Cuba va por victoria número 27 contra bloqueo de EE.UU.

EL 31 DE OCTUBRE VENCERA POR APLASTANTE MAYORIA EN LA ONU

Tras breve alivio durante la administración Obama, el bloqueo yanqui contra Cuba volvió a recrudecer con Trump. El 31 de octubre la isla le dará otra paliza diplomática en la ONU.
SERGIO ORTIZ
Hay presidentes estadounidenses que tuvieron diferentes tácticas en el bloqueo hacia Cuba. Ni mejores ni peores en la valoración general de sus políticas, pero diferentes en relación a la isla.
Barack Obama comenzó un cambio el 17 de diciembre de 2014, cuando hizo anuncios simultáneos con su colega cubano, Raúl Castro, para descongelar las relaciones. Coherente con esa novedad, viajó a La Habana en marzo de 2016 y el 14 de octubre de ese año firmó la directiva “Normalización de las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba”. En base a ese giro, adoptó 22 resoluciones favoreciendo la flexibilización del bloqueo, eufemísticamente llamado “embargo” por los norteamericanos.
En enero de 2017 asumió Donald Trump y ya el 16 de junio firmó un memorando derogando la directiva de Obama. Lo hizo en un acto con la comunidad cubana de La Florida (léase la cloaca de Miami) en el teatro Manuel Artime, uno de los invasores de su propio país en abril de 1961.
Coherente con la nueva política, en rigor la histórica, vigente desde el 3 de febrero de 1962, cuando John F. Kennedy decretó el bloqueo total a la isla, Trump ha vuelto a las andadas, desandando los pocos pasos positivos de su antecesor.
Incluso prohibió los viajes a la Mayor de las Antillas para los ciudadanos norteamericanos, que de todas maneras en más de un millón de personas, siguió embarcándose con ese destino turístico y cultural, pese al riesgo de multas y sanciones.
Esa imposibilidad de cortar de cuajo el turismo es una derrota mundial para el neonazi que gobierna la mayor y decadente superpotencia. Es que en 2017 hubo 4.7 millones de personas que viajaron a Cuba desde todos los rincones del mundo. Y lo peor para Trump y otros gobernantes de derecha del continente, como Mauricio Macri, es que aquellos regresan felices de la experiencia, con ganas de volver y diciendo que es un país hermoso y de gente muy amigable. Esa es la peor derrota para el bloqueo a Cuba.
Trump es una bestia y persiste en sus políticas criminales, a pesar del repudio mundial que éstas cosechan, como en el referido bloqueo y con su retirada de los Acuerdos sobre Cambio Climático firmados en París en 2015.
El mes próximo habrá elecciones de medio término en EE.UU., incluyendo comicios para gobernador en La Florida, lo que da contexto al nuevo ataque de la ultraderecha norteamericana, con el candidato republicano a gobernador Ron DeSantis, quien prometió redoblar las medidas contra Cuba.
En eso se nota la huella criminal de Trump, quien fijó una nómina de 179 entidades cubanas con las que las diferentes organizaciones o personas estadounidenses tienen prohibido realizar negocios. Queriendo asesinar al pueblo cubano, tal su objetivo básico, esas prohibiciones resultan un tiro en el pie propio, porque a muchos empresarios y productores de EE.UU. se los priva de negocios de mutuo beneficio con un cliente ubicado a 90 millas e interesado en comprar y vender diferentes productos.

Por nockout.
La defensa de Cuba de sus derechos soberanos y legales, y su denuncia contra el mal vecino que estableció un bloqueo total desde hace 56 años (el más prolongado de la historia), es bastante conocida a nivel de pueblos. Por lo general la opinión pública mundial se pone del lado del más débil, del David de esta historia contra Goliat. Y las simpatías están bien del lado de la Patria de José Martí.
A veces esa correlación de fuerzas “por abajo” no se refleja “por arriba” en las instituciones internacionales. Sin embargo, la revolución cubana ha logrado marcas notables y proporcionales en los dos planos. En la Asamblea General de la ONU viene ganando cada año su proyecto de resolución contra el bloqueo por números más favorables, desde 1992 cuando su primera victoria. En la 72ª Asamblea de la ONU, en 2017, tuvo 191 votos a favor y sólo 2 en contra, de EE.UU. y su aliado, el genocida estado de Israel. Esos 2 votos sobre 193 miembros de la ONU suponen un miserable 1.03 por ciento de apoyo al bloqueo.
Y en la 73ª Asamblea iniciada el pasado 25 de septiembre en Nueva York se pronostica igual resultado. Una votación tan aplastante no se debe tanto a afinidades políticas de esa masa de naciones tan diversas hacia el socialismo cubano. Hay muchos países que sí tienen esa sintonía, pero la mayoría que levanta la mano condenando el bloqueo lo hace por considerarlo injusto, ilegal y lesivo a sus propias leyes nacionales al pretender imponerse como “extraterritorial”, con los perjuicios comerciales correspondientes.
El informe cubano para este año estimó las pérdidas directas para su país en 135 mil millones de dólares en moneda corriente, y en 934 mil millones considerando la depreciación del dólar frente al oro. En el período del informe, de abril de 2017 a marzo 2018, las pérdidas fueron de 4.321 millones de dólares.
En boxeo una pelea se empata si fue pareja o se gana o pierde por puntos, o por nockout cuando uno de los púgiles manda a la lona al otro. La votación del 31 de octubre próximo será ganada por nockout por Cuba: su merecida victoria número 27. Una pena que en la decadente ONU las resoluciones de la Asamblea General, donde están los 193 países miembros, no sean resolutivas, una facultad reservada al Consejo de Seguridad con cinco potencias con derecho a veto, entre ellos EE.UU.
Sólo así se explica que el neonazi que estará groggy el 31, luego se incorpore y aún con la mandíbula rota ordene continuar el bloqueo, como si su derrota no existiera. Una razón más, y van…, para reformar a fondo Naciones Unidas y elegir sede fuera de EE.UU.