El ala derecha cumple su rol

Cuando el macrismo comenzó a crecer no faltaron voces elogiosas que destacaron que, por fin, en Argentina la derecha iba a tener una representación política propia -mucho más fuerte y aggiornada que la antigua Ucedé de Alvaro Alsogaray- y ya no iba a necesitar infiltrarse en el peronismo y el radicalismo para llegar al gobierno. El vaticinio se cumplió, primero en la Capital Federal y más tarde en la Casa Rosada.
Pero eso no significó la extinción de las expresiones derechistas entre peronistas y radicales. Al contrario, hoy se puede ver que esa vertiente se mantiene robusta en ambos espacios que se reivindican populares. En la UCR el ala derecha se impuso en el recordado congreso de Gualeguaychú para armar la alianza electoral con el PRO que se tradujo en el triunfo en las presidenciales de 2015 y en las legislativas de 2017. En el peronismo operó de otra forma aunque en la misma dirección: usufructuando la estructura partidaria y operando dentro de ella para facilitar que la alianza Cambiemos, una vez en el gobierno, llevara adelante su programa neoliberal, votando en el Congreso todas las leyes que necesitara. Son muchos los ejemplos aunque basta con mencionar el pago a los fondos buitre -con la excusa de atraer a los “inversores externos”… que nunca llegaron-, la reforma previsional que perjudicó la actualización de los haberes de los jubilados, los cambios tributarios regresivos o la aprobación de los presupuestos nacionales con su perfil marcadamente conservador entre tantos otros casos.
A tres años de asumido Mauricio Macri los resultados de sus políticas son inocultables. La aplicación a rajatablas del dogma neoliberal está provocando estragos con consecuencias devastadoras para las mayorías populares. El desempleo casi se duplicó, la industria nacional entró en estado de coma, el comercio exterior registró déficits históricos, la inflación -el caballito de batalla del macrismo- se disparó a niveles estratoféricos, el poder adquisitivo de salarios y jubilaciones está siendo triturado, la salud, la educación, la ciencia languidecen por el estrangulamiento presupuestario y el endeudamiento externo volvió a ser una pesadísima carga que agobiará al país por décadas. Solo la elite económica puede festejar: los bancos, las grandes explotaciones agropecuarias, el complejo exportador, las concesionarias de servicios públicos y muy pocos más.
Este cambio dramático del escenario argentino no hubiera sido posible sin la contribución de la dirigencia peronista y radical que se siente más cerca del macrismo que de sus propias bases partidarias. Urtubey, Pichetto, Schiaretti en el PJ; Aguad, Sanz, Morales en la UCR… No son los únicos, desde luego, solo los más conocidos entre los que se pusieron al servicio de esta avanzada de la derecha y le pavimentaron el camino para llevar a cabo un proyecto de exclusión sin precedentes desde el retorno de la democracia.
Hay que reconocerles una habilidad, la destreza para nadar a favor de la corriente y ubicarse cerca del calor del poder. Semejante despliegue de pragmatismo les ha reportado beneficios aunque también, por supuesto, el rechazo de quienes, desde abajo, confiaron en ellos.