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De espaldas al país

Mendoza continúa boicoteando la posibilidad de alcanzar un desarrollo regional armónico e integrado de la gran diagonal desértica argentina. Buena parte del territorio nacional, mucho más de la mitad, corresponde a áreas con muy pobre presencia de agua, tanto en lo que se refiere a precipitaciones pluviales como a cuerpos de agua superficiales. Por tal motivo la explotación racional y compartida de los escasos recursos hídricos disponibles resulta indispensable para alcanzar niveles de desarrollo equilibrados. Cuando ese objetivo se olvida surgen las asimetrías entre regiones pujantes y otras sumidas en las carencias.
La Pampa puede dar fe de ese grave problema. Un siglo atrás, la cantidad de habitantes que residían en las poblaciones mendocinas y pampeanas -ubicadas al norte y al sur del paralelo 36 respectivamente- eran similares. Cuando Mendoza se apropió del Atuel la evolución demográfica a uno y otro lado de aquel límite se distanció brutalmente. Mendoza se quedó con toda el agua y pudo crecer tanto demográfica como económicamente; La Pampa fue despojada de su río y la catástrofe ambiental subsecuente provocó una sangría de pobladores descomunal y secuelas económicas imposible de disimular.
Con la activación del proyecto del embalse El Baqueano sobre el río Diamante se profundizarán estos desequilibrios. Los trabajos preliminares encarados por el gobierno mendocino para avanzar con esa obra fueron anunciados recientemente sin que hubiera una sola consulta al gobierno pampeano a pesar de que se trata de una cuenca compartida. El Diamante descargaba sus aguas en el Atuel hasta que fue desviado por acción humana. Ambos ríos pertenecen a la enorme cuenca del Desaguadero-Salado-Chadileuvú-Curacó, la más grande desarrollada íntegramente en el interior del territorio argentino.
Nada hace pensar que la represa que plantea el gobierno mendocino sea manejada -si se llegara a concretar en el futuro- en forma diferente a Los Nihuiles. De paso, lo mismo cabe para el otro proyecto en danza: Portezuelo del Viento. Los incontables reclamos de La Pampa para hacer valer sus derechos sobre el agua del Atuel siempre cayeron en saco roto en la vecina provincia. Hace casi un año la Corte Suprema de Justicia dictaminó que debe ingresar un caudal del río a La Pampa y, aún así, Mendoza actúa como si nada hubiera pasado.
La clase dirigente mendocina padece una notable discapacidad que le impide ver que su provincia forma parte de un todo mayor, y que esa circunstancia le ha reportado no pocos beneficios. De hecho, Los Nihuiles fueron financiados por Nación y el cuestionado proyecto de Portezuelo sería inviable sin esa fuente de recursos. Todavía más: el desarrollo de la vitivinicultura, actividad económica central en Mendoza, es deudora de decisiones nacionales que le otorgaron a la provincia indudables ventajas comparativas con respecto a otras jurisdicciones. Y por si no bastara, en estos días su principal industria metalúrgica acaba de ser salvada de la bancarrota con dineros del Estado nacional.
Aquella amenaza proferida por un exgobernador mendocino de «separarse de Argentina» puede, y debe, tomarse como una baladronada, pero sería de necios ignorar el fondo que la sostiene: una concepción plena de mezquindad comarcal y una ausencia absoluta de compromiso con un destino común nacional.