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El agua y el cambio climático

Noticias que nos llegan de nuestra propia región, del resto del país y de todo el mundo hablan de los profundos cambios que se vienen registrando en los regímenes hídricos. En una sola edición de este diario -la de ayer- se concentraron informaciones vinculadas al agua provenientes de nuestro río Colorado, de la provincia de Mendoza, de la gran cuenca del Paraná y de China. A ellas se suman las que vienen hablando de Europa en los últimos días.
El agua es uno de los componentes de la corteza terrestre que garantiza nada menos que la presencia de la vida en nuestro planeta. Para la sociedad humana, que hoy roza los 8 mil millones de individuos, la falta o el exceso de agua puede desencadenar crisis muy severas para la salud, la alimentación o la economía.
Ya se cuentan por centenares las muertes provocadas por las grandes inundaciones que afectan a los países del norte de Europa. En China las lluvias torrenciales causaron decenas de muertes, centenas de miles de evacuados y escenas caóticas.
Lo que es exceso en el hemisferio norte, es escasez en el sur. El gran río Paraná, el más caudaloso del país, registra una extraordinaria bajante que ya supera los 700 días. Su enorme cuenca, que se desarrolla en varios países de Sudamérica, está padeciendo por la notoria escasez de precipitaciones que, de continuar los próximos meses, podría desembocar en la bajante más pronunciada en los últimos 140 años. Recordemos que por esta vía fluvial sale el 80 por ciento de las exportaciones agrícolas de nuestro país; y que sus aguas abastecen el consumo humano de las grandes ciudades que hay en sus orillas y alimentan los sistemas de refrigeración de varias centrales generadoras de energía térmica y nuclear.
Más cerca de nosotros, en el sur bonaerense, donde está el área bajo riego más grande del país desarrollada por un único río, el Colorado, se acortará la temporada de abastecimiento de agua por el bajo nivel de reserva del embalse Casa de Piedra y, sumado a ello, las bajas precipitaciones de nieve en la alta cuenca cordillerana. Hace más de una década que este curso fluvial viene registrando una persistente crisis hídrica que ha reducido a casi la mitad su caudal promedio. El fenómeno afecta a otros ríos que también se alimentan de las nieves andinas en virtud de que se han reducido notablemente las precipitaciones. En estos casos la escasez de agua incide primordialmente en el consumo humano y la producción de alimentos.
Estos cambios tan abruptos -por exceso o por defecto- en los regímenes de precipitaciones pluviales y nivales que se registran a nivel planetario afectan sobremanera las actividades humanas provocando cuantiosos daños económicos y pérdida de vidas. Los científicos de todo el mundo ya no dudan en atribuirlos al cambio climático global que, en buena medida, es provocado o acelerado por la acción antrópica. Estos episodios catastróficos debieran generar mayor conciencia para vencer los poderosos intereses que se resisten a ceder privilegios. Para muy pocos es redituable económicamente la contaminación industrial con gases de efecto invernadero o la tala masiva de bosques para actividades agrícolas; para las mayorías, es una calamidad.