Inicio Opinion Desarrollo con ecologismo

Desarrollo con ecologismo

Recién comienza el verano en el hemisferio norte y el termómetro quedó apenas tres décimas por debajo de los 50 grados en Canadá dónde fallecieron cerca de 500 personas debido a la ola de calor. Si el cambio climático demandaba especial atención de la gobernanza global en los últimos años, ahora será su centro; no habrá reunión de mandatarios, giras presidenciales o cumbres que sus agendas no estén absorbidas por la lucha contra las catástrofes climáticas.
Es la hora de la transición energética, la descarbonización de la economía y la protección de los ecosistemas, especialmente los bosques y humedales, los grandes reguladores del clima y de absorción de carbono. Sin embargo, economistas, colegas y compañeros dentro de la coalición de gobierno están embarcados en una lucha mayormente twittera contra los movimientos ambientalistas y ecologistas en nombre del desarrollo y la injusticia provocada por los países ricos, que habiendo apalancado su desarrollo en la destrucción de la naturaleza ahora nos impiden subir por esa misma escalera.
El Secretario General de las Naciones Unidas António Guterres lo dijo sin eufemismos el pasado diciembre en New York: «La humanidad está librando una guerra contra la naturaleza, esto es suicida, la naturaleza siempre contraataca y lo está haciendo con fuerza y furia, la biodiversidad está colapsando frente a nuestras narices, ecosistemas enteros están desapareciendo».
En este contexto sería un desacierto pensar que al desarrollo llegamos por la defensa sectorial de algunas industrias que están de salida y otras que vienen de la mano del dumping ambiental del norte global como regalos envenenados. Los movimientos ecologistas y ambientalistas no son anti-desarrollo, muchas asambleas ciudadanas que luchan por un territorio sin minería aurífera a cielo abierto entienden el rol del litio en la transición energética; su preocupación está centrada en cómo se va a transitar este camino y si efectivamente es uno de desarrollo, usualmente invocado como entelequia, o será uno de extractivismo de commodities por corporaciones extranjeras, sin participación en las cadenas de valor ni industrialización local, con concesiones de yacimientos sin límites temporales, cobrando miseras regalías por declaraciones juradas hechas por las mismas empresas; un sistema heredado de la década neoliberal menemista que ha probado en más de un cuarto de siglo en el que se viene desplegando en los territorios, que no trae desarrollo y deja fuertes pasivos ambientales y sociales.
La falta sistemática de planificación que arrastra nuestro país incentiva estos desencuentros entre los activismos ambientalistas, los que en su mayoría tendrían como interlocutor y espacio de militancia política a gobiernos nacionales y populares como el actual; y algunos funcionarios y economistas que en la defensa de un desarrollismo difuso y anacrónico están alienando uno de los movimientos sociales, electorales y ciudadanos mejor articulados y de mayor crecimiento en nuestro país y en el mundo.
La infraestructura para la transición energética y de electromovilidad global necesitan desesperadamente de litio, cobre, cobalto, níquel y manganeso entre otros recursos; y a pesar de ser dueños de gigantescas reservas de estos; el futuro nos agarró sin un plan. Las elites provinciales del Norte Grande vienen negociando las reservas litiferas por el mundo, mientras que la petrolera estatal que estrenó YPF-litio la semana pasada sigue viendo los yacimientos de la Puna todos concesionados tan inaccesibles como si estuvieran en Mongolia. La confrontación entre desarrollo y ambientalismo existe en mentes y visiones binarias de la realidad; un desarrollo sin ecologismo, soberanía sobre nuestros recursos naturales y una empatía por el destino de la naturaleza está destinado al fracaso. (Por Nicolás Gutman/Página 12)