Derecho al trabajo

Si hay un parámetro que puede indicar -entre otros, por cierto- la calidad de vida institucional de una sociedad, ése el respeto a las minorías. En los últimos años se viene observando en nuestro país y en el mundo un proceso de reconocimiento de los derechos de las personas que no pertenecen a los colectivos mayoritarios. No se ha dado sin lucha y todavía falta mucho camino por recorrer, pero lo cierto es que se están logrando avances significativos y hoy las minorías religiosas, étnicas, sexuales, etc. están siendo visibilizadas y consideradas en sus derechos.
Argentina dio pasos decisivos que la ubicaron a la vanguardia del mundo con la sanción de las leyes de Matrimonio Igualitario en 2010 y de Identidad de Género en 2012. Esta última posibilitó que miles de personas de nuestro país modifiquen sus documentos para vincular su identidad de género a su autopercepción antes que a su genitalidad.
Sin embargo, en materia laboral persiste la discriminación y los colectivos de transexuales, travestis y transgéneros vienen luchando para superar estas barreras que los estigmatizan y los condenan a prostituirse para subsistir. Por eso adquiere especial trascendencia la ordenanza que sancionó el Concejo Deliberante santarroseño para establecer un cupo de ingreso laboral a estas minorías tan desprotegidas. Son muy pocas las comunas de todo el país que han avanzado con propuestas similares, incluso a nivel provincial todavía el Estado pampeano adeuda una medida similar, de ahí que esta resolución pionera del CD santarroseño adquiere tanta relevancia.
Las personas que integran el denominado colectivo trans sufren como pocas la discriminación laboral, por tal motivo muchas de ellas se ven obligadas a practicar la prostitución. Si bien todavía faltan derribar muchos prejuicios muy arraigados en la sociedad, este primer paso es un reconocimiento al derecho a un trabajo digno que tienen -o deberían tener- todas las personas tal como lo dice la Constitución.