El ajuste no son sólo números: angustian, hieren y matan gente

LA SEMANA POLÍTICA

El hecho central de estas semanas fue la negociación y finalmente la aprobación del Presupuesto 2019. Los números indican la gravedad del ajuste. Y no son sólo cifras: angustian, hieren y matan gente.
SERGIO ORTIZ
El debate del Presupuesto 2019 fue muy poco participativo. Se supone que la ley de leyes, pomposamente llamada antaño, debía surgir en consulta con las “fuerzas vivas de la sociedad”, provincias, universidades, etcétera.
Nada que ver. Su matriz fue fondomonetarista. Sus características de ajuste ya se vieron en 2017 y 2018, golpeando a los más vulnerables, programas sociales e inversión pública. La pieza que el diputado del PRO Luciano Laspina llevó a la Comisión de Presupuesto y el miércoles 24 al recinto sumó a aquellos déficits un oprobio mayor e inédito en años recientes: la injerencia del FMI.
Los principales números se pergeñaron en junio pasado, cuando Cambiemos firmó el acuerdo por 50.000 millones de dólares con la entidad regenteada por Christine Lagarde. Para los primeros desembolsos el país se obligaba a condicionalidades impuestas por el Fondo. Entre otras el achique del gasto público con consecuencias en el salario de los estatales y jubilaciones y pensiones, en menores transferencias a provincias y municipios, y podas de subsidios a sectores estratégicos como Educación, Salud y Ciencia y Técnica, o de alto impacto social como la seguridad social.
Lagarde dictó la pieza, redactada por Nicolás Dujovne. Tras los descalabros en la economía real y las corridas del dólar de estos meses, que sobrealimentaron la inflación, hubo que reacomodar los números y eso es lo que aprobó la entidad financiera el 26 de octubre, aumentando el préstamo a 56.300 millones de dólares (800 millones menos de los que habían calculado Mauricio Macri-Dujovne).
Para que eso ocurriera fue clave lo sucedido con la aprobación de Diputados al foráneo presupuesto. Cuando Buenos Aires dio esa buena nueva a su socio mayor en Washington, éste levantó el pulgar al crédito, con el voto decisivo de la administración Trump en el directorio de 28 países. El poliamor de Macri, Lagarde y Trump lo hizo posible, pero la prueba del sentimiento fue la media sanción en Diputados.

Algunos números.
Los economistas críticos del macrismo se hacen un festín con el análisis de los números del Presupuesto 2019. Acá no se aburrirá al lector con matemáticas. Simplemente se dirá que la partida que más crece es la de pagos de intereses de la deuda externa, que insumirá 596.065 millones de pesos, un 48,9 por ciento más que en 2018. Entre 2015 y 2019 el peso de los intereses de la deuda habrá pasado de 8,1 por ciento al 16 por ciento en el gasto primario total, duplicándose bajo el gobierno actual.
Esa tendencia al superendeudamiento, que pone a Argentina en el podio de las naciones que más padecen esta enfermedad casi incurable para el crecimiento, se agravará aún más por el acuerdo suscripto con el Fondo. Se agregan otros 56.300 millones a esa herencia, más que pesada, que el macrismo dejará a quien lo suceda.
El objetivo declamado por los endeudadores seriales es llegar al déficit primario cero el año próximo. De todos modos, aún cuando puedan ir hasta el hueso con su ajuste, el déficit que incluya lo financiero será de casi 3 puntos del PBI, justamente por los pagos de la deuda externa, remisiones de utilidades y fuga de capitales.
El proyecto baja las partidas de sentido social y obra pública, en algunos casos en términos relativos; esto es, descontando la inflación de 2018 que andará por el 45 por ciento, y en algunos otros casos en términos absolutos, o sea previendo partidas de dinero inferiores a las adjudicadas este año.
Si a las provincias les transferirán 43.000 millones de pesos menos, y el consuelo es el giro a las municipales de 6.500 millones como subsidio al transporte, eso da una dimensión de los daños.
En aras de llegar al seudo déficit cero se ralentizarán los salarios de los empleados estatales y las jubilaciones y pensiones, de por sí disminuidas frente a la inflación por el cálculo que implicó la reforma antiprevisional votada en diciembre pasado.
Los jubilados actuales y futuros tendrán más sacrificios que hacer pues el Memorando con el FMI, semioculto hasta el 26 de octubre, permitió saber que el gobierno dispondrá del Fondo de Garantías de Sustentabilidad para pagar gastos corrientes de la previsión social. Eso lo irá reduciendo. Y tanto o más grave, se blanqueó que en junio de 2019, con el asesoramiento del FMI, se ideará una nueva reforma que incluiría un aumento de la edad jubilatoria de 5 años para mujeres y varones, abriendo paso también a la jubilación privada.
El desembarco de las tristemente célebres AFJP sería una ganancia extra para los bancos, a los que no les va nada mal en estos días. El Banco Central informó que en agosto tuvieron ganancias por 26.143 millones de pesos: 263,7 por ciento más que el mismo mes de 2017.
Los números del dibujo fondomonetarista no son creíbles en cuanto a la inflación, el dólar a 42$ y la leve caída del producto que prevé, de 0,5 por ciento, cuando el Fondo estima caerá 1.6.
Además son cifras muy relativas. El jefe de Gabinete, el cuasi desaparecido Marcos Peña, tiene atribuciones legales para reasignar fondos. Hace poco quitó dineros de la Anses para reforzar partidas de la Policía, Gendarmería y Seguridad Aeroportuaria.

El virrey y los socios.
La votación de la mañana del jueves 25 generó mucho ruido por la brutal represión del día anterior a manos de la Policía. Sin llegar a la criminalidad de diciembre anterior, cometió atropellos, detuvo a 26 personas, golpeó y arrojó gases a muchas cuadras alrededor del Congreso. Muchos de los detenidos ni siquiera habían estado en la protesta, como los dos venezolanos y un turco que los xenófobos Rogelio Frigerio, Patricia Bullrich y Miguel Pichetto querían expulsar “ipso facto”, violando las leyes.
También hubo ruido por las denuncias del kirchnerista Leopoldo Moreau y medios afines como C5N sobre supuestos policías disfrazados de anarquistas. Aseguraron que eran los que arrojaban piedras y habrían dado lugar a la represión. Efectivos de civil casi siempre hay en las manifestaciones populares y esta vez no habrá sido la excepción, aunque la foto de Moreau no se correspondía con su rimbombante denuncia.
En estos casos no es determinante saber quién arrojó la primera piedra. Lo decisivo es precisar quién provocó a quién y de qué parte está la razón. Claramente quien agredió a la sociedad fue Macri, con su presupuesto semicolonial. Y la razón estuvo del lado de los miles de manifestantes de gremios y partidos que repudiaban ese proyecto de ajuste digitado desde EEUU.
“Venceréis pero no convenceréis”, le dijo Miguel de Unamuno al general franquista Millán de Astray. Venció el macrismo por 138 contra 103 con 8 abstenciones, pero el oficialismo no convenció ni se esforzó mucho por intentarlo. Sólo habló Laspina para presentar el proyecto y fundamentarlo, y al final el radical Mario Negri, como jefe de interbloque, para chicanear a los opositores. Les dolió mucho la afirmación de Agustín Rossi de que el macrismo supo criticar al kirchnerismo gobernante diciendo que la cámara era una “escribanía del gobierno” y ahora resultó ser una “escribanía del FMI”.
Entre uno y otro orador oficialista hubo decenas de diputados que hablaron, en su mayor parte cuestionando. El macrismo no tenía interés en debatir ni argumentos. Era defender lo indefendible. Una batalla perdida, ganada a lo Pirro.
La sesión desnudó la condición semicolonial del presidente Macri, reconfortado porque el 80 por ciento de los desembolsos llegará antes de las elecciones de 2019, dándole más chances reeleccionistas en medio de fuerte recesión.
También dejó al desnudo la complicidad de políticos que posan de opositores, pero en hechos concretos e importantes son socios, cómplices o partícipes de las maniobras de este símil de virrey o representante semicolonial.
Es el caso de los 4 diputados de San Luis, operados por el príncipe Adolfo, heredero del trono feudal-provincial, que les ordenó dar quórum. Más grave fue la actitud de 21 legisladores de Argentina Federal (léase PJ), entre ellos 4 del gobernador Juan Schiaretti y los salteños de Juan M. Urtubey, que votaron a favor del engendro. Ellos también son responsables de que en intereses de la deuda se gasten 195.687 millones de pesos más que en 2018, y que a Educación, subsidios y Vivienda se destinen 28.839 millones de pesos menos.
Hay dirigentes kirchneristas que pese a semejantes datos duros de la realidad todavía insisten en una unidad con “todos los peronistas” para enfrentar a Macri.
Doble error el suyo. Primero, que sólo piensan en 2019 y no ponen toda la carne en el asador ahora, para frenar la masacre del FMI. Segunda equivocación: apuestan a unirse con quienes son parte del problema y no de la solución. Con decir que Sergio Massa fue el mejor de la centro-derecha y derecha del PJ, pues su Frente Renovador votó en contra del Presupuesto; sus aliados Schiaretti, Urtubey y Pichetto fueron parte activa de la opereta política-policíaca para generar pobreza y suprimir la soberanía. Y Massa tampoco los quiere a los K en la mentada “unidad”.