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Dejaron solo a Assange

LOS MEDIOS OCCIDENTALES PRIVILEGIARON SUS NEGOCIOS

Los grandes medios y los partidos políticos alineados con las grandes corporaciones de EE.UU. y el Reino Unido sirven a los intereses de la misma estructura de poder.
JONATHAN COOK
Julian Assange no está sometido a juicio solo por su libertad y su vida. Está luchando por el derecho a ejercer periodismo de investigación sin temor a ser detenido y extraditado a Estados Unidos. Assange se enfrenta a 175 años en una prisión de máxima seguridad porque, según la administración Trump, su revelación de los crímenes de guerra en Afganistán e Irak equivale a un acto de «espionaje».
Las acusaciones contra Assange reinterpretan el significado de «espionaje» de un modo peligroso. La publicación de pruebas de crímenes del Estado, como Wikileaks ha hecho, está protegida por la defensa de la libre expresión y del interés público. La publicación de pruebas procedentes de denunciantes de conciencia es parte central de cualquier periodismo que aspire a pedir cuentas al poder y a mantenerlo bajo control. Las filtraciones producidas por motivos éticos suelen ser una reacción al comportamiento deshonesto del ejecutivo, cuando el propio Estado empieza a trasgredir sus propias leyes.
Conscientes de que los periodistas podrían percibir dicha amenaza y unirse en apoyo de Assange, las autoridades de EE.UU. alegaron que su intención no era perseguirlo y negaron que fuera periodista. Por eso prefirieron acusarlo en función de la represiva Ley de Espionaje de 1917. Su propósito era aislar a Assange de otros periodistas.

Agachada del NYT.
Assange ya explicó esta estrategia en 2011. En aquel momento la administración Obama empezaba a buscar la manera de diferenciar a Assange de los medios liberales (como el New York Times y el Guardian) que habían publicado sus filtraciones, para que solo él pudiera ser acusado de espionaje.
Assange advirtió entonces que el New York Times había sentado un terrible precedente al legitimar la redefinición de espionaje asegurando (falsamente) al Ministerio de Justicia que solo habían sido receptores pasivos de los documentos de Wikileaks. Assange señaló: «Si he conspirado para cometer espionaje, todos los otros medios y sus periodistas también. Lo que hace falta es tener un frente unido en este asunto».
El trabajo de Wikileaks, una organización de trasparencia, no es ningún secreto: reveló crímenes que Estados Unidos deseaba mantener en secreto. Assange no ayudó a un Estado rival a obtener ventaja, hizo lo que se supone que los periodistas hacen en democracia: vigilar al poder por el bien de todos. Que es la razón por la que la administración Obama abandonó la idea de imputar a Assange. No había manera de acusarlo sin llevar también a juicio a los periodistas del New York Times, el Washington Post y el Guardian. Y tal cosa habría sido la aceptación explícita de que la prensa no es libre sino que está al servicio de quienes ostentan el poder.

Soltar la mano.
Solo por ese motivo, sería lógico imaginar que todos los medios de comunicación se rebelarían contra el atolladero en que se encuentra Assange. Al fin y al cabo, está en juego la práctica del periodismo.
Pero lo cierto es que, como Assange se temía, los medios de comunicación han decidido no crear «un frente único». Han mantenido un silencio prácticamente total. Han ignorado la terrible odisea de Assange a pesar de llevar meses encerrado en la prisión de alta seguridad de Belmarsh esperando las maniobras para su extradición por espía. El maltrato físico y mental que ha sufrido -tanto en Belmarsh como en la embajada de Ecuador- ya han cumplido su función: evitar que periodistas jóvenes deseen seguir sus pasos.
Aún es más sorprendente que los medios solo hayan mostrado un mínimo interés por lo que sucede en el juicio por extradición. Las pocas informaciones publicadas no han mostrado la gravedad del proceso. La cobertura detallada del juicio ha quedado restringida a un puñado de medios independientes y a blogueros.
La indiferencia de los grandes medios ante el juicio a Assange pone de manifiesto que practican muy poco el tipo de periodismo que inquieta a los intereses empresariales y del Estado y que desafía al poder real. Estos medios no sufrirán la suerte de Assange porque no pretenden hacer el periodismo en el que se especializaron Assange y su organización Wikileaks.

En el mismo lodo.
Los grandes medios de EE.UU. y Reino Unido ya no son más diversos y pluralistas que los partidos políticos financiados por las grandes empresas con los que se identifican. Estos medios reflejan los mismos defectos que los partidos Demócrata y Republicano de EE.UU.: fomentan el capitalismo globalizado y respaldan las guerras coloniales disfrazadas de intervenciones humanitarias. Los medios y los partidos políticos alineados con las grandes corporaciones sirven a los intereses de la misma clase dirigente porque están integrados en la misma estructura de poder.
Desde el inicio, Assange y Wikileaks amenazaron con alterar las amistosas relaciones entre la élite mediática y la élite política. A diferencia de los grandes medios, Wikileaks no depende del acceso a quienes detentan el poder para conseguir sus revelaciones, ni de los subsidios de multimillonarios, ni de la publicidad de grandes compañías. Wikileaks recibe los documentos secretos de los denunciantes de conciencia, y ofrece al público información sin edulcorar y sin mediación sobre las acciones de los poderosos (y de lo que quieren que creamos que están haciendo). Wikileaks nos ha permitido contemplar al poder desnudo, antes de que se vista de traje y corbata.

Breve luna de miel.
Solo durante un breve período la relación entre Wikileaks y los grandes medios liberales funcionó más o menos, porque estos últimos no están comprometidos con un periodismo sin mediación. El modelo Wikileaks creaba tensión entre la élite política y la mediática.
Los grandes medios podían responder de dos maneras ante la prometida revolución de Wikileaks. Una era respaldarla, pero eso no era sencillo porque el propósito de trasparencia de Wikileaks no se correspondía con la necesidad de los grandes medios de acceder a los miembros de la élite del poder. La otra era apoyar las iniciativas de la élite política para destrozar a Wikileaks. Una vez incapacitados Assange y su organización, las cosas volverían a ser como siempre en el negocio de la prensa. Los periodistas volverían a perseguir los chismes que se cuecen en los pasillos del poder y a conseguir «exclusivas» de los centros de poder.
Fox News continuaría consiguiendo exclusivas contra el partido Demócrata y MSNBC seguiría consiguiendo exclusivas contra Donald Trump y el partido Republicano. Así obtendrían un pedazo de la actividad editorial y no cambiaría nada importante. La élite del poder en sus dos sabores, Demócrata y Republicano, continuaría dirigiendo el circo sin variación. (Extractado de Counterpunch-Rebelión).