Disparen sobre el fotógrafo

Día a día el macrismo se supera a sí mismo en materia de represión social. Ya no quedan dudas de que este gobierno nacional es el más represivo desde el retorno de la democracia solo superado por la etapa final del delarruísmo cuando se despedía del gobierno dejando un saldo de decenas de muertos.
Los dos fotógrafos apaleados y detenidos por la policía mientras cubrían una manifestación de trabajadores en la Ciudad de Buenos Aires se inscribe perfectamente en este clima de violencia estatal que ha inaugurado el gobierno de Cambiemos casi desde su asunción. Con solo ver las imágenes de los nuevos pertrechos que usan las fuerzas de seguridad, la gran cantidad de armamento antidisturbios adquirido en Estados Unidos e Israel y el despliegue de coreografías intimidantes alcanza para apreciar que la “doctrina Bullrich” ha alcanzado el rango de política de Estado.
Uno de los fotógrafos detenidos pudo registrar con su cámara el momento de la agresión y la serie de imágenes deja ver cómo es -primero- señalado por un policía y luego el mismo efectivo se le va encima atropellándolo. De inmediato es rodeado por otros uniformados con gran despliegue de violencia gratuita y subido a un celular. Casi doce horas estuvo antes de recuperar la libertad y en todo ese lapso no fue interrogado por el fiscal pues, en primer lugar, decidió tomarle declaración a los “guardianes del orden”.
Dos días antes el mismo reportero gráfico había estado cubriendo la protesta de los productores hortícolas en la CABA donde capturó con su cámara la represión policial contra los manifestantes. Una de las tomas -la anciana recogiendo berenjenas del piso rodeada de policías amenazantes- tuvo amplia divulgación y ya va camino a convertirse en una de las imágenes más representativas de estos oscuros años de neoliberalismo recargado.
El hecho incontrastable de haber sido “marcado” dos días después -también en una protesta en la vía pública- como atestiguan las imágenes de su propia cámara, habla a las claras de una suerte de represalia contra el trabajador de prensa por el pecado de haber expuesto con tanta crudeza -y eficacia- la violencia policial.
En un marco más amplio, este brutal incidente no puede escindirse de la animosidad que muestra el gobierno hacia los medios no adictos. A la distribución arbitraria de la pauta oficial debe sumarse la desaparición, por evidentes razones políticas, de conocidos periodistas televisivos; la detención sin condena de propietarios de medios de comunicación, hecho sin precedentes desde 1983; el hostigamiento más que evidente a un canal de televisión y la degradación que viene padeciendo el sistema de medios públicos.
Tampoco están desconectados de este clima sociopolítico los más de tres mil periodistas que han perdido su trabajo desde la llegada al gobierno del macrismo, tal como lo vienen denunciando las organizaciones gremiales.
Este cuadro de situación resume las condiciones en que debe ejercer su labor la prensa no oficialista y muestra una inquietante ausencia de autocontrol a la hora de elegir los métodos de disciplinamiento.