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«Ecosistemas y pandemia: el murciélago no tiene la culpa»

PUNTO DE VISTA

POR ALEJANDRO VILLARREAL Y MANUEL WOLFSON *
El SARS-CoV-2 no es para nada nuevo y se habría estado escondiendo durante décadas en algún animal no-humano. Como adelantamos en el texto anterior, se cree que esa última especie corresponde a un tipo de murciélagos de China. Los murciélagos resultan ser un gran reservorio de virus, dentro de los cuales pueden existir al mismo tiempo decenas de especies distintas de virus.
La primer pregunta que nos surge es ¿por qué los murciélagos no tienen que hacer cuarentena para zafar del virus aplanando la curva? Intentaremos atacar esta pregunta, como siempre, sin escatimar en detalles. Empecemos por la fisiología. En un texto previo comentamos que, ante una infección, se activa nuestro sistema inmunológico. Hablamos de dos respuestas inmunológicas llevadas a cabo por células específicas como los linfocitos, pero también mencionamos que estas células pueden fabricar y liberar moléculas que ayudan a neutralizar la infección. Mencionamos a los anticuerpos y perforinas, pero hay muchísimas más. Genéricamente, muchas de estas moléculas son llamadas «Citoquinas». Algo muy llamativo es que cuando la respuesta inmunológica se da en forma prolongada, estas citoquinas se pueden volver tóxicas para una persona. Dicho de otra manera, una de las razones por las cuales una infección puede ser peligrosa es porque nuestras propias defensas nos juegan en contra. Llamémosle el «Yin y el Yang» de la respuesta inmunológica. No nos preocupemos, ya sabemos que no hay nada de perfecto con nuestro organismo, ¿cierto?. Lo mismo vale para los murciélagos. Sin embargo, estos animales tienen particularidades inherentes a su biología que hacen que esa respuesta nunca se dispare del todo volviéndose tan tóxica.
Es decir, pueden soportar mucho más la carga viral que las personas. Aparentemente esto tendría que ver con su capacidad de volar (¿qué?!), pero no profundizaremos en este punto. Hay una explicación más general que es necesario seguir discutiendo, y no solo en el contexto de la pandemia actual sino en relación a cualquier contacto entre ecosistemas y explotación de recursos naturales. La verdad es que esos murciélagos «conviven» con el virus desde hace muchísimos años. Al hacerlo, los murciélagos se fueron adaptando al virus así como el virus se fue adaptando al murciélago.
Estas no son decisiones conscientes y es un claro ejemplo de co-evolución. Es decir, evolución de especies en conjunto dentro de un ecosistema. Lo que decimos para un murciélago, vale para cualquier otra especie. Desde el punto de vista de un virus, como invasor o parásito, éste no gana absolutamente nada si la especie hospedadora se muere. Este concepto es de suma importancia y vale para cualquier caso donde ocurra una relación entre especies del tipo parásito-huésped. Si el huésped muere, también el parásito. El virus no quiere nada, no es un ser consciente.
Pero algo que seguramente NO querría es matar a la especie que infecta. No se beneficiaría en ningún sentido, todo lo contrario, perdería mucho. Entonces el problema ¿es el murciélago que «esconde y guarda» tanto virus? Por su puesto que no. El problema estaría en quitar esas especies de sus ecosistemas e incorporarlas al nuestro así como así. Al hacerlo, le abrimos la puerta a un virus completamente nuevo para nuestro mundo y para nuestro sistema inmune. Un virus con el cual no hemos convivido, como sí lo hizo con el murciélago. Esta es un discusión que se está dando, porque es necesario darla. Eso que aquí llamamos «contacto» de ecosistemas no solo se da cuando comercializamos especies exóticas en un mercado de comida, sino también en las deforestaciones y cualquier tipo de explotación de recursos naturales.
Así y todo, el SARS-CoV-2 encontrado en murciélagos, si bien es similar al que nos acecha, tiene muchas diferencias. Por eso es que actualmente se ha sugerido la existencia de otra especie intermediaria. En un momento se supuso que esta especie era el pangolín, pero también dijimos que su coronavirus era muy distinto al de humanos. Actualmente, hay quienes sugieren que una especie conocida como «gatos siberianos» ha funcionado como intermediara entre murciélagos y humanos. Esos gatos también son comercializados en mercados de animales vivos.
Entonces, ¿qué especie tiene la culpa? ¿pangolines, gatos siberiano o murciélagos?. La respuesta es, ninguna. Ninguna de esas tres al menos.

* DOCTORES EN BIOLOGIA, INVESTIGADORES DE CONICET. UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES (Nota 16)