Inicio Opinion Destruyendo con esmero

Destruyendo con esmero

El gobierno de Mauricio Macri no cesa de provocarle daño a la sociedad argentina. Cuando asumió, en diciembre de 2015, el nivel de desocupación que recibió como parte de la «pesada herencia» era del 5,9 por ciento, el más bajo en muchas décadas; en apenas tres años esa cifra poco menos que se duplicó al llegar al 10,1, la más elevada de los últimos 13 años.
Esa facilidad para destrozar los índices sociales en un tiempo tan breve será de lo que hablarán los argentinos en el futuro cuando este gobierno sea solo un mal recuerdo; aunque en este dramático presente la destrucción de las fuentes de empleo sea uno de los efectos más nocivos como este dato que hoy aporta el Indec lo viene a corroborar. Semanas atrás había llegado una advertencia lapidaria cuando desde la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios expresaron que 50 Pymes por día cerraban sus persianas por causa de la crisis económica y el plan fondomonetarista.
Semejante empeño puesto al servicio de la destrucción del aparato productivo nacional no tiene parangón en la historia de nuestro país. Con la misma receta neoliberal como estandarte, al tándem Menem-De la Rúa le demandó doce años en llevar el país al abismo. Macri está acercándose a pasos agigantados a aquel «logro» pero a una velocidad muy superior al punto de que, si el voto popular le permite seguir en la Casa Rosada un nuevo mandato, es casi seguro de que en la mitad de aquel período va a lograr los mismos resultados, o aún peores.
Además debe tenerse en cuenta un dato nada menor. Al asumir su gobierno, Carlos Menem había recibido de Raúl Alfonsín un país sometido a una fuerte crisis económica; en cambio Mauricio Macri comenzó su gestión en condiciones muy diferentes: la menor desocupación en cuarenta años, una deuda externa que apenas rozaba el 40 por ciento del PBI y los salarios más altos de América Latina. Tuvo que esmerarse mucho para lograr semejante nivel de devastación en tan poco tiempo y superar en «eficiencia» a sus dos antecesores neoliberales. Ahora se comprende mejor las calurosas felicitaciones que no dejan de llegarle desde el FMI de Christine Lagarde y la Casa Blanca de Donald Trump.
Un ejercicio de memoria resulta oportuno hoy. Pocos días antes de asumir el gobierno, el macrismo armó un acto muy original para presentar a los miembros del gabinete que acompañaría al flamante presidente de la Nación. En un coqueto parque de la Ciudad de Buenos Aires se desplegó un vistoso acto y se acuñó aquella frase inolvidable: los convocados por Mauricio Macri llegaban para prestar sus servicios a la Patria bajo un título de alto impacto: «el mejor equipo de los últimos 50 años». Pero en apenas tres demostraron que esa pomposa presentación escondía lo mismo que las promesas de campaña. Por debajo de tantas luces y anuncios rutilantes -pobreza cero, creación de empleo de calidad, bajar la inflación, no pago de Ganancias para los trabajadores, construcción de miles de jardines de infantes, un millón de créditos para viviendas, unir a los argentinos, etcétera- se escondía un plan de gobierno que iba a encaminarse en dirección opuesta a aquellas palabras.