Datos irrefutables

El informe de un columnista de este diario aportó un dato dramático: en lo que va del año la sucursal Santa Rosa del Correo Argentino emitió 3.570 telegramas de despidos y 1.540 de suspensiones. Frente a la contundencia de ese dato de nada sirven las especulaciones de los periodistas oficialistas de los medios porteños y los discursos de los funcionarios macristas que no dejan de elogiar el rumbo económico del gobierno.
El relato marketinero no da respiro. Hasta el nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional se presentó como un triunfo y como una estrategia para lograr el despegue económico. Nada más alejado de la realidad. En cada país que han pisado los funcionarios del FMI dejan de crecer los brotes verdes. Está demostrado hasta el hartazgo y los propios argentinos lo hemos sufrido: las encuestas revelan que tres de cada cuatro ciudadanos rechazan este regreso sin gloria” al Fondo. Pero como el gobierno practica la misma religión económica que la poderosa entidad financiera, ambas partes se potencian a la hora de promover -y ejecutar- políticas probadamente recesivas que generan empobrecimiento en vastos sectores populares mientras la elite económica sigue realizando grandes negocios y acumulando poder político.
Aquel número que muestra el Correo habla de un camino seguro hacia una crisis social si no son abandonados estos lineamientos que profundizan el desempleo, el cierre al por mayor de pequeñas y medianas empresas y el aumento de la precariedad laboral. Las autoridades locales lo vienen confirmando al informar sobre el gran incremento de los juicios laborales. El reciente despido de 73 trabajadores en el Parque Industrial y la segunda tanda de cesanteados del Senasa no hacen más que confirmar ese cuadro ominoso.
Para peor, siguiendo las exigencias del FMI el gobierno nacional reducirá drásticamente las transferencias de recursos a las provincias, con lo cual no habrá rincón en el país que se salve de los efectos devastadores del ajuste que se intensificará siguiendo el mismo rumbo que el macrismo ya inició con entusiasmo.

Campaña sucia
La empresa Cambridge Analytica vuelve a ser noticia por sus vínculos con nuestro país. Se trata de la compañía que está siendo investigada por su participación en las elecciones de EE.UU. mediante la manipulación de datos personales de la red social Facebook y la instrumentación de “campañas sucias” en favor del actual presidente Donald Trump.
En marzo se conocieron aquí informes del Canal 4 de Gran Bretaña acerca de la participación de esta empresa en varios países del mundo, entre ellos Argentina, dato reconocido por sus propios ejecutivos. Ahora se viene a confirmar esa presencia a través de un interrogatorio a uno de los ex Ceos de Cambridge Analytica por parte de una comisión investigadora del Parlamento británico. El empresario tuvo que reconocer, forzado por las evidencias que los parlamentarios le presentaron, que la empresa trabajó en el armado de una “campaña antikirchnerista” durante el gobierno anterior. Si bien no reveló el cliente que contrató sus servicios, del interrogatorio surge nítidamente que se trató de un “partido de la oposición”.
No hay que ser demasiado perspicaz para inferir quién contrató a CA. Son muy pocas las organizaciones políticas argentinas que pueden solventar los elevados costos que implica la contratación de una consultora de esta magnitud que operó para el triunfo de Trump en EE.UU. y el del Brexit en Inglaterra.
La campaña agresiva que se abatió sobre el gobierno kirchnerista en el último tramo de su mandato, con el evidente propósito de desgastarlo, contó con infinidad de medios y se podía advertir que formaba parte de una operación orquestada. Hoy queda claro que hubo un comando unificado que dirigió esa furiosa batalla mediática y que hubo un claro beneficiado. Todos los caminos conducen a Roma.