientaciones. Los “Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución” fueron aprobados por el VI Congreso del Partido Comunista en 2010 y perfeccionados cinco años después en el VII Congreso. No eran cosas menores porque habilitaban el cuentapropismo, la propiedad cooperativa y privada a pequeña y mediana escala, e incluso la apertura al capital extranjero.
Esas reformas tenían como principal impulsor a Raúl Castro, por entonces presidente. Por eso el 2 de junio pasado él fue investido como titular de la comisión de la Asamblea Nacional que analizaría la reforma, junto a otros 32 diputados. Ese grupo llevó la propuesta al plenario, enriquecida por el resto de los legisladores y votada el domingo 22.
Importa cómo sigue el trámite. El proyecto baja en debate a las bases, desde el 13 de agosto hasta el 15 de noviembre, con reuniones barriales y en organizaciones de trabajadores, campesinos, mujeres, estudiantes, artistas, militares, etc. Luego volverá a la Asamblea Nacional, que introducirá los agregados que vengan de abajo. Así se redactará la Constitución y se votará en ese órgano de poder. Allí no termina el trabajo: volverá a la consideración pública con un referendo popular, para que voten todos los cubanos mayores de 16 años. Recién allí será ley de leyes.
Esa génesis democrática causa sana envidia argentina. La reforma de 1994, amañada entre Carlos Menem y Raúl Alfonsín, “Pacto de Olivos” mediante, acordó un núcleo de acuerdos que no se ni podía discutir en Santa Fe. El grueso de los argentinos no participó ni siguió de cerca esa discusión constitucional, además de la falla fundamental de tantas cosas de la Carta Magna y leyes que son letra muerta o papel mojado y picado…

Lo esencial y lo accesorio.
El proyecto reafirma la condición socialista, la dirección del Partido Comunista y la economía estatal y planificada. Estas cuestiones fundamentales quedan expresamente exentas de cualquier reforma constitucional posterior.
Al mismo tiempo, dispone muchas modificaciones, pues agrega 87 artículos, elimina 13 y modifica 113, manteniéndose 11 tal como están. Es una reforma muy importante y significativa, no un cambio menor.
La derecha norteamericana y mundial se sintió alentada porque se suprimió el artículo 5 sobre el “avance hacia la sociedad comunista”. No es una concesión de principios porque el objetivo del comunismo es estratégico, para dentro de varios siglos, con toda la humanidad. La tarea de los seguidores caribeños de José Martí y Fidel Castro es aquí y ahora, luchando contra el bloqueo norteamericano y forjando la etapa inicial del comunismo, esto es el socialismo. ¿Qué es lo importante? ¿Una frase en un texto, relativa al porvenir dentro de dos o tres siglos, o mantener y perfeccionar el único socialismo del hemisferio occidental?
La mayoría de las agencias que sintonizan con Washington no se hicieron ilusiones. Titularon que “Cuba elimina la palabra comunismo de su Constitución”. Una palabra. No el socialismo de su régimen político, ni el comunismo de su única organización dirigente, ni lo estatal de su economía.
Entre los muchos cambios positivos, se pueden enumerar:
-Crean el cargo de primer ministro para muchas tareas de gobierno, junto con el presidente, que tendrá un máximo de dos mandatos.
-Priorizan las asambleas municipales del Poder Popular, como órganos más relacionados con la población. Se suprimen las asambleas provinciales, para enlazar el gobierno nacional con las municipalidades (en las provincias habrá gobernadores y Consejos Provinciales). Se pondrán a las autoridades de todos los niveles más en contacto con los problemas de gobernar, combatiendo el burocratismo y la corrupción.
-Impulsan la economía mediante la legalización de la propiedad cooperativa y privada a escala pequeña y mediana (artículo 21) y reconocen el aporte necesario del capital extranjero.
-Abren la posibilidad del matrimonio igualitario al definirse como la unidad concertada de dos personas (artículo 68) sin aclarar el sexo.
Al sopesar de estos cambios se debe descartar la teoría trotskista de que la isla habría restaurado el capitalismo. Nada que ver. Fidel Castro no era Gorbachov ni Yeltsin. Tampoco lo son Raúl Castro y Díaz Canel. Con esos dirigentes y su gente, en la mayor de las Antillas habrá Constitución y socialismo para rato.