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Dos modelos

El «modelo chileno» acaba de recibir otro duro revés. El número de contagiados y fallecidos por la pandemia de Covid-19 no para de crecer, rompiendo marcas todos los días. El sistema sanitario ha colapsado por causa del elevado número de enfermos que requieren atención poniendo con frecuencia a los médicos frente al «dilema de la última cama», es decir, ante la obligación perentoria de decidir quién podrá acceder a un respirador artificial y quién no.
Es tan grave el cuadro que vive Chile que ya empezó a oírse un clamor: trasladar enfermos a otros países, en particular a Argentina. Primero fue un diputado que integra la coalición gobernante y después una entidad médica: la Asociación Chilena de Medicina Intensiva los que plantearon esa opción. En uno de los casos el llamado adquirió el tono de súplica al mencionar la acuciante crisis humanitaria que sufre el país.
La pandemia ha tenido la inesperada facultad de mostrar con toda crudeza las grandes diferencias que presentan ambos países. Hoy la Cordillera de los Andes no divide solo a dos Estados nacionales sino también a dos modelos económicos. En el faldeo occidental de la gran cortina rocosa campea el neoliberalismo en su versión más radical. Pocos países del mundo adoptaron el recetario de la Escuela de Chicago y el Consenso de Washington con tanto entusiasmo. El experimento comenzó bajo la sangrienta dictadura de Pinochet pero a su finalización continuó con gobiernos civiles bajo la forma de la Concertación, una suerte de pacto por el cual los partidos políticos mayoritarios -el Socialista incluido- aceptaron adaptarse al cepo que dejó el dictador. Algunos cambios introducidos fueron mera cosmética y apenas rozaron los privilegios de la elite económica; tampoco tocaron las privatizaciones de los servicios públicos, salud y educación incluidos. Hoy los chilenos, como nunca antes, están sufriendo las consecuencias de no considerar a la salud como un derecho sino como un negocio.
Argentina no fue inmune a los embates del neoliberalismo. Incluso compartió con Chile la misma desventura: el desembarco de esa peste también ocurrió aquí bajo una dictadura genocida. Y a su término volvió a padecer dos veces más el mismo modelo económico pero ya bajo gobiernos electivos; el último recién finalizado. Sin embargo, y a pesar de los retrocesos, en nuestro país no se arriaron todas las banderas. La salud y la educación lograron salvarse de la epidemia privatizadora. Aún maltrechas por los furiosos y múltiples ataques que sufrieron, lograron mantenerse a salvo como servicios públicos de acceso universal.
Los avances científicos y tecnológicos que está logrando Argentina en la lucha contra el Covid-19 también son parte de esa diferencia entre ambos países. Hoy no es en Chile sino en Argentina en donde los científicos están desarrollando tecnología molecular para diseñar equipos de testeos rápidos de la enfermedad, o sistemas terapéuticos basados en el uso de sueros y de plasma de enfermos recuperados.
No es obra de la casualidad entonces la distinta forma de encarar la lucha contra la pandemia a ambos lados del Ande, ni la distinta capacidad de respuesta de sus sistemas sanitarios. El «modelo chileno» que la derecha argentina tanto elogió y puso como ejemplo a seguir hoy se muestra en toda su desnudez, incapacitado para garantizar atención médica a la población.