Dos ejemplos que marcan diferencias

Todo un signo de época es la reacción que han manifestado dos grandes empresas multinacionales radicadas en nuestra provincia. Respondiendo al clima político-económico que caracteriza a nuestros días, con el país gobernado por una coalición política que representa a la perfección -como nunca antes- los intereses de las grandes corporaciones económicas, las dos compañías lanzaron señales que provocaron estupor en nuestro medio.
Camuzzi Gas Pampeana le envió una advertencia al Enargás expresándole que si no obtiene las tasas de ganancia que pretende “analizará” los proyectos de inversión, un eufemismo para señalar que los condicionará a la rentabilidad aspirada. En tanto Telecom, una de las gigantes de las telecomunicaciones, ya tendría en carpeta el futuro cierre de la sucursal santarroseña -y de otras ciudades del interior- a partir de una evaluación de “baja rentabilidad”.
Como se puede advertir a simple vista, las razones expuestas por ambos consorcios tienen la misma raíz económica. De sus propias expresiones queda claro que sus tasas de retorno no son lo suficientemente atractivas como para desempeñar normalmente sus actividades en nuestro medio.
Ambos casos son sumamente ilustrativos y deberían advertir a aquellos comprovincianos que todavía mantienen sus ilusiones con relación a los beneficios que para nuestro medio tienen las incursiones de esas megacorporaciones multinacionales. Todavía hay muchos que siguen relacionando esa presencia con una presunta “modernidad” o una ventajosa “inserción en el mundo”. En su descargo debe decirse que el gobierno nacional que está por cumplir un año de vida derramó una persistente campaña publicitaria que pudo haber confundido a muchos ingenuos.
Pero lo que sí confirma este caso -por oposición- es que en nuestra provincia se sigue demostrando que la asociación más provechosa para la prestación de servicios es la conjunción de Estado y cooperativas. La dupla conformada por la Administración Provincial de Energía (APE) y el movimiento cooperativista eléctrico es un ejemplo a nivel nacional. La Pampa está en condiciones de desafiar a cualquiera de sus provincias hermanas a que presenten un caso similar de eficiencia y conveniencia social y económica para los usuarios.
Esta larga experiencia debería comenzar a servir para extrapolarla a otros servicios. En beneficio de los pampeanos debe decirse que hace un cuarto de siglo desde el cooperativismo pampeano surgió la iniciativa de asumir la prestación del gas natural, que no prosperó porque en esos años el marinismo estaba íntimamente asociado al menemismo que promovía las privatizaciones como remedio a todos los males del país. Luego se comprobó que el remedio era, en verdad, veneno.
También las cooperativas hoy están avanzando en su propósito de incursionar en la telefonía celular. Es un camino muy arduo por los poderosísimos intereses que no están interesados en abrir las puertas de ese gran negocio a empresas locales, y menos si éstas son de economía solidaria. Ya con el kirchnerismo se interpusieron muchos obstáculos, es de imaginar que con el macrismo serán más grandes aún.
De todos modos, el solo hecho de ponerse en debate esta cuestión significa un paso adelante. Especialmente porque los dos casos que se exponen ahora son paradigmáticos en cuanto sirven para demostrar cuáles son los verdaderos intereses que terminan por definir las decisiones de las grandes corporaciones multinacionales que llegan para operar en nuestras tierras. Y qué distancia sideral existe entre ellas y las cooperativas locales que están constituídas -y conducidas- por los propios usuarios pampeanos. Mayor diferencia, imposible.

Compartir