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Deuda: «desensillar hasta que aclare»

PRONOSTICAN QUE EL CRECIENTE ENDEUDAMIENTO HUNDIRA A LA ECONOMIA GLOBAL

Son muchos los economistas en todo el mundo que proponen una moratoria generalizada de las deudas externas ante la profunda crisis desatada por la pandemia de coronavirus.
ATILIO BORON
Tengo la impresión que nuestro gobierno al igual que muchos sectores no gubernamentales subestiman la magnitud de la crisis económica actual. Es comprensible que eso lo haga la derecha, y es el mensaje que transmiten sus compinches mediáticos. Para ellos la crisis es un momentáneo traspié producto de la cuarentena a la cual se oponen en nombre de los derechos individuales.
Confunden a sabiendas la causa con el remedio y entonces el culpable es éste, no el virus. La evidencia que optan por desconocer demuestra que el bajón económico venía de antes, de la irresuelta crisis de las «hipotecas subprime» de los años 2007-2008, que fue el disparador de la recesión mundial hasta finales del 2015 para después dar lugar a una leve e insuficiente recuperación.

Proponen moratoria.
Lo que hizo la pandemia fue profundizar, vertiginosamente, las contradicciones que se agitaban en el seno del sistema capitalista y corroer las bases de su precario restablecimiento. En Estados Unidos más de 47 millones de personas tramitaron el módico y transitorio seguro de desempleo. No muy diferente fue el comportamiento en casi todos los demás países. Los pronósticos (conservadores) del FMI para las economías más desarrolladas prevén para este año una caída entre el 8 y el 13 por ciento del producto, cifras que con ligeras variantes se anticipan para los países de la periferia del sistema. La Argentina caería un 9.9 % mientras que en Brasil la caída sería de un 9.1 y en México el descenso sería del 10,5.
Dados estos antecedentes no sorprende que hayan comenzado a oírse con más fuerza las voces de economistas que proponen una moratoria generalizada de la deuda, tanto la soberana como la de los particulares. En ese sentido, y contrariamente a la opinión prevaleciente, la situación de la Argentina está lejos de ser una escandalosa excepción. Estados Unidos tiene una deuda pública que supera los 23 billones de dólares (o sea, 23 millones de millones de dólares), equivalente al 98% de su PIB. En el Reino Unido esta proporción asciende al 116%, al 126% en Italia, en Francia al 213%, en Holanda llega a 533% y en Irlanda al 780%. Por comparación, en China este guarismo apenas si llega al 13% y en Rusia al 40%. En Argentina fluctúa en torno al 85%.
James K. Galbraith, hijo del eminente economista John K. Galbraith, y profesor en la Universidad de Texas/Austin ha sido desde hace tiempo uno de los más ardientes defensores de la tesis del jubileo de la deuda. Según él, una vigorosa recuperación de la pandemia sólo será posible a condición de que se produzca una masiva anulación de la deuda. «La enorme maraña de deudas impagas que no podrán ser cobradas exigirá que el sistema financiero sea refundado desde sus bases», dice el economista.

Muchas voces.
Galbraith recuerda algunos episodios cruciales del siglo veinte y observa que, afortunadamente, los gobiernos aprendieron de los desastres ocasionados por la Primera Guerra Mundial cuando Alemania fue obligada a pagar una deuda exorbitante como «reparaciones de guerra.» Apenas pudo hacerlo en mínima parte y a poco andar interrumpió sus pagos al Reino Unido, Francia y Bélgica, los que a su vez dejaron de pagar sus propias deudas con Estados Unidos. Como Washington presionaba a Londres, París y Bruselas para que pagaran sus deudas éstos hicieron lo propio con Berlín. El resultado: un círculo vicioso de deudas incobrables que junto a otros factores terminó desatando la Gran Depresión y abriendo las puertas para el auge del nazismo y, tiempo después, la Segunda Guerra Mundial. Para Galbraith esas traumáticas lecciones hicieron que los gobiernos adoptaran una actitud diferente y que las deudas originadas por la Segunda Guerra Mundial fueran canceladas o licuadas.
Pero Galbraith no está sólo. Daron Acemoglu, economista del prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts escribió un artículo llamado «La gran limpieza de la deuda» donde analiza que la deuda global podría incrementarse exponencialmente a causa de la pandemia, desencadenando una cesación generalizada de pagos que hundiría a la economía mundial. En términos similares se expresa Bernard Hickey, un analista neozelandés, cuando sostiene que muchos temen que las deudas crezcan tan desorbitadamente como para «hundir a las economías y provocar una parálisis del sistema financiero global». En la misma línea se encuentra Michael Hudson quien titula un artículo: «Un jubileo de la deuda es la única manera de evitar la depresión».

Un mundo distinto.
Cuando se comienza a discutir la conveniencia de un jubileo global para salir de la crisis las autoridades argentinas deberían abrir un paréntesis en la negociación de su deuda externa. La gran incertidumbre que rodea al futuro de la economía mundial conspira contra la posibilidad de elaborar una estrategia realista y sustentable para hacer frente a los compromisos externos.
El mundo del mañana será muy distinto al que hemos conocido. Si se produjera una anulación generalizada de la deuda (o una refinanciación sine die) como ha ocurrido después de las dos grandes guerras del siglo XX, cualquier propuesta que hoy elabore el gobierno nacional terminaría girando en el vacío, o forzando al país a asumir gravosos compromisos en un ambiente financiero internacional muy distinto y cuyas nuevas reglas poco tendrán que ver con las conocidas antes del Covid-19. Por eso, la prudencia aconseja archivar el asunto y, como decía un astuto presidente argentino, «desensillar hasta que aclare». (Extractado de Rebelión).