De movida, Macri y Malcorra hicieron graves concesiones a Londres

COMUNICADO CONJUNTO Y DISCURSO EN ONU DEJARON MUCHO QUE DESEAR

El debut de Macri como presidente en la ONU no pudo ser más flojo. En un tema nacional por excelencia, Malvinas, no puso como asunto central el reclamo de soberanía. El comunicado conjunto de Malcorra con el vicecanciller inglés, deplorable.
EMILIO MARIN
En enero pasado Mauricio Macri viajó a su ámbito preferido, el Foro Económico Mundial de Davos, y volvió muy contento porque además de promesas de inversiones se había sacado una foto con el premier británico, David Cameron. Eso era parte esencial de los objetivos del gobierno del PRO-Cambiemos: atraer inversiones millonarias, que aún brillan por su ausencia, y reanudar el vínculo amistoso con el Reino Unido, superando las tensiones de doce años de kirchnerismo.
No se le debe echar la culpa a Macri, pero su saludo enyetó a Cameron; a fines de junio anunciaba su renuncia, luego de la derrota en el referéndum sobre la salida de la Unión Europea.
Sin aflojar en su afán pro británico, el jefe de Estado viajó a China, a la reunión del G-20. Otra vez quería atraer inversiones millonarias y reunirse con la sucesora de Cameron, Theresa May. El saldo fueron nuevamente palabras y promesas; planes concretos sólo fueron aportados por China. La entrevista con May no pudo ser. La mujer debía tener asuntos más importantes que atender y quería hacerlo esperar al argentino un tiempo más, para sacarle concesiones extras. En Hangzhou el ex presidente de Boca no pudo sentar a la británica ni a tomar un té.
La cancillería argentina, en tren de explicar esa falta de sintonía, dijo que muy posiblemente tuvieran el demorado encuentro en la 71° Asamblea General de la ONU, el 20 y 21 de septiembre.
Susana Malcorra hizo todo lo que pudo para que la contraparte accediera a ese diálogo porque su jefe político le había puesto esa tarea de reconciliación con Londres. También le importaba algo personal: es candidata a secretaria general de la ONU, de la que Ban Ki moon ya empezó a despedirse. La ex directiva de IBAM y Telecom viene remando de muy atrás, al punto que los analistas consideran que no tiene demasiadas chances de alcanzar al favorito, el portugués Antonio Guterres, pero ella gastará sus últimos cartuchos. Y necesitaba que el Reino Unido la votara y además le consiguiera otros votos necesarios.
De allí que Malcorra viajara a la capital británica a principios de mes a una reunión de la ONU y desde allá hiciera declaraciones favorables a ese reencuentro con las autoridades inglesas a propósito de Malvinas. Dijo que se podían alcanzar acuerdos de viajes comerciales y negocios en hidrocarburos, temas que iba a continuar platicando con el vicecanciller británico, Alan Duncan, en Buenos Aires.

Comunicado del 13.
Duncan llegó acompañado de cuarenta ejecutivos para participar del Foro Internacional de Inversión y Negocios en Argentina, apodado el “Mini Davos”. El evento se inauguró el 13 de septiembre, con 800 gerentes de multinacionales venidos del exterior y otros mil colegas locales, que en muchos casos representan a esas compañías globales.
Malcorra y Duncan hablaron en uno de los tantos paneles. Luego se reunieron en cancillería y firmaron un comunicado donde tuvo activa participación el vicecanciller Carlos Foradori. Los críticos de la pieza señalaron que Foradori ya estuvo implicado en una política de concesiones a los británicos en 1999.
Lo cierto es que el comunicado de Malcorra y Duncan fue fechado el martes 13 y allí se comprometían a “adoptar las medidas apropiadas para remover todos los obstáculos que limitan el crecimiento económico y el desarrollo sustentable de las Islas Malvinas, incluyendo comercio, pesca, navegación e hidrocarburos”.
Ambos gobiernos “acordaron que serían establecidas conexiones aéreas adicionales entre las Islas Malvinas y terceros países con el establecimiento de dos escalas adicionales mensuales en territorio continental argentino, una en cada dirección”. Como se sabe, hay una sola parada al mes en Río Gallegos, de un vuelo de LAN que arranca de Chile. Una mayor conexión, siempre y cuando no se excluya a Aerolíneas Argentinas, podría ser un aspecto positivo.
Otro tanto con el punto referido al “pleno apoyo al proceso de identificación de ADN con relación a los soldados argentinos no identificados sepultados en el cementerio de Darwin”. Trabajaría allí el Equipo Argentino de Antropología Forense, de bien ganado prestigio, para identificar a los 143 soldados sepultados como NN.
El problema es el precio a pagar por esos puntos que pueden ser favorables. ¿En qué medida estos avances pueden servir para recuperar algún día ese territorio usurpado hace más de 183 años? Y allí está el quid de la cuestión. La parte argentina no reclamó la soberanía, sólo se hizo mención que esa es una cuestión pendiente. Se la dejó abajo de un paraguas, supuestamente protector pero también petrificado e inmóvil. No puede salir de allí. Esa teoría de la umbrella o paraguas ya fue empleada por Carlos Menem y su canciller Domingo Cavallo, al restablecer las relaciones diplomáticas con el Reino Unido. De allí que el comunicado de nuestra canciller y su visitante, reivindicando esa política tan poco malvinera, afirmara que “la fórmula de soberanía del párrafo 2 de la Declaración Conjunta del 19 de octubre de 1989, se aplica al comunicado conjunto y a todas sus consecuencias”.
En ese marco es aún más grave la concesión a los ingleses cuando se pacta “remover todos los obstáculos” incluyendo comercio, pesca, navegación e hidrocarburos.
Quiere decir que en el mejor de los casos Argentina compartiría sus recursos naturales y riquezas, depredadas por casi dos siglos, con otros dos socios indeseables: el gobierno británico y los kelpers.

Muy grave.
Ese comunicado provocó repudios de un amplio espectro político y social. Se descontaba el rechazo de organismos de derechos humanos, centros de ex combatientes, legisladores opositores, partidos de izquierda y gremios con conciencia de clase y nacional, artistas, etc. Esa ola llegó con declaraciones, solicitadas y pedidos de reunión de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados, entre otras varias exteriorizaciones. La ex presidenta se hizo oír, diciendo que el gobierno debería recordar el mandato constitucional que establece la recuperación de las islas Malvinas y el ejercicio pleno de la soberanía como objetivos irrenunciables del pueblo.
CFK planteó, sobre los negocios petroleros adelantados por Malcorra, que “no nos queda claro si el presidente Macri se apresta a derogar o a violar la Ley de Hidrocarburos y su modificatoria, que prohíben la explotación ilegal de petróleo en plataforma continental argentina y establecen las sanciones pertinentes”. En efecto, hay leyes que sancionan esa explotación ilegal alrededor de Malvinas; con multas e incluso con cárcel a los empresarios involucrados. ¿Ahora el país convalidará esa explotación y tomará parte de los emprendimientos?
Tampoco se salvará de esa entrega el sector antártico. El comunicado conjunto dijo que “se evaluaron las áreas de posible cooperación en materia antártica, incluyendo intercambios, actividades conjuntas y acuerdos entre los programas científicos del Instituto Antártico Argentino (IAA) y el British Antarctic Survey (BAS)”.
Los cuestionamientos no se agotaron en ese espectro democrático y opositor. Incluso en la UCR y sobre todo en la Coalición Cívica de Elisa Carrió hubo críticas muy duras. Los cívicos declararon que lo firmado “sólo contribuye a afianzar la presencia ilegal del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte en las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y las aguas circundantes, que forman parte del territorio nacional argentino”.
Algún ingenuo podría pensar que todo fue una mala jugada de Malcorra. No es así. El presidente Macri en la 71° Asamblea de la ONU planteó lo de las islas en forma tibia y tenue. Textualmente, pidió “solucionar amigablemente la disputa de soberanía, que tenemos -hace casi dos siglos- por las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes. Hemos dado muestras de interés en avanzar en nuestra relación bilateral, que puede y debe ser mutuamente beneficiosa. Por eso confiamos, también, que será posible activar una solución definitiva a este prolongado diferendo”.
Esa desmalvinización ofende a los argentinos, en especial a las familias de los 649 caídos en 1982, pero también descoloca a tantísimas naciones que apoyaron esta causa en Mercosur, Unasur, Celac y el Movimiento de Países No Alineados.
Si Macri pensó que con esa declaración de amor iba por fin a reunirse con la primera ministra, se equivocó. May lo saludó, sin foto ni reunión, en el almuerzo. Como el presidente habla inglés, tuvo un par de frases, invitándola a dialogar por Malvinas. Luego aseguró al periodismo que la premier había aceptado hablar del tema soberanía, una falsa conclusión que Malcorra debió salir a desmentir rápido, para evitar un papelón mayor.
O el inglés de Macri es muy deficiente o su subjetividad por un acuerdo a cualquier precio lo está traicionando. Ya hizo muchas concesiones a la bolsa de Londres al designar como ministro de Energía a un ex CEO de Shell, la petrolera anglo-holandesa con sede corporativa en esa ciudad. Lo suyo es coherente: negocios con Shell en el continente y con otras petroleras británicas en las islas.

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