Disparen sobre la universidad pública

Si algo le faltaba al gobierno nacional para terminar de desnudar su mirada de clase con relación al sistema educativo, ese algo se evidenció en las recientes declaraciones de la gobernadora de la provincia de Buenos Aires y presunta candidata presidencial del macrismo para octubre de 2019. Como se sabe, en un almuerzo realizado en uno de los hoteles más exclusivos de la Capital Federal la mandataria cuestionó la acción del gobierno anterior por “llenar la provincia de universidades públicas, cuando todos sabemos que nadie que nace en la pobreza llega a la universidad”. Y para despejar toda duda en cuanto a su posición en la materia calificó a aquella política educativa del kirchnerismo como una “prioridad equivocada”.
Semejantes expresiones recogieron un fuerte rechazo por parte de vastos sectores de la educación y de la política nacional. Algunas voces recordaron aquella apuesta del gobierno -lanzada con el despliegue publicitario acostumbrado- de levantar miles de jardines de infantes y que finalmente quedó a mitad de camino al abandonarse las obras sin concluir. Los pampeanos pueden dar fe de esa frustración.
A través de las declaraciones de la gobernadora, desmentidas por las propias estadísticas oficiales, se puede ver que en ellas asoma un claro perfil de clase que pretende negar la movilidad social que caracteriza la relación población-casas de altos estudios. Pero además se inscriben en la línea trazada por Mauricio Macri quien, en plena campaña y a pocos días de la elección presidencial de 2015, se preguntaba: “qué es esto de universidades por todos lados”. Resulta evidente que muchos de sus votantes no alcanzaron a vislumbrar entonces el verdadero sentido de esta expresión y su carga de prejuicio contra la educación pública. Pero no fue un impulso aislado; ya en su rol de presidente no dudó en calificar como “una caída” el pasaje de los estudiantes desde la escuela privada a la pública
Lo cierto es que las diecisiete universidades nacionales creadas durante el kirchnerismo abrieron una perspectiva de evolución personal y socioeconómica para grandes sectores de la población argentina. En particular, las universidades del conurbano permitieron el acceso en forma masiva de una gran cantidad de jóvenes que representaron la primera generación familiar con posibilidades reales de acceso a la educación superior.
El discurso de la gobernadora tuvo ecos hasta en su propio partido y mucho más entre sus aliados radicales, quienes desde siempre reivindicaron a la universidad pública como una de sus banderas políticas. Pero también en el partido de Alem e Yrigoyen este hecho disparó fuertes críticas internas por parte de los sectores que no convalidaron la alianza electoral con el macrismo.
Por último, estas declaraciones vienen a reforzar la hipótesis que ya plantean muchos dirigentes políticos y hasta algunos periodistas cercanos al gobierno, en cuanto a que “el mejor equipo de los últimos 50 años” vive en un mundo ficticio muy alejado de la dura realidad concreta de la Argentina de nuestros días. Este desdén por el papel que cumple la universidad pública y su enorme arraigo en amplias capas de la sociedad viene a confirmar aquellas sospechas.