Dos tendencias en pugna en la Argentina

LOS CONSENSOS QUE DEFINEN HOY A LA SOCIEDAD

Entre la movilización popular por la defensa de derechos y los que sostienen un ajuste sin anestesia se mueve hoy la sociedad con destacados jugadores en ambos lados.
JULIO C. GAMBINA
La coyuntura se define en dos gruesas tendencias que disputan el consenso de la sociedad. Una es la movilización popular por “derechos”, claramente expresado por la masiva movilización universitaria del pasado 30/8, pero también por la convocatoria de la CGT a paro nacional para el 25/9 y de las dos CTA y gremios de la CGT para el 24 y 25/9. Claro que en este sentido se incorpora la lucha por el derecho al aborto seguro y gratuito que protagonizó hace muy poco la marea verde.
Otra tendencia es la aplicación de un ajuste sin anestesia. Sea presión del eufemístico mercado o decisión del gobierno de Macri, esas medidas tienen beneficiarios concretos: grandes productores y exportadores y una gama muy diversa de especuladores locales y globales.

El consenso en el poder.
¿Dónde está el consenso de la sociedad? Macri, el PRO y Cambiemos construyeron consenso electoral en el 2015 y 2017; ahora disputan el 2019. Pareciera que no les resultará tan simple por el impacto de los efectos sociales que genera la situación económica, por lo que es cada vez más difícil a Macri y su equipo transitar lugares públicos sin recibir protestas de distinto calibre.
Ante la duda de repetir en el 2019 hay varios que se anotan para la sucesión, sin modificar el rumbo de la política económica o el modelo productivo y de desarrollo asentado en “Vaca Muerta más soja”. Todo claramente aceitado por el endeudamiento externo y el aval del poder mundial: FMI más Trump. Estos proyectos políticos quieren que Macri haga todo el trabajo sucio posible del ajuste sin anestesia.
El consenso en el poder construye el consenso cultural e ideológico en toda la sociedad, mediante los medios de comunicación, siendo reiterado escuchar el interrogante: “¿si no aumentan los servicios públicos o el combustible, quién se hace cargo?”, inmediatamente acompañado de: “no el Estado”. Por ende, el mensaje es que no queda otra que privatizar el costo en toda la sociedad y concentrar las ganancias en muy pocos. Se trata de una construcción ideológica con varios problemas, desde el papel del Estado pero también respecto a: ¿energía para qué y para quién?, lo que implica discutir el costo local de la extracción de hidrocarburos y de la cadena de valor hasta llegar al consumo.
Por eso se destaca la movilización universitaria o la marea verde, en tanto acciones diferentes pero que disputan consenso social, construyen cultura y son transversales a la política y la ideología hegemónica. Es importante porque el conflicto de no inicio de las clases el 6/8 surgió como demanda de actualización salarial de los docentes y se proyectó como un debate relativo al presupuesto y en definitiva al derecho a la universidad pública.
Es un debate social y por eso, la tensión social se procesa en toda la sociedad, en el consenso al discurso de la inevitabilidad del ajuste u otro relativo a la defensa de derechos: al aborto seguro o a la educación pública, entre muchos, con el centro en los ingresos populares que satisfagan una canasta necesaria de bienes y servicios, hoy por encima de los 21.000 pesos mensuales.

Trump y el FMI.
No hay que subestimar los apoyos políticos foráneos. Hay gestión desde el gobierno con el FMI para que los desembolsos del 2020 se anticipen al 2019, un año electoral. El hecho es que Argentina no tiene quién le preste y acude al prestamista de última instancia: el FMI, a una tasa menor de la que sugiere el acrecido riesgo país de la Argentina. No es correcto el interrogante sobre impericia de gestión del gobierno, ya que más allá de ciertas cuestiones que le discute la propia derecha a Macri, lo que importa es la realidad de un ajuste que se ejecuta como si no hubiera alternativa.
¿Cuál es la respuesta esperable del FMI? Claramente de apoyo, y mucho más con el respaldo de EE.UU. En estas horas Donald Trump ratificó su presencia para la Cumbre de Presidentes del G20 en Buenos Aires.
En ese sentido, el cambio político del 2015 en Argentina favoreció la iniciativa política por el desarme de una estrategia alternativa de integración, caso de Unasur o la Celac; el retiro de Ecuador del ALBA-TCP y las agresivas campañas contra gobiernos que no son funcionales a la estrategia sustantiva de EE.UU. Son apoyos que juegan en la lógica política y son parte del debate del poder local. Por ejemplo, con la devaluación mejoran los ingresos del sector exportador, por lo que se reabre una discusión entre ellos sobre la vuelta o no de las retenciones a las exportaciones.
Con un dólar a 40, a 38 o a lo que sea desde ahora, el ingreso por facturación de exportadores es gigantesco, por lo que algunos en el poder señalan que algo tienen que poner para no perder la totalidad, es decir, la primera experiencia constitucional de un gobierno de derecha, no radical ni peronista, que podría habilitar un nuevo tiempo político en la Argentina, más funcional con lo que ocurre en el mundo con empresarios en la gestión presidencial. El apoyo político y financiero de Trump, EEUU y el FMI se disputa en la cotidianeidad, por eso es que la tensión es entre un rumbo u otro del consenso social.

¿Qué quiere la sociedad?
Es difícil de responder el interrogante, y en todo caso es una cuestión cultural relativa a qué país pretende cada quién, con qué modelo productivo y de desarrollo, para satisfacer que necesidades; derivadas del objetivo de la ganancia o de la ampliación de derechos. Se trata de un debate necesario que a veces escamotea la urgencia de la cotidianeidad, pero que resulta inevitable para quienes pretenden instalar un proyecto político más allá de la gestión del capitalismo. (Extractado de ALAI).