Dolores de la región ya no son de parto

PUNTO DE VISTA

Por Nelson Nicoletti *
Nos conformaba saber, por entonces, que la dura travesía que transitábamos los países de América del Sur eran parte de la necesaria transformación hacia mejores estadíos de bienestar para nuestros pueblos…decíamos que eran dolores de parto que sufría nuestra región para el nacimiento de nuevas realidades. Hoy parece que el dolor que agobia a los pueblos latinoamericanos no son de parto, sino de castigo por haber pretendido y haber logrado convertir en realidad algunos sueños y otras utopías. Que gobiernos populares, verdaderos representantes de las mayorías nacionales, hubieran podido revertir años de insolente humillación, engendró un odio inusitado en el poder y desenmascaró a los demócratas transitorios.
Participar de las asambleas del Parlamento del Mercosur, en Montevideo, son un ejercicio que nos presenta una realidad cada vez más angustiante. A la información de los directos voceros de cada país acerca de sus problemas, accedemos a los análisis económicos globales que invariablemente dan cuenta de las nuevas desventajas de nuestra región. Y comienzan a exhibirse sin pudores las verdaderas razones que desde la asunción del gobierno de Macri, potenciado por el arribo de Temer, caracterizan su gestión respecto a las relaciones con los países de América Latina. ¿Cómo les puede interesar cualquier forma de integración regional, si lo único que los anima son sus negocios? Costaba creer que fuera así, y hasta pensarlo parecía un exceso, pero el contexto general de este neoliberalismo conservador es básicamente egoísta, inhumano, y sectario. Y en la política de que cada cual se arregle como pueda…( como sucede al interior de Argentina, Brasil) carece de sentido un espacio en el que se discuta, se inventen soluciones a los problemas comunes o se comparta solidariamente lo que se obtenga entre todos.
No quiere Macri integración regional, ni le interesa. Lo que fue un sueño de los próceres latinoamericanos desde las guerras de la independencia, hasta los contemporáneos líderes populares, sencillamente no le importa, no le interesa. Para que los dolores sean de parto y no de castigo, habrá que abrir de nuevo una esperanza.

(*) Parlamentario del Parlasur