domingo, 22 septiembre 2019
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¿Dejaremos atrás al neoliberalismo?

Las tres experiencias neoliberales que ha padecido la sociedad argentina dejaron idéntico saldo: más desempleo y pobreza, destrucción del aparato productivo, más desigualdad entre ricos y pobres y, como frutilla del postre, más deuda externa. Con relación a esta última cuestión puede recordarse que el primer gobierno neoliberal, que llegó al poder con el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, recibió el país con una deuda de 7 mil millones de dólares y lo dejó con 45 mil. Ese crecimiento sideral fue el que inició el vía crucis de la Argentina bajo el reinado de las finanzas globales que comenzó, no casualmente, en aquella década con una medida clave, y hoy casi olvidada, del gobierno de EE.UU. bajo Richard Nixon: la ruptura del patrón-oro, es decir, la liberación del dólar de su respaldo en un bien físico como lo es ese preciado metal. Con ese paso crucial el capitalismo productivo comenzó a ceder frente al especulativo y cambió de raíz la fisonomía de la economía mundial.
En dos etapas posteriores la Argentina volvió a «integrarse al mundo» -eufemismo muy utilizado por los ideólogos neoliberales- acatando pasivamente el recetario del «capitalismo de casino»: bajo los gobiernos sucesivos de Carlos Menem y Fernando De la Rúa y, ahora, bajo el de Mauricio Macri. Lo resultados, como se dijo, fueron los mismos, y en materia de endeudamiento externo, calcados. En ese sentido Macri fue el alumno más aplicado y superó con holgura a sus antecesores. Fue el que a mayor velocidad aumentó la deuda al pasarla del 35 al 100 por ciento del PBI en menos de cuatro años. Lo paradójico es que pudo hacerlo porque recibió un país desendeudado de su antecesora «populista» Cristina Kirchner.
Con semejantes antecedentes los economistas ortodoxos y los grandes medios de comunicación deberían haber aprendido. Pero no, fieles a los intereses corporativos que defienden, siguen agitando las banderas de siempre, buscando sembrar miedo y acusando a los gobiernos populares de no ser «confiables» para «el mundo» o «los mercados», otros eufemismos muy útiles para esconder los rostros verdaderos de los dueños del poder financiero local y global. Lo que nunca van a admitir es que los gobiernos «confiables», de ideología neoliberal, han sido y son los endeudadores compulsivos del país, mientras que los gobiernos populares han sido los pagadores, los que han tenido que arreglar los desastres cometidos en nombre de la libertad de mercado.
Hoy la Argentina volvió a tropezar con la misma piedra. Encandilado por promesas a todas luces incumplibles, el electorado de las clases medias se tragó el sapo y volvió a gemir bajo el peso de otro desastre económico, el tercero, de matriz neoliberal. ¿Habrá aprendido la lección? ¿Generó anticuerpos para evitar un nuevo ataque del virus del neoliberalismo? Son, quizás, las preguntas más relevantes a formular en estos tiempos. Porque de su respuesta dependerá que nuestro país pueda -o no- romper el círculo vicioso que nos condena a repetir la trágica historia del endeudamiento.