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Dos caras de la misma moneda

La excepcional escasez de agua en la Cordillera de los Andes ha venido a ser corroborada por dos hechos distintos aunque complementarios. Por un lado fuentes oficiales de Mendoza han hecho pública la gran bajante de los embalses que reaseguran la economía agraria mendocina. Esos lagos artificiales están en un volumen muy inferior al que les correspondería en esta época del año. Los dos que más interesan a La Pampa -Nihuil y Valle Grande- llegaron a una situación que las autoridades cuyanas no vacilan en calificar como «grave»: apenas si alcanzan a poco más de un 20 por ciento de su capacidad total. Con semejante situación es obvio decir que ni una gota escurre hacia La Pampa. El organismo estatal que supervisa las tareas de riego reconoce que el agua no alcanza para la demanda y recomienda a los productores poner un especial cuidado en su uso. El sur mendocino, como se sabe, tiene una muy baja eficiencia de riego que, si mejorara, aseguraría caudales permanentes a nuestra provincia.
El problema es común a toda la región de los Andes Aridos y por ello también causa una justificada alarma en los cultivadores que se nutren del río Colorado, que sufre una espectacular bajante.
El segundo de los hechos considerados corresponde a declaraciones de la directora de Turismo de la ciudad de General Alvear, es decir, originadas en el sector oficial y son de una insolencia rayana en el agravio: «el objetivo turístico -expresó recientemente- es lograr que se pueda disfrutar del lugar en familia y lo puedan hacer propio, hacer como que el río Atuel es nuestro, vivirlo y defenderlo, diciendo que el río nos pertenece naturalmente porque está en la génesis misma del departamento».
Como se advierte el discurso es categórico y expresa con claridad la necia posición cuyana con respecto al carácter interprovincial del río. Sin embargo llama la atención el marcado contraste de este discurso con las declaraciones que formularan días atrás los regantes que ven amenazados sus cultivos por el impulso oficial a una minería sin control efectivo, circunstancia que llevó al gobierno provincial a una crisis política. Los regantes no sólo reconocieron que el Atuel es interprovincial sino que también reclamaron la solidaridad de los pampeanos en su condición de ribereños.
Estos acontecimientos obligan a pensar nuevamente en la ya antigua doble postura de los mendocinos en torno al recurso: negar la posesión pampeana en forma total o parcial según convenga a los intereses políticos del momento. La actitud de los regantes parece sincera, pero las palabras de la funcionaria, al provenir de una fuente oficial, obligan a una precaución fundada en la experiencia. Armonizan además con la antigua actitud mendocina -últimamente extendida también a otras provincias cuyanas- de avalar la preeminencia y la prepotencia de quienes están aguas arriba y desconocer todo derecho a los abajeños.
Quizás pensando en estas derivaciones fue que el gobernador pampeano advirtió que «en Mendoza piensan que el río, porque nace en su provincia, es de ellos», y lamentó «el autoritarismo hídrico de aquella provincia».
En definitiva, dos caras de una misma moneda.