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Declinación de EEUU y ascenso de China

EL PODER GLOBAL EN TRANSICION

China es hoy el centro de la recuperación económica
internacional y el eje Asia-Pacífico el núcleo desde
donde se impulsa la reconfiguración del poder mundial.
La declinación de EEUU es el dato central del período.

EDUARDO LUCITA*

Avanzando varios casilleros en medio de la pandemia China tracciona una inestable recuperación económica global. Su PBI (15 billones de dólares) habría crecido 2,4% en el 2020 y se estima lo hará un 8,1% este año. Mientras que el PBI estadounidense (23 billones) habría caído 3,6% y recuperaría un 5,1 este 2021.
Investigadores del Centro de Economía Empresarial con sede en Londres pronostican que la potencia asiática crecería un promedio de 5,7% anual entre 2021 y 2025, mientras que EEUU lo haría al 1,9 entre 2022 y 2024 y bajaría luego al 1,6. Así estiman que la brecha entre las dos potencias no solo se irá achicando sino que en 2028 la economía de la República Popular sería la mayor del globo. No obstante estos avances los niveles de productividad chinos son aun inferiores a los que muestran Alemania, Japón o EEUU, y si bien es muy superior la actividad académica y de investigación en nuevas tecnologías la brecha a favor de las economías avanzadas persiste aún.
Claro que todas las estimaciones dependen de la distribución y eficacia de las vacunas y de la continuidad de la asistencia fiscal.

Avances en varios frentes.
La República Popular es desde el 2019 el primer socio comercial de Europa y su intercambio (740 mil millones de dólares anuales) es el mayor del mundo. Cuando el 2020 expiraba, la UE y China dieron a conocer un acuerdo que garantizará reciprocidad en cuanto a la protección de inversiones y mejorará el acceso a los mercados de ambas economías. El acuerdo es el más importante y ambicioso firmado por China hasta ahora y va más allá de sus contenidos económico-comerciales.
Para la UE (pos-Brexit) satisface objetivos planteados desde hace tiempo: a) que se respete la propiedad intelectual de sus empresas, b) mejorar su posicionamiento para negociar con EEUU y c) jugar un rol en la economía mundial haciéndose un lugar entre las dos potencias. Por su parte la República Popular obtiene el acceso a los mercados europeos y se asocia con un aliado histórico de los EEUU, sobre todo avanza en cierta estabilidad en las relaciones de fuerza entre las potencias mundiales.
Pocos días antes del anuncio el ahora asesor en Seguridad Nacional de EEUU manifestó que «la nueva administración vería bien mantener consultas con los socios europeos sobre las prácticas económicas de China». No en vano Joe Biden había pedido suspender la firma de ese acuerdo hasta tanto él asumiera como presidente. Europa, empujada por Alemania, no lo esperó.
Este acuerdo se suma al suscripto a mediados de noviembre pasado con los 10 países miembros de la «Asociación de Naciones del Sudeste Asiático» (ASEAN) al que se agregaron Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda. Como se informara oportunamente desde esta misma columna, es un salto cualitativo que convertirá a este bloque en la mayor zona de libre comercio del mundo (30% del PBI mundial, 28% del comercio global), que tendrá un impacto que superará lo regional (se espera un futuro ingreso de la India y también de países latinoamericanos).
Todo se complementa con la iniciativa «Una franja una ruta» (conocida como la «Nueva ruta de la seda»). Un plan global que buscar incentivar su expansión comercial y su influencia participando en construcciones viales y energéticas, haciéndose cargo de la gestión de puertos estratégicos.

Los vacíos se ocupan.
Suele decirse que la política no soporta el vacío, viendo los movimientos que realiza la potencia asiática este concepto bien puede extenderse a la economía internacional. China va ocupando espacios dejados vacante por la política de la administración Trump. Podría decirse que es una aceleración de la tendencia ya de varias décadas de transición del modelo anglosajón (EEUU-Gran Bretaña) al asiático/pacífico (China y el sudeste asiático) que arrastra a Europa.
China es hoy una potencia industrial y el primer exportador de productos manufacturados, es también el principal acreedor de EEUU. Su PBI, medido por paridad del poder adquisitivo, sería ya el mayor del mundo. Muestra también la tasa de reducción de la pobreza más importante de la historia humana, al mismo tiempo que crecen las desigualdades sociales y es el primer país en emisiones contaminantes.

El imperio.
La contracara es la declinación de EEUU. Este proceso de larga data es central para comprender la escalada de China en los últimos cuatro años. El debilitamiento de la hegemonía norteamericana en el mundo es la expresión de lo que viene pasando dentro del imperio. El asalto al Capitolio del 6 de enero hizo emerger los conflictos de clase, raciales, étnicos, de género e ideológicos que atraviesan la sociedad norteamericana. Puso en evidencia como las élites surfean sobre esas fracturas múltiples. Dejó en claro también que el régimen de la democracia liberal, justamente en el país que se autoconsidera su «cuna», cuyo objetivo central es proteger a las élites políticas y económicas, está en crisis y que esa crisis se expande por todo el mundo occidental.
La administración Biden se propone recuperar liderazgo internacional, pero primero debe recomponer la situación política y económica interna, incluso siguiendo algunas políticas de la administración Trump. Necesita tener más cohesionado el frente interno para iniciar la recuperación en el plano internacional. Está obligado a recomponer relaciones con sus aliados históricos, fundamental para mantener la debilitada hegemonía del imperio. Mientras tanto ha regresado al acuerdo climático de París y a la OMS al mismo tiempo que ha renovado los ataques a Venezuela y demora su reincorporación al pacto nuclear con Irán.
El poder global está en acelerada transición. EEUU, Asia/Pacífico y Europa juegan sus fichas en lo que no será un proceso rápido. Aún no hay condiciones para sustituir la hegemonía de un imperio en declinación.

*Integrante del colectivo EDI (Economistas de Izquierda).