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Educación: hay que afrontar el debate

Algunos temas que suelen irrumpir en la agenda pública tienen la virtud de ampliar el horizonte del debate político. Por lo general se trata de cuestiones que exceden el interés de corto plazo por los cuales discurre, casi siempre, la atención de buena parte de la clase dirigente. Estimular el debate acerca de estos asuntos infrecuentes no es distractivo, por el contrario, es estimulante pues permite darnos cuenta de que el campo de la política es mucho más amplio y atractivo de lo que vulgarmente se cree. Y que no todo pasa por la agenda «caliente» que desvive a casi toda la dirigencia ávida de protagonismo mediático.
Días atrás el Ministerio de Educación de la provincia decidió que los abanderados y escoltas de las escuelas primarias dejarán de tener prioridad a la hora de elegir los establecimientos secundarios para continuar sus estudios. La medida generó inquietud en un grupo de padres y madres que comunicaron su disconformidad a las autoridades. Al parecer -no hubo comunicación oficial que lo aclarara- la decisión se adoptó en virtud de las profundas alteraciones que provocó la pandemia de coronavirus en todo el sistema educativo lo cual obligó a adoptar formas hasta ahora desconocidas de dictado de clases, evaluaciones, métodos de estudio, etcétera.
Un solo pronunciamiento público mereció esta medida. El Partido Socialista salió a respaldarla señalando que se termina con «una variable más de desigualdad dentro del sistema educativo», que «la línea de largada de nuestros niños, niñas y adolescentes es muy desigual» y que «la mayoría de ellos nace en la pobreza».
Este medio intentó comunicarse durante varios días, infructuosamente, con el Ministerio de Educación y con especialistas pedagógicos de la universidad para conocer en profundidad los alcances, los fundamentos y las consecuencias de esta decisión. Resultó imposible obtener la palabra de quienes pueden iluminar sobre este tema que excede largamente la mera posibilidad de elección de la secundaria por parte de abanderados y escoltas para meterse de lleno en el controvertido tema de los sistemas de evaluación educativos.
Se trata de una cuestión que viene siendo debatida desde hace tiempo y hoy surge la oportunidad de analizarla públicamente a fin de orientar a la comunidad sobre las diversas corrientes y perspectivas que se plantean cambios de fondo en los paradigmas de la enseñanza.
No son nuevos los cuestionamientos al diseño pedagógico de nuestra escuela primaria y secundaria. Hay tradiciones metodológicas que tienen más de un siglo de existencia y que vienen siendo objeto de fuertes polémicas entre los diversos actores de la educación nacional. La evaluación es solo una más entre ellas a partir de su mirada sobre el «rendimiento», el «mérito», los «premios y castigos», el «honor de portar la bandera» y una infinidad de etcéteras.
Desaprovechar esta oportunidad de debatir que surge hoy a partir de una medida que despierta el interés de una parte de la comunidad educativa -padres y madres- es esquivarle el bulto a la responsabilidad ineludible que tienen dirigentes, funcionarios, planificadores, investigadores, etc. La educación forma parte de los intereses fundamentales de la sociedad argentina, y no hay mejor forma de mantener en alto ese interés que propiciar la divulgación de los temas y problemas que la afectan, los debates que la atraviesan y las políticas que se discuten e implementan.
El presupuesto educativo, el salario docente, la infraestructura, la actualización tecnológica son temas que están presentes en el debate público. ¿Por qué no puede estarlo también el de la metodología de la enseñanza y sus derivaciones?