El Capitán Veto quiere dar intervención a los generales

LA SEMANA POLÍTICA

En tiempo récord, Mauricio Macri vetó la ley que volvía atrás los tarifazos. Así ratificó su condición de Capitán Veto. Además, en el día del Ejército, planteó dar intervención a las FFAA en seguridad interior, en línea con el Pentágono.
EMILIO MARÍN
La semana de plazo de gracia que le dio su amigo Miguel Pichetto no lo hizo cambiar de parecer al presidente para negociar una salida intermedia por las tarifas. El senador rionegrino, emblema de la colaboración del Partido Justicialista con el gobierno del PRO-Cambiemos, había demorado ese lapso la firma del despacho de comisión por mayoría en el Senado, al proyecto que venía con media sanción de Diputados. Fue un gesto más de colaboracionismo con Macri, al aguardo de una iniciativa oficial disponiendo alguna baja en el brutal cuadro tarifario pergeñado por el presidente con Juan José Aranguren, Nicolás Dujovne y Luis Caputo, más las empresas privatizadas del sector energético moviendo de atrás los piolines.
No hubo caso. Macri y Marcos Peña no quisieron dar un pequeño paso atrás ni al costado en las tarifas dolarizadas a abonar por la población. Los operadores del Ejecutivo se limitaron a hacer lo que saben: apretar a los gobernadores del PJ y otros para que sus senadores votaran en contra del proyecto de matriz massista y opositor venido de la Cámara Baja. El mismo vuelve las tarifas a noviembre de 2017 y dispone actualizarlas según índice de aumentos salariales para los consumos hogareños y por los precios mayoristas para los clubes, cooperativas y Pymes.
En esa campaña del miedo, vista la votación culminada en la madrugada del jueves 31, el gobierno sólo tuvo éxito con los mandatarios justicialistas de Salta y Misiones, cuyos senadores votaron en la forma reclamada por Macri. Parcialmente obedecieron algunos senadores de ese palo de San Juan, Santiago del Estero y Entre Ríos, en ciertos casos faltando a la sesión.
Así fue que al momento de la votación, en la madrugada del jueves tras una larga discusión, la iniciativa quedó convertida en ley por 37 votos contra 30.
Para el gobierno ha sido una derrota política muy seria, mucho más importante que los números en sí de la votación. Es que a lo largo de las intervenciones de los senadores, incluida Cristina Fernández de Kirchner, quedó claro que los argumentos de esta mayoría eran mucho más sólidos que los de los atribulados legisladores de Cambiemos y aliados de ocasión, como los peronistas salteños Juan C. Romero y Rodolfo Urtubey.
La mayoría de la población sintonizada con el proyecto de congelamiento de tarifas. Sus ingresos no le dan para abonar facturas de gas y luz que tienen aumentos de hasta un 1.600 por ciento si se las compara con las de dos años atrás, cuando empezaron los tarifazos.
Y varias encuestadoras, no sólo la de Hugo Jaime sino otras tres más, citadas por Clarín, daban cuenta que un 88 por ciento de los encuestados creía razonable volver las tarifas a noviembre del año pasado y subirlas según los aumentos salariales.

Octavo veto.

Contra esa mayoría social Macri volvió a incurrir, por octava vez en lo que va de su mandato, en el veto a la ley. Si haber vetado la norma anti-despidos en 2016 lo malquistó con amplios sectores laborales, lo del jueves 31 lo puso en contra de ese 88 por ciento detectado por las encuestas, incluyendo a una parte de los votantes del PRO-Cambiemos.
El argumento presidencial para ponerse otra vez las pilchas del Capitán Veto es que se trataba de un proyecto irresponsable e impresentable, un mamarracho, como dijo al fundamentar su veto desde Salta. Lo hizo luego de haber tenido una amable reunión con el gobernador Juan M. Urtubey, muy próximo al gobierno nacional y a la vez concheto aspirante a la candidatura presidencial por el PJ.
El argumento de Macri fue que esa vuelta atrás de las tarifas habría implicado un costo para el Estado de 110.000 millones de pesos.
La palabra presidencial en materia de números es poco fiable (remember cuando en la mesa de la Legrand dijo en marzo de 2017 que “la jubilación mínima era de 9 mil y pico”…cuando recién en junio de 2018 va a ser de 8.096 pesos). Además su argumento fue poco serio. Es que los servicios de luz, agua y gas hacen a derechos fundamentales de los seres humanos, hoy en riesgo de corte por no poder pagar las facturas. Además el Estado tiene muchas maneras de recaudación, por ahora no exploradas, como impuestos que paguen los que más tienen, la renta financiera, los exportadores, etc.
No resiste el menor análisis que el mismo presidente que favoreció a los intereses concentrados de la exportación del campo con 123.000 millones de pesos por la baja de retenciones, diga ahora que el Estado no puede subsidiar a la totalidad de los argentinos en una suma inferior a esa.
El veto macrista obedece a una doble circunstancia, convergente entre sí y con el núcleo de su proyecto político favorecedor de los monopolios, banqueros, exportadores y el capital financiero internacional.
Un motivo es que el aumento de tarifas tiene que ver con la dolarización de las mismas, un reclamo monopólico de Aranguren, Midlin, Caputo, Lewis, Shell, Axion, Transener, etc.
El otro motivo del veto es que subsidiar a la población es una política muy mal vista por el FMI, que urge por los recortes fiscales y del gasto público. Esta es una condición sine qua non de los créditos que se tramitan ante la entidad regenteada por Christine Lagarde. Y como se sabe, en el marco de la última corrida del dólar, Macri anunció su pedido de un préstamo al Fondo, que aparentemente podría salir en dos semanas. Dentro del precio a pagar no sólo están los intereses sino también el cumplimiento estricto de las condicionalidades de Lagarde, una de las cuales es recortar el gasto público y los subsidios.
El resultado está cantado: donde manda la capitán Lagarde, obedece el marinero Veto.

Proyecto peligroso.

Si vetar una ley módica que retrotraía tarifas a noviembre de 2017, dejando en pie los tarifazos anteriores, fue un golpe duro a los bolsillos populares, tanto o más grave en otro plano fue el discurso del presidente en el Colegio Militar.
Allí el poco menos que ignoto general Claudio Pasqualini, titular del Ejército, dio un discurso de circunstancias, devaluado por el desprestigio que aún acusa el Ejército por su actuación en el terrorismo de Estado. Además es una fecha en disputa porque se difuminó en el tiempo que el 29 de mayo de 1810 Cornelio Saavedra formó algunos regimientos. Y en cambio más cuerpo que en esa jornada los obreros cordobeses protagonizaron su pueblada en 1969.
Si el discurso de Pasqualini fue chato de contenido y aburrido en la forma, el de Macri se le pareció en el segundo aspecto, de mediocridad, algo que forma parte de su ser. En cuanto al contenido, tuvo conceptos que despertaron la alarma de los sectores democráticos, por su intención explícita de hacer participar a las Fuerzas Armadas de las actividades propias de la seguridad interior. El presidente planteó que los militares debían intervenir en la lucha contra las “nuevas amenazas globales”, entendiéndose por tales el narcotráfico y el terrorismo.
Esa línea es preconizada por Estados Unidos para todos sus aliados del mundo, para ponerlos en fila subordinados a la OTAN a nivel internacional y el Comando Sur en lo regional.
Se trata de una doctrina imperial y falsa, por cuanto imputa -sin ninguna razón valedera a países y gobiernos- una pertenencia al bando narco o al campo terrorista. Baste decir que EE UU tenía a Cuba en la lista de países patrocinantes del terrorismo hasta abril de 2015, poco tiempo antes que Barack Obama viajara a La Habana en marzo de 2016. Irán y Corea del Norte deben seguir en esa lista, con seguridad, y más en tiempos de Donald Trump.
Para combatir contra esos seudo enemigos, el presidente Macri se pondrá a las órdenes del Pentágono y del Estado de Israel, con el que viene anudando un espeso vínculo político y militar. Es una grave contradicción, pues tanto Trump como Benjamin Netanyahu, pilares de la doctrina enunciada por el presidente argentino en el Colegio Militar, son los representantes de gobiernos terroristas, que invaden y bombardean Siria, martirizan a Palestina, y en particular EE UU quiere agredir a Venezuela.
En rigor, la “nueva amenaza global” es la misma amenaza global del siglo XX: el imperio norteamericano, con sus ejércitos, arsenales nucleares y mediáticos, y su capital financiero personificado en Wall Street.
Este es el fondo de la cuestión por la que el discurso de Macri no puede ser aceptado por las fuerzas democráticas, populares y nacionales. El presidente nos quiere alinear detrás del verdadero y único terrorismo global. Secundariamente hay otra razón institucional: las leyes de Defensa y Seguridad Interior, y el decreto 727/06 de Néstor Kirchner, vedan a las FFAA intervenir en asuntos policiales o de fronteras adentro.
El Capitán Veto, por acuerdos con Lagarde, vetó la ley de tarifas. Y por pactos con Trump y Netanyahu, quiere meter al Ejército de policía interna. ¿Creerá que de ese modo ascenderá de capitán a General Veto? En vez de pensar en esos ascensos, tendría que reflexionar sobre el descenso de su querido amigo de la familia de la derecha mundial, y gran corrupto, Mariano Rajoy.