Donde debería aplicarse la “tolerancia cero”

TRABAJO INFANTIL

La noticia de que en Jujuy el gobernador Gerardo Morales habría permitido el trabajo de niños y adolescentes, prohibido por la ley, reactualizó el debate sobre la situación del trabajo infantil en Argentina, tanto en áreas urbanas como rurales.
IRINA SANTESTEBAN
Rápidamente, el primer mandatario jujeño negó en su red social Twitter que hubiera autorizado el trabajo infantil en empresas tabacaleras, mientras que la senadora nacional Silvia Giacoppo (Cambiemos, Jujuy) dijo que la información era “falsa” y que fue difundida por la oposición para “afectar el gobierno de Gerardo Morales”.
Giacoppo aclaró (Jujuy al Día, 13/11/2018), que la Ley Nacional 26390, de Prohibición del Trabajo Infantil y Protección del Trabajo Adolescente, permite el trabajo de adolescentes de entre 16 y 17 años de edad, y que en esos casos se certifica la autorización de los padres, que estén inscriptos en AFIP, que tengan aportes y obra social, con “jornadas reducidas y que no sean tareas riesgosas ni penosas”.

Niños laburantes.
Según la Encuesta de Actividades de Niñas, Niños y Adolescentes (Eanna) de 2017, hay en todo el país unos 715.484 niños y niñas entre 5 y 15 años que trabajan.
La mayoría de ellos no asisten a la escuela o lo hacen de una manera irregular, lo que conspira contra su rendimiento escolar y la finalización de los ciclos obligatorios.
No es lo mismo un niño o niña que llega a su casa de la escuela, tiene comida caliente y la posibilidad de jugar y divertirse, que otro que vuelve cansado por varias horas de trabajo, sea en la ciudad o en el campo, y a veces ni siquiera tiene una buena alimentación que compense ese esfuerzo inadecuado para su corta edad.
De la Eanna surge que de ese universo de niñas y niños que trabajan, hay un 5,7% entre la población urbana que no asiste a la escuela, mientras que en el ámbito rural el porcentaje equivale a 10,1%.

¿Costumbre o explotación?
No es nuevo en Jujuy la utilización de niños o niñas en el trabajo de las empresas tabacaleras, donde se aprovecha el trabajo “familiar”, pagando un salario al trabajador, que se hace “ayudar” por uno o varios hijos.
En junio de 2016, el diario El Tribuno denunció que el trabajo infantil estaba creciendo en Jujuy, tanto en el campo como en la ciudad.
La Comisión Provincial para la Prevención del Trabajo Infantil (Copreti), reconoció que en la Puna es habitual que los niños y niñas pasen el día en el campo cuidando los rebaños. Expuestos a las inclemencias del tiempo, a menudo se pierden o sufren algún accidente, sin tener a nadie que los auxilie.
En muchas comunidades y familias donde la cría de rebaños es su único sustento, el trabajo de los niños y niñas se encuentra naturalizado, pero la ausencia de políticas públicas para esos sectores, y situaciones de pobreza extrema, sin un Estado presente, perpetúa esa situación.

“No mata a nadie…”
Aunque Morales lo desmintió, el diario El Tribuno (08/11/2018) informó que hubo 45 autorizaciones laborales para adolescentes de entre 10 y 17 años, la mayoría en zonas rurales. Sus tareas habituales son: encañar y desencañar tabaco, desflorar, tareas en las plantaciones, de peón general, carga y descarga de estufas, etc.
El diputado provincial del interbloque Cambia Jujuy, que responde a Morales, Marcelo Nasif, dijo que: “En el campo los chicos ayudan a sus padres, en esas frágiles economías, y muy bien les vienen algunos pesos que hacen con el trabajo que sólo los chicos pueden hacer”.
En sintonía con el diputado nacional por Salta, Alfredo Olmedo, que pretende erigirse como el Bolsonaro argentino, Nasif dijo que el trabajo “no mata a nadie… Es bueno que todos aprendamos porque hay algunos que si de chicos ni ven una pala cuando la ven de grande se infartan” (Página 12, 15/11/2018). Sin palabras…
Sin embargo, la ley 26390 de protección del trabajo adolescente, prohíbe que niños de 10 años realicen tareas, aunque sean “livianas”. Sólo autoriza el trabajo de adolescentes de 16 y 17 años, en determinadas condiciones que deben ser controladas por las autoridades del Ministerio de Trabajo, y con autorización expresa de sus padres.

La ONU en contra.
Bajo la consigna “Todos Unidos contra el Trabajo Infantil”, las Naciones Unidas lo definen como “cualquier trabajo que es física, mental, social o moralmente perjudicial para el niño, afecta su escolaridad y le impide jugar”. Y expresa que muchos niños que trabajan no reciben alimentación ni cuidados apropiados, negándoles la oportunidad de ser niños.
Según la ONU más de la mitad de estos niños están expuestos a las peores formas de trabajo infantil como trabajo en ambientes peligrosos, esclavitud, y otras formas de trabajo forzoso, actividades ilícitas incluyendo el tráfico de drogas y la prostitución.
De acuerdo a estimaciones que fueron presentadas durante la Asamblea General de las Naciones Unidas (septiembre de 2017), hay en el mundo 152 millones de niños víctimas de trabajo infantil, de los cuales 72 millones están implicados en tareas laborales peligrosas, mientras que 24,9 millones de personas, entre ellas 4,3 millones de niños, son víctimas de trabajo forzoso.

Infancia sin oportunidades.
En 2017 se realizó en Buenos Aires la IV Conferencia Mundial sobre Erradicación Sostenida del Trabajo Infantil, organizada por el Ministerio de Trabajo de la Nación (hoy desaparecido y reconvertido en Secretaría), la Unicef y la OIT.
En el discurso de cierre el presidente Mauricio Macri ratificó el compromiso de la Argentina en la lucha por la erradicación del trabajo infantil: “Queremos que nuestros jóvenes estén estudiando, adquiriendo capacidades y que sean parte de este mundo digital con las herramientas necesarias para que puedan llevar a cabo sus sueños”. Y agregó para concluir: “Trabajando en equipo, vamos a crear las herramientas necesarias para que los chicos tengan mejores oportunidades”.
Sin embargo, los índices en crecimiento de la pobreza y la indigencia en nuestro país, hacen impracticable esos deseos, pues la población infantil es la más vulnerable en contextos de marginalidad social.
El Presupuesto 2019, con un recorte del 68% en los programas de Atención de la Madre y el Niño, augura una situación muy comprometida para la niñez, muy lejos de ese deseo de “mejores oportunidades”.
La canción “Cartonero” de Attaque 77 lo graficaba así: “…Y como no hay un peso para mandar a los chicos a estudiar, también los llevamos a cartonear, sino, ¿con quién los vamos a dejar?”.