Dura prueba por la que pasa el pueblo griego

Señor Director:
Los padecimientos del pueblo griego no comenzaron en estos días ni este año. Tienen una historia.
Ahora acaba de caer el gobierno del partido Syriza, que había ascendido hasta ese lugar a poco de aparecer en la política helena, pero se ha mantenido menos de un año. Había reemplazado a los gobiernos de los partidos tradicionales, que llevaron al país a una situación de muy difícil salida, al comprometerlo con deudas que excedieron toda posibilidad de pago. Deudas que, por otra parte, no se originaron en créditos y préstamos tomados para afianzar la economía y posibilitar el desarrollo. Parte significativa de la deuda se contrajo para comprar armamento producido en Francia y en Alemania, países que son los mayores acreedores. El problema griego no era, sin embargo, militar, pues no existía amenaza exterior ni estado de subversión interna.
El partido Syriza ascendió al poder como una especie de respuesta heroica o desesperada ante un estado de empobrecimiento galopante. Pero el gobierno encabezado por el ahora renunciante primer ministro se encontró ante una alternativa cruel: aceptar nuevos créditos a cambio de concesiones políticas y económicas que iban a deteriorar más el nivel de empleo, ya muy bajo, y la pobreza de sectores cada vez más amplios de su sociedad. Cómo sería el grado de imposibilidad que hasta la titular del Fondo Monetario Internacional declaró y ha seguido sosteniendo que Grecia no tendría posibilidad de afrontar su deuda y que la única salida consistiría en que los acreedores accedan a reducirla. La alternativa con la que se encontró el gobierno era salir de la zona euro y de la Unión Europea, iniciando en tal caso una aventura que siempre iba a acrecentar el empobrecimiento inmediato de su sociedad. En esta situación el gobierno encabezado por Psipras cedió en sus demandas de máxima, probablemente confiado en que en algún momento se produciría un quite importante de la deuda. El precio por pagar de inmediato se pudo conocer al saber que este gobierno, ahora renunciante, había cedido la operatoria de catorce aeropuertos regionales a la compañía alemana Fraport AG, Mientras tanto, los rescates que recibía Grecia de la Unión Europea procedían de los acreedores, pasaban al Estado griego y servían para pagar la deuda con los bancos alemanes y de otros países desarrollados, según se puede leer en informes periodísticos. Ya con los gobiernos anteriores las empresas alemanas habían comenzado a establecerse en los sitios turísticos griegos, que son la mejor fuente de ingresos con que cuenta el país. O sea que le vendían buques de guerra y otro armamento, que no sirven para el desarrollo económico, y le tomaban las fuentes de financiación propias. A diferencia del caso que planteó Shakespeare en El Mercader de Venecia, no quedaba posibilidad alguna de salida ingeniosa, Recuérdese que en el drama mencionado, el endeudado debía entregar una libra de su carne y zafó porque la defensa hizo notar que había comprometido su carne mas no su sangre y que el usurero podría cobrarse su libra de carne siempre que no derramase una gota de sangre. Esa opción no la tiene Grecia hasta ahora. Ni siquiera tiene la que usó la Argentina para afrontar la enorme deuda que se acumuló desde la dictadura hasta el final de los años 90, que consistió en lograr con los acreedores una quita importante a cambio de la seguridad de pago acordada en condiciones razonables. Tampoco ha tenido Grecia otras opciones que sí tuvimos nosotros, por la propia economía y por motivo circunstanciales.
Ahora asistimos a una especie de agonía de la república griega. Ha dimitido el gobierno al tiempo que convocaba elecciones para el mes de septiembre. Si se lograse formar un gobierno de transición, Syriza afrontaría dividido esa elección, pues se han separado cincuenta de sus diputados y han conformado un partido de oposición.
Atentamente:
JOTAVE