El ajuste, la razón de ser del gobierno

DE LAS TURBULENCIAS A LA TORMENTA

Ya pasó el tiempo de los globos y la revolución de la alegría. Muchos economistas piensan que la recesión
será más larga y profunda de lo que dice el gobierno.
EDUARDO LUCITA*
Las preocupaciones y la incertidumbre son los signos del momento, las promesas de un futuro venturoso ya no son creíbles. Ni el debate sobre la despenalización-legalización del aborto; ni la controversia sobre el nuevo rol de las FFAA en tareas de seguridad interior, tampoco el destape de los aportantes que no aportaron, menos aún el pálido mundial de fútbol, lograron desplazar las preocupaciones por la situación económica.
Al momento de cerrar esta nota circula la noticia de que en forma por demás misteriosa alguien entregó a un periodista de La Nación una caja con una colección de cuadernos, escritos por un remisero entre los años 2005 y 2015, donde en forma por demás detallada reseña los numerosos viajes cargados de bolsos con dólares que entregaba en distintas direcciones. En total serían unos 180 millones de dólares provenientes de la obra pública. Una escritora acaba de decir que parece un relato inspirado en libros de John Le Carre. Veremos si este nuevo culebrón obedece a hechos reales, que sin duda tendrán un fuerte impacto político, y si logran desplazar el eje de la crítica.

Sin nada para decir.
Días atrás los medios periodísticos se vieron abarrotados por noticias provenientes de conferencias de prensa y declaraciones que no aportaron nada sustancial, solo una ratificación del rumbo que tiene como eje el ajuste como razón de ser del gobierno.
En teoría comunicacional suele decirse que cuando no hay nada para decir lo mejor es callarse. El presidente Mauricio Macri desconoció este consejo ya que en la conferencia de prensa del pasado miércoles 18 desairó las expectativas creadas al ser anunciada con varios días de anticipación. No tocó ninguno de los problemas que acucian a la economía nacional, ni el alto costo que implica mantener el dólar estabilizado, ni el impacto de la disputa comercial entre EEUU y China, tampoco la situación, poco prometedora, con nuestro principal socio comercial, Brasil. Solo aseguró que el año próximo la inflación bajaría 10 puntos, por ahora una expresión de deseos. Sin embargo al pasar de caracterizar de turbulencia a tormenta la situación actual, indirectamente expresó que la situación es más grave de lo que el mismo creía. Se trata de una crisis aunque él y sus funcionarios se nieguen a denominarla como tal.
Como será la crisis que a diferencia de las denuncias sobre los Panamá Papers, la deuda del Correo Argentino, el affaire del ministro Triaca o los activos de funcionarios en el exterior que el gobierno asimiló sin problemas, ahora tuvo que dar rápidamente una respuesta sobre de los aportantes que no aportaron nada a las campañas de Cambiemos. Señal que humor social y los tiempos políticos han cambiado al compás de la profundización de la crisis económica.

El que manda.
Incluso la directora del FMI, Christian Lagarde, en la conferencia de prensa que brindó junto al ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne (es una formalidad porque este ni habló en clara demostración de que es el Fondo el que ordena y dirige la economía del país) solo dijo en los escasos 18 minutos que duró la conferencia: las metas de inflación y fiscales estaban para cumplirse. Toda una definición.
No en vano la directora llegó al país para participar de las reuniones de ministros de economía del G20, pero lo hizo acompañada de todo su staff, incluso del encargado del préstamo para Argentina, Roberto Caldarelli. Realmente una suerte de misión del fondo adelantada, la primera está prevista para septiembre, que vimno a ausdcultar el ambiente económico y sopbrte todo político.
Desde hace varias semanas el valor del dólar está estabilizado. El gobierno celebra esto como una victoria, como si la crisis ya hubiera pasado. Ocultan el alto costo de esa estabilización temporaria, que se expresa en las altas tasas de interés y el cambio de deuda en pesos (Lebacs) por deuda en dólares (Letes) que incrementa las dudas sobre la deuda de corto plazo. Incluso el FMI ha alertado sobre la sostenibilidad de la misma, no faltan quienes ya están comenzando a insinuar la posibilidad de un nuevo default.
Se respaldan para estas predicciones en datos concretos: el “apoyo” del FMI no cubre todas las necesidades de financiamiento. En números gruesos de aquí al 2020 se necesitan 52.000 millones de dólares, el aporte concreto del Fondo en ese lapso alcanza a los 33.000, la diferencia es el macro ajuste que debe realizar sí o sí el gobierno. No en vano Lagarde ha dicho que las metas deben cumplirse, no solo la fiscal sino también la de inflación, si toca el 32 por ciento este año debe reformularse el acuerdo.
Si no fuera así, ¿de dónde saldría el dinero para refinanciar los vencimientos si el mercado internacional sigue cerrado? Por eso está en juego el Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Anses: un nuevo saqueo a los jubilados está en el horizonte cercano.

Recalculando.
Según recoge La Nación, en Wall Street están pensando que la recesión será más larga de lo previsto. Diversas consultoras locales (Estudio Broda, M&S, Ecolatina) pronostican que la recesión será más profunda de lo que estima el oficialismo y el propio FMI, calculan que el PBI caerá este año cerca del 1 por ciento impactando también en el 2019.
Cada vez es más urgente reunir esfuerzos en un programa de emergencia que saque al país de las crisis y abra nuevas posibilidades de crecimiento y desarrollo.

*Integrante del colectivo EDI (Economistas de Izquierda).