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Datos contra el relato del engaño

Los números de la economía y de las encuestas, sin excepción, dicen mucho más que el discurso marketinero del gobierno. Todos los índices de la economía real, la que afecta día a día a los millones de argentinos de a pie -los que viven de un salario, una jubilación o una pequeña empresa- señalan que la pendiente cuesta abajo es imposible de disimular. Y es un proceso que ya no se puede disfrazar con discursos estimulantes, que fomentan la “buena onda” o que prometen la felicidad suprema para el próximo semestre o el próximo año.
La recesión golpea cada vez más fuerte y no es por culpa de un gobierno que comete “errores” o que intenta y no logra derramar prosperidad en el pueblo. Es precisamente lo contrario. Es la deliberada orientación económica del macrismo lo que está provocando este desastre. Es su recetario fondomonetarista el que está funcionando a todo vapor y, como no podía ser de otra manera, beneficia solo a una selecta minoría y multiplica la pobreza entre las grandes mayorías.
Una encuesta conocida en las últimas horas y realizada en la Capital Federal y el Conurbano bonaerense por tres universidades arrojó datos muy elocuentes. Creció del 18% al 30% la cantidad de personas que en el último año pasaron hambre alguna vez. Del 34% al 49% las que tuvieron que reducir las porciones de comida por problemas de ingresos insuficientes. Del 30% al 44% los que creen probable que puedan perder sus trabajos. Del 37% al 60% los que sostienen que su situación económica es peor o mucho peor en relación al año anterior. Estos números escalofriantes son el promedio de la encuesta; hay otras cifras mucho peores que corresponden al primero y segundo cordón del Conurbano, lo cual muestra que en ese ámbito geográfico se está incubando una situación explosiva de pobreza, desempleo y marginalidad.
Estos datos están en perfecta sintonía con el aumento de la pobreza registrado por la UCA en el último año: 34% en el promedio general y, entre los chicos hasta 17 años, el 51%.
Ya no alcanza con el esfuerzo indisimulable de los grandes medios porteños para esconder este desastre ni el malestar que crece sin parar en cada vez más amplias capas sociales. Por eso recurren a la vieja receta de exagerar determinadas noticias que sirven como cortinas de humo, o fogonean debates triviales para distraer a cierta porción de la ciudadanía que todavía se dejan encandilar por esos espejismos.
Una de las estrategias preferidas del periodismo oficialista es buscar “enemigos” para descargar sobre ellos dosis creciente de odio social. Hoy se sabe que las emociones de una parte considerable de la población se pueden manipular con relativa facilidad y con ello se logran buenos réditos políticos. El macrismo se ha vuelto un experto en esta especialidad que en Estados Unidos ya exploró Donald Trump o, más recientemente, Jair Bolsonaro en Brasil.
Lo mejor para desmontar estas artimañas es recurrir a los datos duros. El marketing político, el “coucheo” para decorar las mentiras, los ejércitos de trolls que contaminan las redes sociales deben ser confrontados con las estadísticas de una realidad que no se acomoda al relato del engaño.