El adiós a un periodista cabal

En estos días falleció en Buenos Aires el periodista y escritor Rogelio García Lupo. Ambos calificativos le caben sobradamente pues muestran su evolución desde la gimnasia cotidiana de enfrentarse con el quehacer informativo hasta el abordaje profundo de los acontecimientos más relevantes del orden político, económico y social. Esa actitud, sumada a la honesta postura ideológica en favor de los intereses nacionales lo llevaron a sufrir persecución y cárcel en su juventud. En las épocas más negras que vivió la Argentina su vida corrió peligro y tuvo que exiliarse en el extranjero para no perderla.
Entre sus méritos reconocidos está el haber sido uno de los renovadores del periodismo argentino, tanto en lo formal como en el contenido y tratamiento de los temas que abordó en su dilatada trayectoria profesional. Integró las redacciones más destacadas de los diarios y revistas que apuntalaron aquella nueva forma de expresar y comentar las noticias. Fue un adherente entusiasta de la Revolución Cubana, pero no se limitó a hablar u opinar sobre ella pues integró el inolvidable equipo fundador de la agencia de noticias Prensa Latina. Sus compañeros en aquella patriada se llamaron Rodolfo Walsh, Gabriel García Márquez y César Masetti y su tarea apuntaba a quebrar el aislamiento informativo que se había extendido en torno a la Revolución por parte de las mayores corporaciones mediáticas occidentales. Con la misma mira y el mismo derroche de energía y compromiso, hacia fines de la década de los sesenta tuvo una activa participación en la creación del siempre recordado semanario de la CGT de los Argentinos. Integró también el equipo de colaboradores del hoy legendario semanario Marcha, de Montevideo, hasta que fue acallado por la última dictadura uruguaya.
En 1973, durante la llamada “primavera camporista”, fue nombrado director de la Editorial Universitaria de Buenos Aires, aquella Eudeba que supiera conmover el ambiente bibliográfico argentino poniendo a disposición del público lector infinidad de ediciones de profundo contenido nacional y, no menos importante, a precios accesibles a los sectores populares.
Es posible que muchos lectores, ante esta síntesis de su despliegue profesional, se sorprendan al comprobar la escasa trascendencia que le dieron a su desaparición muchos de los grandes medios de prensa. Es que los intereses a los que responden nunca le perdonaron, al margen de su militancia política, aquel estilo esclarecedor, aquellas denuncias tan fundadas como sorprendentes, que realizó bajo la forma de crónicas o de libros, relacionadas a tantos aspectos de la realidad argentina y latinoamericana. De todas ellas, “Contra la entrega” quizás haya sido la que más acabadamente reflejara el rigor y el compromiso del oficio que supo desplegar.
Hay un calificativo que quizás esté un tanto gastado pero que resulta muy apropiado para referirnos a García Lupo: el héroe civil, entendiendo por tal a quien llega a arriesgar su vida en el afán de brindarse a la sociedad y defender los intereses de los menos privilegiados. El puso su escritura al servicio de tamaña empresa. De ahí la admiración que expresan estas líneas.