De aquel debate a estos problemas

Entre las múltiples causas que han generado el colapso hidráulico de la ciudad de Santa Rosa se encuentra el ingreso de enormes volúmenes de agua proveniente de una cuenca extraña. Ese factor no fue evaluado convenientemente cuando se proyectó el acueducto del río Colorado y así lo acaba de reconocer un geólogo de larga experiencia en materia de estudios de suelos. En una entrevista publicada ayer por este diario, el profesional habló de las serias dificultades que hoy afrontan los edificios altos de la ciudad por la invasión del agua en sus cocheras, ascensores y cimientos a causa del ascenso de la napa freática.
En un tramo del diálogo el geólogo se preguntó si “era necesario ir hasta el río Colorado a buscar el agua cuando había fuentes más cercanas para abastecer a Santa Rosa”. La duda es pertinente porque aborda no solo la cuestión económica sino también la ambiental. Se promovió el ingreso masivo de un caudal de agua constante, proveniente de un río ubicado a centenares de kilómetros de distancia, y se descuidaron otras medidas que podrían haber contribuido a evitar el desastre que hoy padece la ciudad (políticas de racionalización del uso, no eliminación de los bombeadores, mantenimiento adecuado de las redes de agua y cloacal, etc.). “Nadie evaluó el impacto ambiental que produciría importar semejante cantidad de agua”, sostuvo el profesional tocando un punto crítico del grave problema que afecta a la ciudad.
Estas reflexiones de una persona que conoce como pocos lo que sucede en el subsuelo santarroseño porque es materia de su trabajo profesional resultan muy oportunas para recordar el debate que tuvo lugar hace veinte años cuando el gobierno provincial de entonces presentó el proyecto del acueducto del río Colorado como la solución “definitiva” a los “problemas del agua” en el este provincial. En ese momento de euforia oficialista por el anuncio de la gran obra que -encima- iba a ser financiada por Nación, solo se levantaron tres voces para advertir sobre los riesgos ambientales: la Fundación Chadileuvú, el Consejo Profesional de Ciencias Naturales y LA ARENA.
Desde el gobierno se desconocieron las advertencias y llovieron las descalificaciones para quienes fueron tratados como los “aguafiestas”, los que “ponen palos en la rueda del desarrollo pampeano” y muchas otras demostraciones de “cariño”.
¿Qué señalaban esas tres voces? Apenas lo que recomendaban los especialistas más reconocidos en la materia: hay que estudiar, evaluar y debatir a conciencia y en profundidad cuando se busca transportar grandes volúmenes de agua de una cuenca a otra porque el resultado no es inocuo y puede provocar graves consecuencias ambientales. Ni más ni menos que lo que terminó sucediendo como hoy lo pone de manifiesto un profesional con credenciales para hablar con autoridad.
Luego vendrían muchos otros problemas e irregularidades en la adjudicación y construcción del acueducto que hoy también estamos pagando con roturas semanales o poco menos. En síntesis: hubo advertencias oportunas y fundamentadas que fueron desoídas. Gran parte de los problemas de hoy se originaron en aquellas decisiones de ayer.